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Policías ministeriales protegieron a delincuentes.

LOS DEJARON IR

Después de ocasionar tres balaceras, un comando de por lo menos ocho individuos tuvo la oportunidad de huir del Hospital General de Tijuana, bajo la protección de las corporaciones policíacas: Entraron como delincuentes, salieron como agentes. El detenido y el herido, pertenecen a los niveles bajos de la organización criminal de los Arellano Félix, presuntamente, a la célula que comanda “El Teo”.

Rosario Mosso Castro
Marco Tulio Castro Quesada

En la balacera del Hospital General de Tijuana agentes federales y estatales tenían sitiados al grupo de criminales, y sin explicación, los dejaron ir.
Los matones entraron a rescatar a uno de sus cómplices que había sido herido y asegurado minutos antes en una balacera anterior en el acceso al Fraccionamiento Murúa en la zona del río. De acuerdo a testigos, entraron unos diez hombres armados al rescate de su compañero.
La Policía únicamente detuvo a uno.
Los otros nueve, huyeron en medio del escándalo provocado por los mismos policías federales, estatales y municipales. Fue como una cortina de humo para permitir la huída de los delincuentes.
Prácticamente, entraron al hospital como criminales y salieron como policías.
Ingresaron a la clínica como matarifes armados y salieron evidentemente con apoyo de policías…como si fueran agentes ministeriales, porque ésta fue la única corporación no uniformada que ingresó al nosocomio.
Una confirmación más, de la complicidad de la policía estatal con el crimen organizado, particularmente con las células del cártel de los hermanos Arellano Félix, que en su reacomodo de fuerzas, están encabezadas por delincuentes de poca monta.
Desaseados y desordenados, capaces de irrumpir en un hospital público con más de 500 enfermos y a minutos de las oficinas de las corporaciones federales, estatal y municipal.
La impunidad llevó a los delincuentes a actuar como lo hicieron el miércoles 18 de abril a las once de la mañana. Los hizo entrar al hospital y salir con la misma facilidad, sin ser detenidos.
En detrimento de la sociedad, y en una confirmación del compromiso de las corporaciones al crimen organizado: Los dejaron ir.
Antes de ello, escasos minutos para las once de la mañana, automovilistas de la vía rápida oriente percibieron la presencia del comando negro pero en camioneta y pick up blancos. A exceso de velocidad, prendieron estrobos y simulando ser miembros de alguna corporación policíaca, exigieron el pase rápido. En el carro que abría paso iban tres delincuentes armados festejando su proceder. Se movieron con tal soltura que en efecto, parecían policías.
Y lo fueron al final de la balacera.
Esta impunidad con que circulan los comandos de delincuentes en todas las zonas de la ciudad, especialmente aquellas catalogadas como “seguras” por Luis Javier Algorri Franco, llevará a la ciudadanía a enfrentarse a más balaceras como la del miércoles.
Aún con la presencia del Ejército Mexicano, los comandos de criminales circulan por la ciudad, en tránsito para cometer algún delito. La zona del Río por ejemplo, no cuenta con más presencia policíaca que la municipal. Y frecuentemente, sobre todo en la vía rápida oriente, se ve el transitar de convoyes que no se sabe, como el del miércoles, si pertenecen a alguna corporación o son delincuentes.
Los malosos que viajaban en los vehículos implicados en la balacera, fueron detenidos, de manera fortuita y por parte de la Policía Estatal Preventiva, sin que en su trayecto desde el otro punto de la ciudad los interceptara alguna patrulla preventiva. Fue evidente además, por la cantidad de hombres y el nivel de las armas, que iban camino a una de dos:
1.- Ejecutar una orden de asesinato.
2.- Secuestrar a un personaje.
Autoridades federales que atrajeron la investigación, pero que no han iniciado el recuento de los elementos, consideraron que el comando de delincuentes llevaba la orden de asesinar a un miembro del cártel del Milenio que se encuentra en Baja California. Sin embargo, la información no fue confirmada.
Lo que sí es un hecho, es que el crimen organizado en Tijuana se mueve a sus anchas por la ciudad. Al amparo de las corporaciones policíacas pueden iniciar una balacera, apertrecharse en un hospital, tomar como rehenes a médicos y salir libres confundidos con policías ministeriales.
De hecho, los detenidos no son, hasta el momento, identificados como integrantes del primer círculo de mando del cártel de los Arellano Félix. Vaya, ni siquiera son de tercer nivel. El delincuente que falleció en la primera de tres balaceras tenía por nombre Enrique González Cerón, el que estaba herido y pretendieron rescatar del Hospital General, Javier Estrada Domínguez, y el único detenido de la cruenta balacera: Ernesto Sánchez Vega “El Neto”.
Nada pues, de gran valor en la lucha contra el crimen, pero sí con suficiente poder para persuadir a policías en la complicidad de la impunidad.

