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PELEA DE GALLOS
Dicen quienes han acudido, que son dentro de las instalaciones del Parque Morelos. Son ilegales. Ninguna autoridad sabe de ellas, pero suceden. Son las peleas de gallos clandestinas. No es un secreto la fascinación del todavía Alcalde con licencia de Tijuana, Jorge Hank Rhon por los animales. Tampoco que muchos de sus funcionarios imitaron la práctica para quedar bien con el hombre, hacerse los graciosos o simplemente demostrar “algo” de afinidad. Por eso no llama la atención que en un centro de cultura y entretenimiento como el Parque Morelos, que está bajo la administración municipal, se den peleas de gallos clandestinas para regocijo de muchos. Además, considerando que hay apuestas de por medio, es un negocio redondo para los hankistas. Lo que sí, es el colmo que ni estado, ni federación, hagan algo. Las apuestas deben ser altas.
Escolta y delincuente
Guillermo Espinosa Ochoa, escolta del alcalde de Tijuana con licencia, Jorge Hank Rhon, fue dado de alta como policía comercial para que pudiera portar un arma de fuego respaldado en el permiso colectivo de las corporaciones policíacas de Baja California.
Esto a pesar de tener antecedentes penales.
Entre los ochentas y finales de los noventas, había trabajado como policía municipal de Tijuana, pero fue dado de baja después que el gobierno federal le fincara cargos por posesión de arma de fuego de uso exclusivo del ejército.
Estuvo en la CERESO de Tijuana, sin embargo lo dieron de alta para que pudiera andar armado y cuidar al ahora candidato.
El fin de semana pasado el escolta se volvió a meter en problemas. El vehículo que manejaba en Rosarito chocó. Ése no fue el problema mayor. El hombre que estaba en el otro auto fue herido en la cabeza y la pierna a balazos, por el hijo del escolta de Hank, un menor de edad que sacó una pistola calibre 45 y la usó con sorprendente facilidad.
Espinosa Ochoa se identificó y pidió ser detenido junto con su hijo porque el arma era suya.
Ahora su condición legal es otra vez delicada: Fue sorprendido en posesión de un arma para la cual no tiene permiso, porque no es la de cargo y para colmo, el auto que dijo era suyo, tiene la serie falseada.
Aunque muy probablemente esto no vaya a evitar que regrese tranquilamente como policía comercial armado a cuidar a su jefe Jorge Hank, a quien es evidente, le gusta ser escoltado por delincuentes en potencia.
Malas compañías
Al interior de la Secretaría de Seguridad Pública la versión es que José Luis González Monroy, en ex jefe de patrullas de la policía municipal de Tijuana y yerno de la regidora Martha Montejano, no libró el ataque que sufrió la madrugada del 1 de abril.
Las razones que respaldan la versión de los policías:
1) Que comandaba un grupo de 40 delincuentes que se dedicaban a “cobrar piso” a los encargados de las narcotienditas y a los polleros principalmente en la zona centro y en el oriente de la ciudad.
2) A un costado del vehículo que utilizó esa noche, localizaron una camisa llena de sangre y varios casquillos.
En marzo de 2006 con el cambio de secretario y director de la corporación municipal, González Monroy fue asignado a puntos fijos con la finalidad de iniciarle una investigación. En lugar de denunciarlos ante la Procuraduría, cuando un policía de dudosa reputación es asignado a puntos fijos, invariablemente empieza a faltar, le levantan actas y le inician procedimientos de remoción.
La situación de González Monroy no fue la excepción. Seguía peleando ante Sindicatura Municipal, protegido en incapacidades otorgadas por el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).
La historia negra no oficial que circula entre los agentes es que ordenó en varias ocasiones la liberación de conocidos matones que habían sido detenidos por faltas al bando.
Y lo más grave: Que sirvió a José Briceño “El Cholo” hasta que tuvo problemas con él y se cobijó con Teodoro García Simental “El Teo”, para seguir compartiendo las ganancias de los narcotraficantes.
Dicen que su poder alcanzó incluso a un diario local, en el cual se dejó de publicar la foto de un lugarteniente del cártel de la droga, porque el policía investigado así lo ordenó.
Su familia sigue sin hablar del tema.
Guardias abusivos
A mediados de semana en el programa Notivisa que se transmite por Televisa local, pasaron una nota presentando la forma como el Jefe de Seguridad del Hospital General de Tijuana, y una mujer guardia, empujaban a un camarógrafo para negarle el acceso al lugar adonde había acudido, junto con un reportero, para dar una noticia a manera de servicio social. Seguramente se trataba de algún enfermo que quería solicitar la ayuda del tele-auditorio. Santiago Rocha Melitón, en calidad de responsable del acceso al nosocomio, según testimonios, arrebató la cámara al personal del noticiero. Después del escándalo, funcionarios de la televisora exigieron una disculpa, que fue pronunciada por las autoridades del hospital. Lo que no informaron es que ambos guardias de seguridad no sólo adoptan tal actitud con la prensa, también lo hacen con los propios médicos que ahí laboran, a quienes constantemente niegan el acceso, sin criterio alguno, aunque sea conocida su función en el organismo de Salud Pública. Con un infaltable cigarro en mano, a capricho y comprometidos con un alegato eterno, la guardia que apareció en pantalla junto con su jefe se convierten en la primera barrera que el personal médico debe superar para cumplir con su función en beneficio de la comunidad. Y ahí sí, nadie dice nada, aunque la vida de los pacientes quede en riesgo por la evidente falta de criterio de quienes sólo portan un uniforme, pero no la razón suficiente para ejercer el cargo.
SIN PLACAS
Como en las mejores épocas del PRI-Gobierno, ahora ciertos ciudadanos piensan que con el regreso del partido al Ayuntamiento de Tijuana, también revivieron los vicios, la corrupción y las prácticas de abuso de poder. Como el presente vehículo, que se protege de la autoridad con cuatro calcomanías políticas del PRI. Una de la campaña fallida de Roberto Madrazo a la Presidencia de la República, otra presumiendo su debilidad “roja”, y una más que le otorga en un exagerado simbolismo la totalidad de la península bajacaliforniana a Jorge Hank, incluida, Baja California Sur. Lo único que le falta al emperifollado carro, es precisamente lo que marca la Ley: Placas y registro oficial visible del vehículo. Los riesgos latentes del regreso del PRI. O el aprovechamiento de la política del horror.
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