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Las armas utilizadas en la Universidad de Virginia, legales
La masacre
Aún cuando no se revelan del todo los motivos que llevaron a Cho Seung Hui a matar a 32 estudiantes de la Universidad Virginia Tech en los Estados Unidos, textos enviados por el asesino múltiple a la cadena de televisión NBC, dan indicios de ser un crimen con tintes de marginación, raciales y hasta de odio
Gabriela Olivares Torres
Mucho se ha discutido en torno a la masacre más grande en la historia de las escuelas en Estados Unidos, pero la pregunta fundamental sigue sin respuesta: ¿Por qué?
A la fecha se habla de un tirador que dio varias señales de alerta, incluso se le culpa a Virginia Tech por no haberlo suspendido antes. Al mismo tiempo se evaden las causas más profundas, las que el cineasta Michael Moore analizó cuando la matanza de la preparatoria de Columbine.
Esas razones que señalan al contexto del cual emergen este tipo de individuos desequilibrados y sumamente agresivos, pues finalmente se sabe que un “loco” no es más que un producto social.
Antes de suicidarse el joven surcoreano Cho Seung Hui, responsable de la balacera del lunes 16 de abril en el campus de Virginia Tech, escribió una carta y aprovechó las dos horas entre las matanzas que efectuó para enviar un paquete informativo a la televisora NBC.
Así pasó sus últimos momentos el responsable de la mayor masacre en una escuela norteamericana, aprovechando la falta de imaginación de las autoridades tanto judiciales como universitarias, para terminar de armar el mensaje que le dejó al país al que llegó a los 6 años de edad y del cual era residente legal, mas no ciudadano.
Entre los testimonios que surgieron durante la semana, algunos maestros explicaron que el muchacho de 23 años de edad, estudiante de literatura inglesa, era solitario, bastante extraño; es más, no solía devolver el saludo. También se dice que escribía obras de teatro bastante perturbadoras en donde el tema central era la pedofilia. En su cuento, titulado “Richard McBeef” el protagonista es un niño de 13 años de edad que acusa a su padrastro de atacarlo sexualmente y de matar a su padre. El personaje fantasea con matarlo.
Algunos profesores que leyeron sus escritos, en un taller de creación literaria al que se incorporó, señalaron que sus textos eran profundamente oscuros, al grado de ser alarmantes. La maestra Lucinda Roy llegó al punto de canalizarlo con un asesor psicológico de Virginia Tech.
Pero por ningún motivo sospecharon de lo que sería capaz de hacer a la primera hora del inicio semanal. Ni siquiera porque el 13 de diciembre de 2005 Cho fue llevado a un hospital porque se le consideraba con marcadas tendencias suicidas. Esto después que fue denunciado por acosar a dos estudiantes mujeres por teléfono y correo electrónico. Al día siguiente del incidente, es decir, el 14 de diciembre, fue liberado del nosocomio.
Hace dos años, en la orden de detención que la Universidad giró, quedó establecido que había “razones para creer (que Cho) es un enfermo mental y necesita ser recluido, representa un peligro para él o para los demás como resultado de su enfermedad mental, o está gravemente enfermo como para ser incapaz de hacerse cargo de sí mismo”.
Esta información pone a los directivos de Virginia Tech y a la policía local más en aprietos porque ahora se cuestiona su falta de criterio, no sólo para acordonar la escuela en cuanto se supo del primer delito. También se señala su omisión al no hacerse responsable del caso ni reconocer el grado de peligro que Cho personificaba.
En una rueda de prensa sostenida el miércoles 18, el Jefe de la Policía de la Universidad, Wendell Flinchum, dijo que el asesino nunca hizo amenazas y que pese a sus problemas emocionales jamás había sido violento.
En algunas versiones se ha explicado que la primera víctima, una joven, había sido novia del multihomicida, rumor que la policía declaró falso, pues se sabe que Cho no tenía relación con ninguna de las 32 víctimas que dejó.
Al parecer el suicida ni siquiera conocía personalmente a la chica con la que empezó el baño de sangre, no obstante la tenía identificada por gozar de gran popularidad en el campus, al igual que el muchacho al que balaceó en el dormitorio, a eso de las 7 de la mañana.
Hasta el momento, es difícil armar un retrato del criminal, más porque los funcionarios universitarios sólo discuten el historial con el FBI, adonde la televisora NBC envió el paquete presuntamente elaborado por el estudiante, mismo que incluía 29 fotografías, un video y una carta de varias páginas de extensión en donde narra cómo ultimó a los estudiantes.
El Buró Federal de Investigaciones tardará en revelar el contenido de dichos materiales en donde puede estar la pista del terrible acto cometido en Virginia Tech. Al momento sólo han publicado la siguiente frase pronunciada por Cho frente a una cámara digital: "Ustedes me encajonaron y me dieron sólo una opción. La decisión fue suya. Ahora tienen las manos llenas de sangre que nunca se limpiará”.