Ataque y retirada
Al entrar al edificio estatal de salud, la célula de delincuentes prácticamente se había entregado. Era cuestión que las tres corporaciones policíacas que los sitiaron, los arrinconaran y entraran por ellos.
Sin embargo, el grupo de criminales, sin plan, sin estrategia, sin técnicas de ataque, y probablemente drogados como el cómplice detenido, pudieron más que todas las fuerzas policíacas unidas por primera vez en Tijuana.
La coordinación policíaca se significó por la torpeza de su actuación. Fueron los policías, dijeron testigos, quienes iniciaron la balacera en el interior del Hospital General.
Después de un operativo efectuado durante tres horas por decenas de policías,  la Secretaria de Seguridad Pública sólo pudo anunciar la detención de uno de los sicarios que intentaron el rescate, Ernesto Sánchez Vega.
Al parecer, a este hombre lo encontraron  policías estatales preventivos antes que sus amigos. Pero fue sólo uno de ocho matones según los asustados testigos… uno de cuatro delincuentes, según declaró el detenido.
Los criminales, con y sin placa, aprovecharon el desconcierto y que el operativo policiaco se realizó sin orden, sin dirección y con desaseo. Los agentes que entraron caminaban de un lado a otro atropellándose, como si no tuvieran una instrucción específica en lugar de asegurar con orden cada piso y sus accesos.
Y los agentes en las afueras pedían credenciales a quienes les resultaban sospechosos. Actividad que debió hacerse dentro.
Otro de los anuncios de la Secretaría de Seguridad fue que los sicarios detenidos, el fallido rescatador y el herido, pertenecían como siempre, al Cártel Arellano Félix. No mencionaron a qué célula pertenecían.
Policías consultados por ZETA informaron que se trata de criminales de cuarto nivel que trabajan a la orden de un “comandante”, los cuales a su vez siguen instrucciones de lugartenientes como Jorge Briceño “El Cholo”, Teodoro García Simental “El Teo” y otro de apodo “El Abulón”.

Enfrentamiento fortuito
La balacera que inició el operativo en el fraccionamiento Murúa, nuevamente se trató de un encontronazo afortunado para los elementos de la Agencia Federal de Investigación (AFI). Un pick up Chevrolet de modelo reciente que circulaba a exceso de velocidad motivó la persecución que rápidamente se convirtió en balacera cuando los delincuentes chocaron contra un camión del servicio público.
Al intentar huir, el piloto se internó en la vía rápida donde un federal lo mató a larga distancia y el copiloto fue herido mientras trataba de esconderse entre los autos.
El destino final de estos sicarios que tenían en su poder un rifle de alto poder guardado en una maleta que abandonaron al huir, no se ha informado, pero policías comentaron extraoficialmente que este auto formaba parte de un grupo que iba a participar en el transporte de armamento y de uno de sus comandantes criminales.
Los tres vehículos eran de color blanco, para emular a la Policía Estatal Preventiva (PEP) o al grupo Antisecuestros de la Procuraduría General del Estado (PGE). Clásicos de los comandos que se usan para transportar a los jefes de las células del narco de un lugar a otro.  
Como el comando se dirigía al mismo lugar (había otros dos autos de reciente modelo que se habían adelantado al pick up que fue interceptado), los delincuentes les avisaron a sus cómplices lo que sucedía, otros delincuentes tenían acceso visual a lo que estaba pasando y al mismo tiempo escuchaban lo que se informaba a través de las frecuencias de radio, incluyendo los matra, porque usaron esa frecuencia para lanzar amenazas.
El comandante criminal dio la orden de rescatar a Javier Estrada, el delincuente herido. Además de la posibilidad que anduvieran drogados, se manejó la versión que el detenido era pariente cercano del matón de tercer nivel que comanda esta célula, parentesco que le permitiría tener información privilegiada, de ahí la importancia de rescatarlo.
Por lo precipitado y desorganizado del intento de rescate, así como por el apoyo policiaco que recibieron en su huída, ligan a este grupo con el minicartelito de Teodoro García “El Teo”.
En cuanto a los antecedentes del delincuente muerto y los dos detenidos, la policía habla de ingresos a Centros de Readaptación Social, sin embargo contrario a lo que sucede cuando detienen a narcotraficantes después de balaceras, esta vez no los han ligado a ningún asesinato o secuestro de alto impacto cometido en la ciudad.
Para las policías locales también son malhechores de clase baja, sus nombres no son “conocidos” y si acaso los ubican en trabajos relacionados con bajes de droga o pistoleros de soporte.
Sin embargo eso no fue impedimento para que disfrutaran de la impunidad que paga el cártel. Primero, sintiéndose con la fuerza para rescatar a su compañero; segundo, gozando la libertad de matar a dos agentes de seguridad del estado que ni siquiera los enfrentaron; tercero, poniendo en riegos a decenas de personas de bajos recursos y enfermos; cuarto,  metiéndose en una trampa con la seguridad de que saldrían; y quinto, huyendo frente a los policías y la prensa.

