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Luis Donaldo Colosio 13 años después

Amador Rodríguez Lozano

Lo conocí en la Cámara de Diputados, cuando él era presidente de la Comisión de Programación y Presupuesto, me lo presentó María Emilia Farías, Diputada por el D. F.; de saludo fuerte, voz profunda y semblante adusto, Colosio vestía un saco de piel café, situación que llamó de manera particular mi atención. No lo volví a ver hasta pasados meses, ya habiendo pasado la elección de 1988, después de la primera gran debacle electoral que sufrió el Partido Revolucionario Institucional.
Mi amigo Víctor Hugo Celaya, con quien compartía labores en la Secretaría de Gobernación, sonorense, de la misma región que Donaldo, me pidió que aceptara entrevistarme con Luis Donaldo: “tiene mucho futuro –me dijo Víctor Hugo--, quiere platicar contigo porque están hechos bolas en el equipo salinista, ante la perspectiva de la calificación presidencial ante la Cámara de Diputados y necesita asesoría de alguien que conozca la legislación electoral, le he hablado de ti y quiere platicar contigo”. Acepté de buen agrado, previa consulta con mi jefe y amigo Fernando Elías Calles, entonces Subsecretario de Gobernación.
Colosio me recibió en las calles de Cracovia, en donde se encontraban las oficinas de Salinas como candidato triunfante; me recibió rápidamente, me invitó a sentarme y fue directamente al grano, “me han hablado mucho de ti, dicen que eres el que más sabe de cuestiones electorales en el país”, yo, entre cohibido y sonrojado, le contesté también directamente, “a mí también me han hablado mucho de ti, me dicen que vas a ser el próximo Presidente”, cambió su expresión y su sonrisa y en un tono adusto me dijo que ése no era “un tema en estos momentos”. A partir de ahí se inició una amistad y colaboración política que, aún, se mantienen.
Desde ese momento hasta su trágica muerte en 1994 en Lomas Taurinas, lo acompañé en múltiples jornadas de trabajo, coordinando el Colegio Electoral del Senado, como  Subsecretario y Secretario de Acción Electoral del Comité Nacional del PRI. Fui su amigo y colaborador, porque desde el primer momento creí en él, en su propuesta de nación, en su forma personal de ver la política.
Hoy a trece años de su muerte, no quiero hablar de su trágico deceso ni lo que sucedió ahí en Lomas Taurinas. Quiero recordar siempre a Colosio, como el hombre resultado de la cultura del trabajo y del esfuerzo; como el serrano sonorense que pensaba que México debería crecer y desarrollarse a partir de sus regiones, que creía firmemente que el porvenir de México y su bienestar, estarían sustentados en desarrollar las ciudades medias y fortalecer a los estados de la Republica, para que siendo fuerte ellos, también lo fuera la nación.
Colosio era un hombre carismático que tenía un enorme impacto en la población, sobre todo en aquella que padecía injusticia, pobreza y desesperanza. Cuando logró la candidatura a la Presidencia de la República muchos advirtieron que con él se iniciaría un cambio político y social en nuestro país de enormes dimensiones y sobre todo, que ese cambio favorecería a la mayoría, es decir a los desprotegidos.
Pero la popularidad de Colosio, la que tuvo en vida y la que permanece a trece años de su muerte, no se sustenta sólo en el carisma personal, sino en las ideas que éste tenía para transformar al país.
Luis Donaldo creía en la democracia y en la libertad, pero no en abstracto, por eso decía: “Libertades plenas sólo pueden ser alcanzadas por individuos que disfrutan de vivienda, que tienen acceso a servicios de salud, que cuentan con educación y que cuentan con empleo. Con carencias en lo fundamental, el individuo se encuentra en peligro de aceptar condicionamientos que pudieran imponérseles en la satisfacción de sus reclamos; con la pobreza extrema se propician mesianismos, se propician caciquismos […] y otras formas que tienden a manipular las voluntades.”.
Para Colosio, libertad y democracia sólo son posibles con justicia social. “… el éxito económico tendrá que ser medido y es medido en nuestro país, por la elevación del bienestar social. La política social, por su parte, tiene el propósito de hacer que el ciudadano alcance plenamente su condición de hombre libre que se beneficia de la vida en comunidad…”.
Libertad y democracia eran para Colosio el resultado de bienestar de la mayoría, de educación para todos. Para Colosio la libertad sólo puede existir en la igualdad.
Luis Donaldo Colosio como candidato presidencial planteó claramente cuál era el mayor problema del país: “Sabemos que el origen de muchos de nuestros males se encuentra en una excesiva concentración del poder. Concentración que da lugar a decisiones equivocadas: al monopolio de iniciativas, a los abusos, a los excesos”.
En el umbral de ser Presidente de la nación, Colosio fue muy claro en los cambios que se requerían para que el poder político fuera un instrumento para el beneficio de la sociedad: “Reformar el poder significa un presidencialismo sujeto estrictamente a los límites Constitucionales de su origen republicano y democrático. Reformar el poder significa fortalecer y respetar las atribuciones del Congreso Federal. Reformar el poder significa hacer del sistema de impartición de justicia una instancia independiente de máxima respetabilidad y certidumbre entre las instituciones de la República.” El poder legítimo, acotado por la ley y al servicio de la sociedad.
Lo que más temía Colosio es al poder que no tiene responsabilidad con la sociedad, que es arbitrario y que no rinde cuentas. Por eso ligaba economía y política: “He visto el costo social de las políticas equivocadas; y el renacer de la esperanza con las políticas correctas. Conozco los efectos devastadores de la irresponsabilidad financiera, de la indisciplina en el gasto, de las promesas sin sustento. Lo sabemos muy bien: quien paga la irresponsabilidad es el pueblo, paga con sufrimiento.” Para Luis Donaldo era imprescindible que el gobernante rindiera cuentas de sus actos y no dejará como legado pobreza y crisis.
Colosio sigue siendo una bandera, pero no por la forma cruel en que fue sacrificado, sino por las ideas con las que movilizó a millones de mexicanos. Ideas modernas, de vanguardia, pero con un claro sentido social. Por eso afirmaba: “… el desarrollo social requiere de una acción deliberada de justicia social: No verlo así es abandonarnos a una visión de mercado que históricamente se ha mostrado insuficiente y limitada para responder a las grandes aspiraciones de bienestar y de mayor calidad de vida.” La justicia social era el centro de su propuesta, una propuesta donde la modernización pasaba necesariamente por el mejoramiento real de las condiciones de vida.
Colosio aspiraba al poder pero no por el poder mismo, él tenia principios, moral política objetivos históricos.
“… mi propósito es encabezar un gobierno que esté cerca de la gente, donde la iniciativa popular sea el eje fundamental para el avance y el progreso social. Quiero ser presidente de México para estar cerca de la colonias populares…”, afirmo tan sólo minutos antes de ser asesinado.
Recuerdo a Colosio como amigo, como miembro de su equipo de trabajo, pero sobre todo, sigo creyendo en Colosio por sus ideas, por su voluntad de transformar a México en un país en donde la libertad se dé en la igualdad y la justicia sociales.


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