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Las memorias del subsuelo de una desconocida

“Una Mujer en Berlín” cuenta el horror del fin de la Segunda Guerra Mundial desde el anonimato y con la precisión de una narradora que vivió la crisis total de los valores morales y de la cordura.

Gabriela Olivares Torres

Una parte fundamental de la historia no es la que reconstruyen los investigadores, sino la que cuentan personas comunes que vivieron las épocas y que padecieron sus equivocaciones, a veces terribles.
Estos testimonios representan, a la vez, una posibilidad fascinante de lectura, pues ofrecen la otra versión de los hechos, la que resulta innegable porque se narra según se padece.
Así es como “Una Mujer en Berlín” llega al catálogo de Anagrama sin autor, porque además se trata de una crónica escrita en pleno anonimato.
Ya en su tercera reimpresión con el sello español, el libro consiste en describir a detalle los horrores que la protagonista sufrió en Berlín al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando los soviéticos invadieron para saquear los comercios y las casas, y violar a las mujeres.
“Nuestro destino viene arrollando como un rodillo por el Este y transformará nuestro clima como antaño lo hizo la era glacial. ¿Por qué? Una se atormenta con preguntas estériles. Tan sólo quiero vivir el día a día, acometer las tareas cotidianas”, escribe la autora desconocida.
La visión de la truculencia que sacudió a la sociedad europea del momento estremece, y gracias a la palabra justa de quien escribe, se logra comprender el terror de una guerra en su sentido más profundo, desde la entraña.
Ahora se sabe que la narradora aún no ha muerto, que dejó estos “garabatos íntimos” entre abril y junio de 1945 en tres cuadernos de notas y algunos trozos de papel que agregó precipitadamente.
Como diría Hans Magnus Enzensberger en su prólogo, estas hojas “la ayudaron, más que nada, a mantener un vestigio de cordura en un mundo de devastación y crisis de los valores morales.
“Se trata, literalmente, de ‘memorias del subsuelo’”, aclara Enzensberger, puesto que los renglones fueron asentados mientras se sobrevivía en un escondite antiaéreo, bajo la luz de velas, donde por fuera llovían las balas del Ejército Rojo y por dentro la información fluía sólo a base de rumores, a falta de periódicos, radio y teléfono.
Según el ensayista alemán que introduce a esta historia real, “resulta evidente que la mujer que escribió el libro no era una simple aficionada, sino que se trataba de una periodista con experiencia”. Además, tenía conocimientos básicos del ruso y sabía manejar la palabra con destreza.
También es conocido que el manuscrito original se lo entregó a Kurt W. Marek, crítico y periodista nacido en Berlín en 1915, quien le puso un epílogo al trabajo y logró su primera publicación en Estados Unidos, en 1954.
A la fecha, “Una Mujer en Berlín” ha sido traducida al noruego, italiano, danés, japonés, francés, finlandés y, claro, al español.
“Mientras los hombres combatían en una guerra devastadora lejos de casa, las mujeres resultaron ser las heroínas de la supervivencia entre las ruinas de la civilización”, concluye Enzernsberger, entre tantos otros puntos que hacen muy valiosa esta lectura.


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