La versión oficial
Según la Procuraduría General de Justicia del Estado, el ataque en el Hospital General se derivó de una persecución que inició en las inmediaciones de la Central Camionera de Tijuana. La Policía Federal Preventiva marcó alto a una camioneta Chevrolet Silverado de reciente modelo por actitud sospechosa, quienes omitieron la orden e iniciaron los disparos. El reporte del hecho, fue a las 11:05 horas, según la policía municipal. Ahí, los tripulantes de la camioneta Chevrolet seimpactaron contra un autobús de pasajeros mientras huían de la unidad y se inició la persecución a pie. Un delincuente corrió hacia la canalización del Río Tijuana. En el lugar, Enrique González Cerón recibió un impacto de bala que remató en cabeza y su cuerpo quedó tendido sobre el río. Producto de los disparos de agentes federales, Javier Estrada Domínguez, de 35 años de edad, recibió aproximadamente cuatro impactos de bala, por lo que fue trasladado en calidad de detenido al Hospital General de Tijuana, en la Zona del Río. En el enfrentamiento, resultó herido un civil que fue hospitalizado y su estado de salud se reporta como estable. En el lugar, se contabilizaron 61 casquillos de diversos calibres.
Minutos después del enfrentamiento en las inmediaciones de la Central Camionera, Ernesto Sánchez Vega “El Neto”, junto a indeterminados desconocidos, ingresaron al área de urgencias del Hospital con la intención de liberar a Javier Estrada Domínguez en su calidad de detenido.
Derivado de las detenciones, se aseguraron tres armas largas de distintos calibres, tres pasamontañas, trece cargadores para las armas largas, un chaleco antibalas, dos camionetas blancas tipo pick up Chevrolet Silverado y Dogde Dakota.
Pocos resultados pues, para tanta balacera.
La impunidad impera sobre la seguridad de los tijuanenses.


