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38.5 % de las mujeres contribuye a la economía del hogar
Quizá no tengan la fuerza física del hombre, pero sí la fortaleza para desempeñar trabajos que antes eran exclusivos para el sexo masculino. Día tras día el llamado “sexo débil” ha logrado ocupar espacios que hace años parecían inalcanzables.
Hay quienes piensan todavía que su “trabajo” es sólo estar al pendiente del hogar y los hijos; sin embargo cada vez se ve con mayor frecuencia que la mujer participa en actividades y profesiones que sólo el varón ejecutaba.
Por superación, por ayudar a la pareja o por necesidad, la mujer ha tenido que dejar a un lado el hogar, pero sin descuidarlo para contribuir activamente en la economía familiar.
Los estados de la frontera norte del país se caracterizan por tener mujeres más productivas que reproductivas.
En Baja California, el 38.5 por ciento de las mujeres apoya la economía familiar, cifra que coloca al estado por encima de la media nacional. Por si fuera poco, el 30 por ciento son jefas de familia.
La Directora del Instituto para la Mujer en el Estado, Gabriela Navarro Peraza, declaró que hoy en día la mujer estudia, trabaja, saca adelante a una familia y hasta se da tiempo de hacer algo por su comunidad.
“Las mujeres trabajamos por sacar adelante a nuestros hijos y ahora se está dando un fenómeno de tener menos hijos para darles una mejor calidad de vida y más oportunidades. Actualmente las profesionistas jóvenes deciden esperarse a tener hijos para tener primero un futuro más estable que ofrecerles”, mencionó.
Y agregó que casi el 60 por ciento de las personas que se acercan a la Secretaría de Desarrollo Social a solicitar créditos para emprender proyectos productivos, son mujeres.
Ivette de la Cruz, bombero
Es la única mujer bombero en Tijuana. Cuenta con nueve años de experiencia como Técnica en Urgencias Médicas. Actualmente se desempeña en la Estación de Bomberos en Playas de Tijuana. Es madre de tres niños, de tres, cinco y siete años de edad.
“Desde niña quise ser bombero, me gusta mucho estar en la estación, escuchar la alarma, salir rápido en la unidad, sentir esa adrenalina, pero sobre todo ir a ayudar a la gente, a rescatar sus vidas”, enfatizó.
Con la ayuda de sus padres y de su hermana, le ha sido fácil criar a sus hijos sin dejar su trabajo, pues los pequeños la comprenden y se sienten orgullosos del oficio de su progenitora.
Oliva Vidal Plata, policía
Hace 16 años trabajaba como dependiente en una cafetería y veía cómo los policías municipales dejaban de comer por ir a atender algún llamado de la ciudadanía; fue entonces que decidió buscar un oficio en el que pudiera contribuir a la comunidad.
Hoy en día, Vidal Plata es Jefa de la Unidad contra la Violencia Domestica de la Secretaría de Seguridad Publica Municipal y tiene a su cargo a 20 oficiales.
“Cuando ingresé a la Policía éramos muy pocas las mujeres que nos dedicábamos a esto. Yo sentía la renuencia de mis compañeros hombres, decían que las mujeres teníamos que estar en la casa, creían que por ser mujer una persona era inútil, pensaban que nos iban a tener que estar cuidando a nosotras también”, mencionó la madre de tres jóvenes, cuyas edades son de 19, 21 y 24 años.
Gloria Aguilar de la Cruz, despachadora de gasolina
Desde hace tres años inicia su trabajo a las seis de la mañana. Despacha una gasolinera ubicada en Bulevar Aguacaliente. Es madre de dos hijos adolescentes y bajo su uniforme encubre a su tercer hijo. Tiene cuatro meses de gestación.
Tras divorciarse, Gloria Aguilar de la Cruz se vio obligada a trabajar para sacar adelante a su familia. La maquiladora fue su primera opción, pero su naturaleza le impide estar encerrada pues se confiesa “muy platicadora”.
Por tal motivo decidió ser chofer de taxi, pero un día su carro se descompuso y al no tener dinero para arreglarlo, debió buscar otro empleo. Le llegó un anuncio en el que solicitaban despachadores de gasolina, y aunque sabía que ese trabajo era para hombres, lo intentó.
Elia Ramírez, ayudante de albañil
Hace once años llegó a Tijuana, proveniente de Oaxaca. Su intención era iniciar un negocio de artesanías. Por varios años le fue muy bien, hasta logró comprar una casita.
Pero las cosas en el negocio empezaron a fallar. Los clientes ya no eran tan frecuentes y las pérdidas, mayores. No tuvo más remedio que cerrar la tienda.
La necesidad de sacar adelante a sus tres hijos, pues es madre soltera, la obligó a buscar otro empleo; después de varios días de búsqueda le ofrecieron ser ayudante de albañil. No lo pensó dos veces y aceptó.
“La verdad de albañilería no sabía nada, pero la necesidad de un trabajo me obligó a aprender. No puedo dejar de trabajar, pues mis hijos dependen económicamente de mí, además mi hijo el más grande está estudiando la universidad, le falta poco para recibirse de ingeniero. Costearle la carrera me ha costado mucho sacrificio, pero hay que echarle ganas para salir adelante”, expresó la mujer de 47 años de edad.
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