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Se embolsan entre 12 mil y 24 mil dólares al día.

El negocio de los “polleros”

La banda que para autoridades policíacas es la más influyente en el tráfico de personas a los Estados Unidos, ha sido bautizada como “Los Checadores”. La manejan dos hermanos provenientes de Zacatecas, tienen sede en una colonia de Tijuana, y muy vigilada la Garita de San Ysidro, por donde cruzan a los indocumentados con papeles falsos, legales pero en otra posesión y encajuelados. A pesar de que existe una profunda investigación del ilícito, ninguna Policía los detiene.

Rosario Mosso Castro

De acuerdo a un completo expediente de autoridades policíacas de Baja California, la banda de polleros llamada “Los Checadores”, está plenamente identificada.
Se sabe de ellos ubicación, casas de seguridad, teléfonos, transportes y táctica empleada en el desarrollo del crimen organizado.
Como quien dice, los tienen bien checados.
Pero no los detienen.
“Los Checadores” son delincuentes dedicados al tráfico de indocumentados.
Siguen libres.
La banda es dirigida por los hermanos José Manuel y Francisco Pérez Gordoa. Tienen su centro de operación en la zona de tolerancia de Tijuana y, de acuerdo a las investigaciones de las policías locales, es una de las agrupaciones criminales más importantes en el tráfico de personas.
Se echan a la bolsa, al día, entre 12 mil y 24 dólares por cruzar indocumentados hacia territorio norteamericano.
La razón de su éxito es la cantidad de personas que logran cruzar ilegalmente a la Unión Americana “por un precio razonable, con poco riesgo y un pago con facilidades”.
Los Pérez Gordoa se encargan de que los indocumentados pasen encajuelados, o tranquilamente sentados en auto, ayudados de documentos falsos, aunque los papeles apócrifos no son de alta calidad.
Cruzan gente todos los días,  pero los miércoles y sábados tienen mayor actividad y pueden cruzar hasta dos carros o más, llevando cada uno un promedio de dos a cuatro ilegales, lo cual se traduce en ganancias diarias que pueden llegar  de los 12 mil a los 24 mil dólares.
Cada “cliente” paga de 2 mil 500 a 3 mil dólares.
Han permanecido activos y su poder ha crecido durante más de 25 años, gracias al bajo perfil que manejan las cabezas de la banda delictiva. Sobre todo, a la “buena relación” que tienen con los directivos y elementos del área turística y comercial de la Policía Municipal, la Policía Ministerial, así como de los agentes del Grupo Beta, sin importar cuántos jefes cambien o agentes remuevan.
De entrada, desde el año 2002 los agentes Beta que no andan armados se convirtieron en rescatistas y trabajan mayormente en playas y cerros, así que se desligaron del asunto. Mientras que municipales y estatales se escudan en que tampoco tienen facultad para detenerlos.
Finalmente, los responsables en la Subprocuraduría de Investigación Especializada Contra la Delincuencia Organizada (SIEDO) están más ocupados en los delitos relacionados con el tráfico de enervantes, dejando a los “polleros” como un asunto menor.
De acuerdo a datos recabados en las indagatorias policíacas locales y corroboradas a este Semanario por autoridades federales, sus ligas llegan a otros estados en el sur del México e incluso están investigando sus posibles nexos en países centroamericanos.
Los delitos que han sido acreditados por los investigadores locales, son los que esta banda realiza en Tijuana con expatriados nacionales.
Actualmente, los movimientos criminales de este grupo, así como sus nexos con policías de los diferentes órdenes de Gobierno, están siendo seguidos por un grupo de coordinación integrado por autoridades de la Procuraduría General de la República (PGR) en México y por personal de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) de los Estados Unidos.

La estructura delictiva
La banda de los Pérez está encabezada por José Manuel, quien inició su carrera delictiva en la adolescencia. Esa actividad ilícita le ha permitido adquirir por lo menos tres inmuebles a su nombre y otros tantos registrados como propiedad de su familia directa.
El dinero y las propiedades que este delito les ha posibilitado acumular, así como las relaciones que han podido entablar, les ha generado recursos incluso para adquirir permisos para taxis. Así como varios autos y camionetas, algunos con placas de California y otros con láminas de Baja California.
También tienen la posesión, aunque no el registro de un hotel en plena calle Coahuila, en el cual además de hospedar a futuros indocumentados, realizan la venta de documentación falsa.
Sus empleados en la zona de tolerancia van desde falsificadores hasta enganchadores que operan en el centro, la Garita de San Ysidro, el Aeropuerto “Abelardo L. Rodríguez” y la Central Camionera de Tijuana.
Además, cuentan con personal responsable de vigilar a los agentes de migración y el comportamiento que tienen en la revisión de documentos.
Así consiguen el negocio redondo.