Crónica de los hechos

Sólo en Tijuana atacan un hospital

Esto no se ha visto en otra parte del mundo. Sólo la caótica ciudad de Tijuana, puede ser lugar para que un grupo delictivo armado, irrumpa a un hospital público, lo utilice como búnker y tome después un grupo de rehenes, aparentemente doctores y enfermeros, con el plan de evacuar a otro delincuente internado por heridas de bala.
El hecho dejó una serie de interrogantes abiertas y que por otro lado confirma, corrobora, la incapacidad de autoridades federales, estatales y municipales por prevenir, detener y menos coartar el campo de acción del crimen organizado. Y por lo visto, poco organizado también.
Por sí solo, el propósito parece capricho: liberar al de nombre Javier Estrada Domínguez, de 35 años, que minutos antes fue ingresado bajo custodia al nosocomio público por heridas de arma de fuego, tras un enfrentamiento con autoridades federales.
Tijuana es tierra de bandas delictivas, y eso se comprueba en su facilidad de tránsito por la ciudad, en la medida de control sobre territorios y ahora en su capacidad para irrumpir en edificios públicos. Una realidad que esta vez afectó al sector salud.
Esto no sucede siquiera en zonas de guerra o invasiones. La Convención de Ginebra lo prohíbe en su artículo 18: “En ninguna circunstancia, podrán ser objeto de ataques los hospitales civiles organizados para prestar asistencia a los heridos, a los enfermos, a los inválidos y a las parturientas; deberán ser siempre respetados y protegidos por las partes en conflicto”.
Pero en  Tijuana el caos fue espectacular: el tráfico se detuvo, sirenas sonaron, códigos parpadearon y sólo patrullas lograron avanzar. En una intensa y confusa movilización: la gente corría, patrullas llegaban; el estacionamiento del Hospital General se convirtió en un verdadero campo armado.
Los hechos se dieron pasadas las 11 de la mañana. Ahí, el cuerpo de un policía yacía boca abajo, fue abatido por disparos de arma de fuego. Decenas de vehículos oficiales, lo rodearon y con ellos cientos de agentes fuertemente armados. Se especuló de otro elemento estatal sin vida. Cerca de 200 policías y militares apuntaban sus armas hacia ventanas y accesos del hospital. En ese momento, cualquier cosa podía esperarse. Entonces se supo: un grupo armado ostentándose como elementos de la Agencia Federal de Investigación (AFI), se encontraba al interior del nosocomio, irrumpieron violentamente el área de urgencias y en su camino dispararon en contra del agente estatal Miguel Ángel López Torres y del custodio Rodolfo García Parrales, confirmó el comandante de la Policía Ministerial, Jaime Niebla.
Un testigo explicó que fueron unas 20 personas con armas largas a bordo de al menos dos vehículos de reciente modelo, quienes habrían detenido marcha fuera del estacionamiento para descender y rodear sus vehículos. Después, agregó el testigo, ocho de los integrantes habrían entrado al estacionamiento desde donde abatieron al policía estatal junto a un vehículo oficial, abrieron fuego hacia la fachada del área de urgencias del hospital, donde falleció también un custodio e inmediatamente irrumpieron al hospital por el área de urgencias.
Minutos después de lo narrado, policías federales, estatales, municipales, ministeriales, agentes de la AFI y militares, rodearon el inmueble público.
Helicópteros de distintas corporaciones sobrevolaron las inmediaciones del hospital. Un soldado preguntó: “¿Qué es lo que hay ahí adentro?”, un policía preventivo le dijo a otro: “Ahí está el pepo (PEP) muerto. ¿No lo viste?”. Un equipo de agentes ministeriales entró al hospital por el sótano y sacó a un grupo grande, indeterminado de personas vestidas de civil y médicos. Corrieron despavoridos unos, riéndose otros. Los policías ministeriales los escoltaron en su salida. Ya fuera del hospital, un agente solicitó la identificación de un doctor. Uno. Los demás transitaron libremente.
La situación se aclaró: nadie estaba preparado para un evento de esta magnitud. Uno de lo helicópteros alertó que un lujoso vehículo de reciente modelo, transitaba al interior de la canalización del Río Tijuana, justo al costado del nosocomio; los agentes fueron tras ellos, los revisaron lo mismo que al vehículo: se trata de una mujer y tres hombres a quienes no pudieron relacionar con los hechos delictivos.
Era un hospital con mucha actividad: al interior, se estimó, habría unas 400 ó 500 personas incluyendo pacientes, visitantes y empleados; 59 individuos fueron evacuados hacia las vecinas instalaciones de la unidad deportiva municipal Tijuana (CREA) desde donde fueron atendidas por 26 médicos.
La presión de los agentes que rodeaban el área cedió: el acceso al estacionamiento se permitió mientras periciales trabajaba en los dos cuerpos de los agentes. Una relativa calma se presentó en la escena y fue aprovechada para recabar información.
Pero el caos volvió: “¡Todos abajo!, detrás de los carros, para atrás”. Los gritos de policías se confundían con los gritos de mujeres. Una serie de detonaciones se escucharon por segunda ocasión, esta vez en la sala de urgencias del hospital. Agentes corrieron desorganizados, unos entraron por el sótano y otros por el área de urgencias. Minutos después salieron escoltando a cuatro sujetos jóvenes. Uno de ellos, portaba una camiseta de la policía municipal. Trascendió que acompañaba a su esposa a una revisión médica. Sólo se les interrogó.
A las tres de la tarde en punto, elementos de la Agencia Federal de Investigación salieron resguardando a un detenido. Rostro cubierto, pantalón de mezclilla azul oscuro y zapatos deportivos blanco con café. Su nombre: Ernesto Sánchez Vega “El Neto”, de 26 años. El joven fue fuertemente trasladado en una unidad de la AFI, mientras los demás detenidos en calidad de sospechosos, ligeramente a bordo de una unidad de la autoridad estatal. (Marco Tulio castro)


La tragedia Minuto a minuto

11:05.- Delincuentes se topan con Policía Federal Preventiva en Central Camionera; inicia el primer enfrentamiento a disparos. Muere el delincuente Enrique González Cerón y lesionan a su secuaz, Javier Estrada Domínguez de 35 años de edad.

11:10.- Ingresa al Hospital General de Tijuana, Javier Estrada Domínguez de 35 años de edad, por las lesiones de arma de fuego de agentes PFP.

11:15.- Ernesto Sánchez Vega “El Neto”, con un comando de aproximadamente 8 sujetos, irrumpe violentamente instalaciones del área de urgencias del Hospital General. Asesinan a Miguel Ángel López Torres, agente de la Policía Estatal Preventiva y a Rodolfo García Parrales, custodio.

