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Evasión
Cientos de automovilistas fueron afectados esta semana, por una organización que tiene como miembros a poseedores de vehículos carentes de importación a la franja fronteriza, y que circulan libremente bajo el amparo de un engomado en uno de los cristales.
Se manifestaron a la entrada de la Puerta México como una protesta al decomiso de ese tipo de unidades automotrices, y de paso quemaron dos piñatas parecidas a una botarga con la figura del gobernador del Estado.
Los participantes en esta marcha ejercieron su derecho a manifestarse libremente como lo establece la Constitución Política del país, pero con sus acciones violentaron los derechos de los otros automovilistas que a esa hora se internaban a suelo mexicano por la garita de San Ysidro. El libre tránsito también es consagrado en la Carta Magna.
Dejando a un lado estas dos consideraciones, hay que irse a fondo en la causa que orilló a este grupo de manifestantes a tomar las vialidades y estrangular por un buen rato, el ya de por si desquiciante tráfico de la ciudad.
El gobierno del Estado, a través de la secretaría de finanzas, ha estado decomisando vehículos que circulan en la ciudad sin haber sido debidamente importados. Un convenio con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público lo faculta para ello.
Los residentes de esta ciudad como otras que se ubican en la franja fronteriza del norte del país, gozan de prerrogativas que no tienen otros del sur, como es la de poder importar un auto de segunda mano a un precio muy accesible.
Sin embargo hay organizaciones que bajo el argumento de defender el patrimonio de los mexicanos, se constituyeron como asociación civil y dan “protección” con un engomado a miles de poseedores de vehículos que circulan de manera ilegal por las calles de la ciudad.
Pero como nada es gratis, el plástico que adhieren a los cristales de los autos “chocolates” cuesta a quien lo solicite entre 800 y 2 mil pesos, con la promesa de algún día regularizarles el carro.
Cuando la autoridad quiere poner orden y empiezan los decomisos, emergen los líderes de este tipo de organizaciones porque disminuye el número de afiliados y en consecuencia el ingreso de recursos.
Muchas son las desventajas que acarrea conducir un automóvil con esas características, pero la principal es que en cualquier momento los poseedores se hagan acreedores a una multa y al decomiso de la unidad sin la oportunidad de recuperarla.
Los tiempos actuales exigen que todos los ciudadanos respalden a las instituciones gubernamentales, a través de sus contribuciones fiscales como es precisamente el pago de los derechos vehiculares y la tenencia.
En reciprocidad a la buena disposición de la ciudadanía, los gobiernos podrían incentivar a los propietarios de estos automotores con descuentos u otro tipo de estímulos.
Es mejor conducir un vehículo legal que andarse escondiendo de las patrullas verificadoras. No a la evasión de impuestos que a la larga sale más caro y que este tipo de manifestaciones no alteren la vida del resto de los automovilistas.
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