Enganches y cruces
Algunos aspirantes a inmigrantes ya vienen enganchados por empleados de los Pérez en los estados del sur o centro de México, pero los que traen otras bandas también saben que en la parada en Tijuana, “les conviene” reportarse con estos experimentados traficantes de personas, sin que ello signifique que deben pagar derecho de piso por trasladarse por la ciudad.
Para los que llegan solos a las terminales aérea o terrestre, tienen personal al que le pagan un porcentaje por cada “cliente” que consigan. Y no descuidan a los despistados que se les haya pasado y anden buscando “pollero” en la Zona Centro o en las inmediaciones de las dos garitas entre Tijuana y San Diego.
Estas personas no han sido plenamente identificadas, aunque la Policía dice tener imágenes, conocer los nombres e incluso, los alias. Esta parte de la banda incluye a mujeres y por lo menos un ciudadano de los Estados Unidos.
Esta parte del equipo humano se comunica vía radio-localizador con las cabezas de las bandas, los cuidadores y los encargados del transporte.
La segunda fase de este proceso es el traslado de los emigrantes, para lo cual hablan con los conductores de taxis. La familia tiene dos de la ruta Zona Centro-La Presa y Zona Centro-Buena Vista.
Pero si están ocupados con otros emigrantes, entonces un miembro de la banda va por ellos en alguna de las camionetas que usan para pasarlos a los Estados Unidos. La mayoría con placas del estado norteamericano de California.
Los llevan a la vecindad localizada en el número 468 de la calle Mutualismo, entre calle Baja California y calle Coahuila, en la zona de tolerancia del centro de la ciudad. A cinco minutos de la Garita de San Ysidro, en una zona relativamente retirada del ajetreo de la vida nocturna de la zona de tolerancia.
Los departamentos están localizados a menos de tres minutos a pie del Hotel Niza, lugar al que, según explicaron policías, son remitidos cuando la vecindad está llena o negociarán los documentos falsos.
La investigación oficial reveló que el hotel se convierte en una especie de escritorio público, donde también negocian la entrega temporal de visas legales si tienen en existencia alguna, cuya fotografía tenga parecido con el aspirante a residente ilegal en Estados Unidos. Este documento es prácticamente rentado, porque deben regresarlo cuando cruzan.
Si el dinero no es suficiente para pagar el documento falso o la credencial legal que se usará de manera temporal, entonces informan al desafortunado que viajará en la cajuela. Si tiene suerte y el negocio no está en temporada alta, irá solo, pero esto rara vez sucede.
Investigadores informaron a ZETA que la mayoría de los tratos que hace esta banda de los Pérez Gordoa, son con los parientes de sus “clientes” y los hacen vía telefónica, medio por el cual acuerdan recibir el pago cuando entregan el “paquete”.

