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Impunidad y complicidad
De Trez en Trez /Óscar Hernández Espinoza
1.- Hospital.- La balacera ocurrida en el Hospital General de Tijuana la semana pasada, evidenció, entre otras cosas, la impunidad con que actúan los malandrines, la falta de preparación de las corporaciones policíacas, la carencia de un plan para atender un conflicto como ése y la complicidad existente entre algunos policías con los que delinquen y a los cuales hasta protegen.
De otra forma no se puede explicar cómo un grupo armado irrumpe en el hospital –siempre lleno de personas–, siembra pánico entre los presentes, pone en riesgo la seguridad de inocentes, mata a dos hombres, hacen disparos en varias ocasiones en el interior de las instalaciones, permanecen varias horas apertrechados y luego, sólo se anuncia la detención de dos de los presuntos participantes en los hechos.
Mucha movilización, muchos policías y militares también, hartas patrullas de distintas corporaciones en las afueras del hospital, helicópteros volando bajo, gritos, órdenes, el Procurador de Justicia del Estado Lic. Antonio W. Martínez Luna “informando” a la distancia desde la ciudad de México, y al final, pocos resultados.
¿Y los demás integrantes del grupo armado involucrado en los hechos? Ya lo dijo el “Lonje Moco”: Nadie sabe, nadie supo, simplemente se esfumaron, o “los esfumaron”.
El día de los hechos hubo mucha cobertura en los noticieros de radio, televisión y en la prensa escrita, sin embargo, en los subsecuentes la información al respecto fue bajando de cantidad y de intensidad.
Mientras, la población continúa expuesta a la inseguridad y al peligro de verse inmiscuida nuevamente en hechos similares cuando a los delincuentes se les ocurra hacer otra de sus tropelías.
Y para colmo, ahora se sabe que aprovechando la confusión, también “desaparecieron” –se robaron pues– cosas de valor propiedad de empleados y usuarios del hospital como bolsos, dinero, aparatos electrónicos, reproductores de música y cámaras fotográficas, entre otros objetos.
Lo dicho: impunidad, mala preparación, desorganización y complicidad.
2.- Chocolates.- Las leyes –según nos explicaron en la universidad– son un mandato, normas de conducta obligatorias para todos que señalan lo que los individuos pueden y deben o no hacer.
También llamadas normas jurídicas, se caracterizan porque conceden derechos a la vez que imponen obligaciones, son obligatorias, por lo tanto deben cumplirse y ser obedecidas por todos. Su incumplimiento da lugar a sanciones.
Desafortunadamente algunas veces por cuestiones económicas o por conveniencias políticas o ambas a la vez, esto no sucede así, de tal suerte que las autoridades se hacen “de la vista gorda” y muchos ciudadanos recurren a mecanismos o figuras para sacarle la vuelta a lo preceptuado por las normas jurídicas evadiendo así su cumplimiento.
Un ejemplo de ello es Anapromex (Asociación Nacional de Protección a los
Mexicanos), que aglutina principalmente a los propietarios de los llamados “autos chocolates”, es decir, de autos procedentes de los Estados Unidos de Norteamérica y que están circulando en territorio nacional sin haber sido importados o como dicen ellos, legalizados.
Los integrantes de esta organización, con la complacencia, conveniencia y complicidad de distintas autoridades circulan en sus vehículos amparados en un engomado que de hecho los “protege” para que sus autos no les sean decomisados.
En tanto quienes cumplimos con lo que establecen las leyes y pagamos los correspondientes impuestos y derechos al importar nuestros vehículos vemos cómo de hecho, hay ciudadanos de otra “categoría” que con la mano en la cintura y un engomado en sus autos evaden la ley y reclaman además privilegios especiales para ellos.
Y todavía realizan protestas, amenazan a algunas autoridades y queman vehículos en la vía pública colocándose aún más al borde de la ilegalidad.
Así no se vale; porque como diría mi abuela: “O todos coludos o todos rabones.”
3.- Monumentos.- El “encargado del puesto” Kurt Honold quiere reubicar algunos monumentos que se encuentran en la zona del Río Tijuana y colocar un “…Ángel de la Independencia como el de la ciudad de México” porque algunos empresarios le hicieron esa propuesta y se ofrecieron a correr con los gastos.
Dice el señor Honold, que los tijuanenses se “… sentirán más mexicanos” al ver este Ángel que pretende colocar en el lugar que hoy ocupa el monumento a Don Miguel Hidalgo, ahí justo en la glorieta en una esquina de donde cobra como presidente municipal.
¡Como si no hubiera asuntos más importantes que atender en nuestra ciudad!
Aparte de verde, inexperto y despeinado (el otro día andaba greñudo y barbón), ahora tal parece que quiere imitar a su (¿ex?) patrón en eso de las frivolidades.
Imagine usted el pretendido “Ángel” –que ni ángel es– en las celebraciones futboleras, en las protestas políticas y en las llamadas “fiestas patrias” todo maltratado, meado y lleno de pintas de todos colores y sabores.
P.D.- El día del niño, el del trabajo, el de la madre, y el día del maestro serán a no dudarlo, ocasiones propicias para que los partidos políticos y sus candidatos lleven “agua a sus molinos” y quieran comprar conciencias.
Claro habrá algunos a los que les llegarán al precio.
Óscar Hernández Espinoza es egresado de la Facultad de Derecho por UABC, y es profesor de Cultura de la Legalidad y de Formación Cívica y Ética en Tijuana.
Correo: profeohe@hotmail.com
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