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El pellizquito

Una mañana el marido se despierta, le pellizca una pompa a su mujer y le dice:    
– Si hicieras ejercicios para darle firmeza a ese rabito, podríamos librarnos de esas pantaletas…
La mujer se controló; le pareció que el silencio era  la mejor respuesta. 
Al otro día el marido despierta, da un pellizco a los senos de su mujer y le dice:
– Si consiguieras dar firmeza a esos pechitos, podríamos librarnos de ese horrible sostén…
Definitivamente, esa fue la gota que derramó el vaso. Entonces ella se voltea hacia el esposo, le agarra su divino miembro y le dice: 
“Mira peneque, si tú consiguieras dar firmeza a este palito, ¡podríamos librarnos del cartero, del jardinero, del lechero y del compadre!”.


Acoso sexual

Todos los días un empleado, del sexo masculino, se acerca a una mujer justo cuando ella se prepara un café. El sujeto respira profundo y le dice que le fascina el olor de su pelo.
Al cabo de una semana, la trabajadora ya no soporta más este trato, entonces va con la coordinadora de Recursos Humanos y solicita interponer una queja por acoso sexual en contra de su compañero.
La supervisora, extrañada, le pregunta a la mujer:
–  Pero, ¿por qué dices que este hombre te acosó con tan sólo decirte que te huele bien el pelo?
La ofendida responde: “Es que el que me lo dice es Ernesto, el enano”.



Un mexicano en Nueva York

Un paisano llega a Nueva York y cuando se le acaban los cigarrillos, va al mercado de la esquina a comprar. Sin saber hablar inglés, con señas describe lo que quiere.
La chica del mercado se agacha a buscar los cigarrillos debajo del mostrador y se le escapa un gas sonoro.
Disimuladamente, la cajera pone la cajetilla en el mostrador y le dice al cliente: 
– Two fifty, please.
E indignado, el paisano indignado le contesta: “¡No te hagas la tonta, la del pex fifty tú!”.

Otro de Pepito

La profesora el dice a Pepito:
– A ver Pepito, la frase “Yo busco novio”, ¿qué tiempo es?
Tiempo perdido, señorita.


Estos hombres

¿Cómo hacer para que un hombre haga abdominales?
Colocando el control remoto entre los dedos del pie.

Álgebra de la vida: Hombre (casado + divorciado) + vuelto a casar = Penque al cuadrado.

¿Cómo hacen ejercicios los hombres en la playa?
Sumiendo la panza cada vez que ven una muchacha en bikini.

Resulta que para entrar al cielo, había una entrada para hombres y una para mujeres. Por la entrada de hombres había dos puertas, una con un letrero que decía: “MI MUJER MANDABA EN MI CASA”, y otra con un letrero que rezaba: “YO MANDABA EN MI CASA”.
Como es de suponerse, en la primera puerta había una cantidad enorme de hombres esperando, mientras que en la segunda puerta, no había nadie.
Hasta que de repente, al llegar al cielo, uno de los interesados en pasar tomó la opción de entrar por la segunda puerta. Todos los presentes se sorprendieron muchísimo y cuchichearon entre sí, hasta que por fin alguien se animó a ir a preguntarle al recién llegado por qué había elegido esa puerta, a lo que el hombre respondió: “Es que mi mujer me dijo que me formara aquí”.

Un señor llega tarde a su casa pintado con lápiz labial y su mujer le dice:
– ¡Dónde te metiste!
El marido rápidamente responde: “No me lo vas a creer, me di un pleitazo con un payaso”.


Para morir

John Brandrick tiene 62 años. Hace dos le diagnosticaron cáncer de páncreas. Los médicos estimaron que viviría, cuando mucho, 12 meses más.
Entonces, este hombre hizo lo que muchos tal vez harían. Regaló todas sus pertenencias, dejó de pagar la mensualidad de su casa y se gastó todititos sus ahorros en cenas y viajes.
Al final, sólo le quedaba un traje negro, una camisa blanca y una corbata roja, es decir, el atuendo con el que creía que sería enterrado.
En esas andaba cuando fue a su revisión médica, y en vez que hallar el tumor maligno, descubrieron que el hombre -¡EN ZERIO!- estaba perfectamente sano. Suponen, entonces, que lo que tuvo fue un páncreas muy inflamado.
Ahora, este británico está vivo, pero en la calle, por lo que ha decidido, como última opción, demandar al hospital londinense que le hizo el terrible diagnóstico.


Infieles por cultura

En Sudáfrica los hombres dicen que engañan a sus mujeres para no tener dos o tres esposas, los americanos se lamentan de haber perdido la chispa en sus matrimonios y los japoneses -¡EN ZERIO!- creen que el sexo fuera del matrimonio no es adulterio siempre y cuando lo pagues.
Esto es lo que ha descubierto Pamela Druckerman al realizar una investigación contenida en el libro “La Lujuria Traducida: Las Reglas de la Infidelidad desde Tokio hasta Tennessee”.
En el mundo, los varones africanos son los que más tienen parejas sexuales “alternas” a la novia o esposa. Incluso en una encuesta realizada por la autora, el 37 por ciento admitió “haberle puesto el cuerno” a sus amadas.
Mientras tanto, los franceses, tan dados a explorar lo erótico a través del cine y de la literatura, suelen ser bastante fieles. Sólo el 3.8 por ciento admitió haberse portado mal.
En cambio, el 40 por ciento de los rusos entrevistados no le ve problema alguno al adulterio.


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