Vigilan la garita
Con más de 20 años en el negocio, los Pérez Gordoa conocen el movimiento en la primera garita de Tijuana, pero no se confían. La mantienen vigilada desde, por lo menos, dos puntos altos en las inmediaciones de la garita. Los reportes no descartan que se estén usando oficinas de los edificios altos en la zona.
Dentro de la investigación oficial, dos de los centinelas sólo son conocidos como Isidro y Miguel. Son los encargados de guiar al equipo de delincuentes a través de las 24 líneas del puerto en San Ysidro, en busca del agente migratorio más relajado o descuidado, así los conocen y los tienen perfectamente identificados.
A través de binoculares observan y estudian cuáles son los agentes menos minuciosos. Si su comportamiento distraído es común o aleatorio, el carro guía es informado en cuál línea formarse. Si el comportamiento del agente cambia, también le dicen que debe cambiarse y a dónde.
Se mueven en dos carros. Al frente va uno de los polleros solo, recibiendo instrucciones de los centinelas a través del radio. Atrás, un chofer contratado sin equipo de radiocomunicación, cuya única instrucción es permanecer junto a su carro guía.
El conductor del segundo auto no se despega durante el tiempo que dure el trayecto, que generalmente es de 40 a 60 minutos, los cuales son de mayor tensión para los que cruzan metidos en la cajuela de los carros arreglados.
Si todas las líneas son peligrosas, simplemente no cruzan.
Además, por si el auto con la carga humana es detenido, en la mayoría de los casos, el conductor del segundo carro es un asalariado externo que trabaja por tiempo y obra terminada, y recibe de traficantes de personas una visa láser falsa o legal que fue perdida o robada, la cual es usada por el chofer para cruzar.
Estos empleados y su valiosa carga han sido detenidos últimamente en reiteradas ocasiones. Sin embargo, las investigaciones de los agentes de Estados Unidos no han llegado todavía a los Pérez Gordoa, porque ni el empleado ni los clientes los delatan.
Los autos empleados para los delitos sí son propiedad de la agrupación delictiva.
ZETA trató de corroborar si los carros con placas de Estados Unidos que son utilizados para cruzar ilegales, tenían reporte de robo, pero las autoridades norteamericanas señalaron que ésa no es información pública.
Los autos manejados por los miembros de la familia son: Eclipse blanco, un Jeep Cherokee verde, una Tahoe color gris, un Ford Expedition color vino y una vagoneta Quest azul.
 Normalmente, los carros guías traen placas de Baja California y están a nombre de alguno de los Pérez Gordoa más jóvenes y son conducidos por ellos. También cruzan la Línea Internacional, pero con visa legal.
Cuando hay éxito, una vez del lado americano, trasladan al inmigrante al lugar donde lo espera su familia. Los traficantes de personas reciben su pago y regresan a Tijuana para que el chofer también cobre su parte.

Los Pérez o “Los Checadores”
Esta familia de traficantes de humanos, recibió de la Policía local el nombre de “Los Checadores”, para poder identificar las faltas administrativas relacionadas con este grupo criminal. Pero como el delito que cometen no es de su jurisdicción, no los abordan. En las mismas está la Policía Ministerial y el Grupo Beta.
Los policías federales que han estado trabajando en la zona, apenas inician trabajos en el tema. Para los viejos policías municipales, las actividades de los zacatecanos José Manuel y Francisco Pérez Gordoa no son un misterio, los conocen de siempre.
Francisco es, de acuerdo a las pesquisas policíacas, el más visible de la banda de “polleros”. Tiene 51 años de edad y vive en el fraccionamiento El Rubí, en un edificio con varios departamentos propiedad de la familia. Obtuvo una licencia de chofer que le permite manejar vehículos comerciales y camiones hasta de tres toneladas, mas no acostumbra trasladar a los emigrantes en esos vehículos.
Es el responsable de poner doble fondo o levantar el chasis de las camionetas que se usan para trasladar a los ilegales encajuelados. Además, supervisa y coordina a los centinelas que vigilan a distancia de los agentes de Aduanas y Protección Fronteriza. Su trabajo es reducir las pérdidas y evitar que los autos cargados sean detectados en el cruce.
José Manuel Pérez Gordoa tiene 48 años y, según la indagación oficial, es el propietario de los taxis, de la vecindad donde alojan a los aspirantes a “ilegales”. También supervisa la documentación falsa y administra a los enganchadores.
La organización ha crecido tanto, que policías informaron a ZETA que “El Chino” o “El Meño”, como se le reconoce, involucró en puesto clave a su hijo de nombre Francisco, cuya función visible es la de manejar el carro guía, hacer la entrega del lado americano y cobrar.   
La mayoría de las propiedades de la familia están en la Zona Norte y en el fraccionamiento El Rubí. No obstante, ZETA localizó un predio en el Registro Público de la Propiedad, dentro de la sección Costa Hermosa en Playas de Tijuana, el cual fue donado por personas de apellidos Pérez Núñez.
Aunque hubo confirmación extraoficial de que esta banda está siendo investigada por un grupo coordinado a partir del inicio de la operación Tijuana, oficialmente no hay nada y los Pérez siguen operando tranquila y prósperamente; protegidos por los seres humanos traficados que no tienen problemas con ellos porque cumplen sus tratos, y salvaguardados por gente de la zona de tolerancia a cambio de trabajos bien pagados y de poco riesgo.
Sobre todo, custodiados por autoridades policíacas que les “permiten” realizar su labor a cambio de una tajada de los 10 mil ó 12 mil dólares por carro que cruzan “Los Checadores”.

 


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