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Pan y Zirco

Juan Carlos Domínguez

“El estado precioso”, así es conocido ahora, por sus propios habitantes, Puebla. Ya ven cómo somos, a todo le encontramos gracia, y los poblanos se jactan de la fama que ha obtenido su entidad, gracias al más notable de sus personajes, Mario Marín. El ilustre gobernador que se ha sumado a nuestra Historia Nacional, nos está costando caro –bueno, no sé si a los contribuyentes mexicanos en general o nada más a sus coterráneos- pero el susodicho ha gastado cantidades millonarias en la publicidad gubernamental de sus obras. Me recordó los derroches que por estilo hacen nuestras autoridades bajacalifornianas, con fines también no tan loables.

Qué crecidita y lucidora se ve ahora Puebla. Su arqueología y monumentos parecieran ser ahora los menos importantes. La capital, de más de dos millones de habitantes, es ya una metrópolis con mucho tráfico y caos. Lo que más sorprende a los que por varios años la han visitado, es la existencia de grandes centros comerciales, muchos antros nuevos, agencias de autos de súper lujo –que casi nadie compra, porque de hecho ni hay empleos-, lo que evidencia la gran inversión y capital que está generando. En Puebla no se habla mucho del narcotráfico, no está desatada la violencia (la peor amenaza la representa el cacicazgo, que sí, todavía existe en muchísimas partes del país), pero es obvio el gran lavado de dinero que se está haciendo en esa ciudad (Puebla sólo tiene dos ciudades grandes, lo demás son pueblos). Habrá que ver cómo se desarrolla su futuro inmediato, ahora que los cárteles están extendiendo sus campos de batalla.

El periodismo poblano es dinámico. Existe una buena cantidad de periódicos y muchos de ellos combativos. El gobernador Marín, supongo, les da material de sobra para ello. Allá se festejó el Primer Encuentro de Periodismo “Puebla en su tinta, Mediósfera y Academia”. Se expusieron los eternos dilemas del oficio y, por supuesto, la censura y agresión a los periodistas. Reporteros de publicaciones como El Mañana, de Tamaulipas; Etiqueta Negra de Perú, Gatopardo, ZETA de Tijuana, el Norte de Monterrey, y medios de Guerrero, expusieron sus experiencias de censura y agresión, por parte del poder y el narcotráfico. Los colegas poblanos se siguen asombrando de ese tipo de hechos, que, por desgracia, tienden a intensificarse en todo el país.

¡Que se vayan a Reforma y ahí desfilen encuerados!, para que se acabe el morbo; gritó un anciano desde varios kilómetros de distancia del Zócalo, en donde 18 mil chilangos se encueraron el pasado domingo. Aquello parecía más bien una convención gay –que siempre aprovechan cualquier motivo para deschongarse-, donde predominaron los hombres y, lamentablemente pocas mujeres. La ocasión, sirvió, como era de esperarse, para el mero relajo, que tan bien se nos da, y las típicas protestas insustanciales. Mientras el fotógrafo Spencer Tunick se esmeraba en sacar las mejores tomas, los nudistas se afanaban en sus consignas absurdas: ¡El pueblo encuerado… será fotografiado… el pueblo encuerado… será fotografiado!. Los que no alcanzaron a entrar, igual manifestaban su inconformidad: ¡Foto por foto… desnudo por desnudo… Foto por foto… desnudo por desnudo!”. El espectáculo de repente no era tan estético, sobre todo cuando los encuerados celulosos tenían que correr a los baños portátiles –ya desbordados- a desfogar sus necesidades. Todos se quitaban la ropa, mientras otros mexicanos, ahí cerquita, en Garibaldi, La Alameda o la Merced, también eran despojados –del dinero, o lo que trajeran puesto- con los asaltos violentos que diariamente se registran en la gran urbe, y de los que no se emiten estadísticas certeras. Ya no es noticia. Spencer dijo que ahí, en el Zócalo de la Ciudad de México, estaba reflejada toda Latinoamérica. ¿Así estaremos todos? Caray, pues qué continente tenemos.            


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