Junto con las dudas que seguramente quedarán pendientes en torno a los verdaderos motivos de Cho, surge una pregunta quizás más urgente:
¿Por qué estos incidentes ocurren con cierta frecuencia en las instituciones educativas de los Estados Unidos? ¿Qué representan las escuelas?
De hecho, el martes 17, planteles educativos en 9 estados tuvieron que ser evacuados y acordonados por diversas amenazas. En Lousiana y Montana, las advertencias hicieron referencia al incidente de Virginia Tech. Texas, Arizona, Oklahoma, Tennessee, North Dakota, South Dakota y Michigan fueron otras de las entidades donde se reportaron anomalías.
Concretamente en la primaria y secundaria de Bogalusa, en Louisiana, un hombre de 53 años de edad fue detenido luego de repartir notas en donde dijo que cometería un crimen masivo como el que acaba de registrarse en Virginia. Y en Bloomfield Hills, Michigan, varios directores de escuela reportaron a un hombre de aproximadamente 1.85 metros de estatura, vestido con una falda, tacones altos, una peluca rubia y con labial, quien merodeada en los alrededores.
En la Universidad de Tennessee en Chattanooga, tres edificios administrativos fueron evacuados por dos horas luego de haber sido notificados de un posible bombazo. En la Universidad de Oklahoma, en Norman, un hombre fue arrestado por portar un “objeto extraño”; era un paraguas y se trataba de David Boren, el rector de la institución.
Mientras tanto, en el campus donde estudiaba Cho siguieron reportándose llamadas para avisar de que estallaría una bomba, tal como había sucedido en las semanas previas a la masacre.
Lógicamente la comunidad estudiantil en el vecino país está más que alterada, sobre todo a falta de explicaciones, de señales de alerta realmente genuinas para prevenir una tragedia de tal magnitud.
Podría ser significativa la misiva que finalmente Cho dejó en uno de los salones de clases de Norris Hall. En el confuso texto, el asesino despotricó contra el sistema, el trato a los alumnos de bajos recursos. Enfurecido se quejó de un sistema desigual y corrupto.
En la cadena CNN, durante su transmisión del martes, se recalcó el hecho de que se trataba de un estudiante extranjero. Incluso, en la opinión pública ha surgido un debate respecto de cómo reforzar las leyes migratorias para alumnos foráneos. Según diversos reportes de la prensa estadounidense algunos surcoreanos ya decidieron abandonar sus estudios en Virginia Tech.
Este debate, junto con la discusión en torno a leyes que hagan más difícil la posesión de armas en manos norteamericanas, forma parte de la compleja ecuación de un tipo de crimen que de tan frecuente ya hasta ha sido clasificado como “Balacera escolar”.
Ya sea que le otorga fama a quien se percibe a sí mismo como marginal, tal vez resulte atractivo para estos homicidas la transformación de masacre en un espectáculo donde los testigos llegan a convertirse hasta en “reporteros por un día”, como sucedió con el estudiante palestino Jamal Albarghouti después de haber sido el único con las agallas de capturar imágenes de la lluvia de balas a través de su celular. Hecho que conlleva el renacimiento del asesino en una especie de antihéroe que lo sacará del anonimato en una sociedad obsesionada con las celebridades.
O quizás, lo que prevalece en el caso de Cho es una forma extrema de protesta ante la perfección que representan las Universidades, adonde acude “lo mejor de lo mejor”. Ya en el caso de la masacre de la preparatoria de Columbine, acontecido en 1999, se explicó que los agresores Eric Harris y Dylan Klebold se sentían frustrados por el nivel de exigencia de la escuela en un estado como el de Colorado en donde el futuro de los jóvenes prácticamente descansa en un examen general de conocimientos más exigente que en otras regiones del país, mismo que abre la puerta a la Universidad o la cierra definitivamente para dirigir a la masa a las filas de empleos menores, con sueldos mínimos al estilo Walmart.
En su multipremiado documental “Bowling for Columbine”, el documentalista norteamericano Michael Moore reflexionó sobre la masacre en la preparatoria y se refirió a varias posibles causas:
* La militarización de Estados Unidos.
* Una seguridad social cada vez más reducida para el ciudadano promedio.
* El racismo que ha empujado a los civiles blancos a adquirir cada vez más armas para defenderse de las minorías y, sobre todo,
* La cultura del terror que se ha generado a través de los medios y del gobierno.
"Había muchas cosas que no sabíamos tras el ataque a las Torres Gemelas, pero algo sí estaba claro: ya fuera antes o después del 11 de septiembre, un pueblo tan descontrolado por el miedo no debería tener a mano tantas armas y municiones.", concluyó Moore.
En la habitación que Cho Seung Hui ocupaba en Virginia Tech no hallaron ningún medicamento controlado. Una de las dos armas que utilizó fue comprada hace 5 semanas. La otra había sido adquirida apenas el viernes 13. El asesino no violó ninguna ley al adquirir su arsenal. Todo estaba perfectamente reglamentado, con los permisos correspondientes.
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