11:20.- Arriban corporaciones de seguridad de los tres órdenes de gobierno y personal militar al hospital. Rodean el nosocomio y el comando armado se atrinchera en el inmueble. Mantienen secuestrados a varios médicos.

11:40.- Decenas de personas, enfermos y familiares, son evacuadas del centro médico sin solicitárseles identificación.

12:30.- Un helicóptero advierte a los agentes, de un lujoso vehículo que transita al interior de la canalización del Río Tijuana. Se inspecciona a los tripulantes: 3 hombres y una mujer.

13:40.- Una serie de detonaciones de arma de fuego se escuchan al interior del hospital. Agentes entran al sótano.

14:00.- Un grupo de 4 detenidos en calidad de sospechosos, son escoltados hacia el estacionamiento del hospital. Uno de ellos, porta una camiseta de la policía municipal.

15:00.- Ernesto Sánchez Vega “El Neto”, es detenido por agentes de la AFI. Esposado, con el rostro cubierto, lo suben a una unidad de la corporación y lo trasladan.

15:30.- Pacientes del Hospital General regresan a salas de urgencias y el servicio se reestablece para ellos.

15:40.- Unidades de la Policía Federal Preventiva resguardan las oficinas de Procuraduría General de la República delegación Tijuana.


Más seguridad al Hospital General

Herido en el IMSS: Estable pero grave

Hasta el cierre de edición y en las instalaciones de la Clínica 20 del Seguro Social, se encuentra grave Víctor Leyva Jiménez, trabajador de una empresa de frituras quien recibió de manera fortuita un proyectil durante la balacera suscitada en las cercanías de la Central Camionera.
El joven ingresó el miércoles 18 aproximadamente al mediodía, con herida de arma de fuego que penetró en el lumbar derecho, perforó abdomen hasta llegar al colon derecho, dañó vasos sanguíneos y provocó hemorragia.
Eran las 2:00 de la tarde y las instalaciones estaban sitiadas por elementos del ejército y de la Policía Preventiva tanto estatal como federal, el área de quirófano donde se le brindaban los servicios al paciente estaba fuertemente custodiada por elementos de seguridad.
El Director de la Clínica, Víctor Hugo Banda Cázares, diría que hasta ese momento estaban concentrados en brindar los servicios médicos al paciente, mientras el trabajador se debatía entre la vida y la muerte, los ciudadanos seguían con detenimiento el suceso.
Así, y a lo largo del Bulevar Díaz Ordaz, se veía cómo la gente se arremolinaba frente a televisores de algunos establecimientos para estar al tanto de un noticiario especial en vivo y en directo que daba cuenta del suceso sin precedente en una ciudad golpeada por la inseguridad.
En el Hospital General de Tijuana todavía no han terminado las remodelaciones que iniciaron hace algunos meses y el crimen organizado ya le dio su “remojón”. Con el tiroteo suscitado en el área de urgencias, se rompió una tubería que provocó una inundación, además cristales resultaron quebrados.
Hasta el momento, la cuantía de los daños no ha podido ser estimada, pues las autoridades trabajan a marchas forzadas para poder reestablecer el servicio que se suspendiera a lo largo de varias horas.
Ante el hecho de que a futuro se llegara a presentar un acontecimiento de magnitudes como las del miércoles, las autoridades de salud consideran aumentar la seguridad aunque no hay nada seguro, se habla de algunas cámaras; sobre todo en el área de urgencias, espacio que recibe a la población que llega para una atención pronta.
La preocupación mayor, dijo el Secretario de Salud en el Estado, José Guadalupe Bustamante Moreno, es restablecer el servicio en el hospital y arreglar los desperfectos causados en las instalaciones, después el tema de discusión serán las medidas de seguridad para el personal y las personas que ahí acuden.
En rueda de prensa el funcionario estatal precisó que no se puede dejar de brindar el servicio a quien así lo requiera, pues se estaría faltando éticamente, declaración que dio como respuesta a si se debía adecuar un lugar especial para personas que llegan de urgencia y relacionadas con hechos violentos en la ciudad.
En relación al baleado precisó que recibió dos impactos de arma de fuego, que afectaron la vejiga, el recto, cóccix y una pierna, se le estabilizó y fue enviado a la ciudad de México.            
Por su parte el Coordinador de la mesa de Salud en el Congreso del Estado, Carlos Astorga Othón, precisó que debe revisarse la Ley de Salud en el Estado.
“Será necesario revisar el sistema de salud del estado a la brevedad para ver si tiene medidas de seguridad normatizada (sic) para este tipo de crisis”.


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