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Medio millón
En una de las últimas fiestas que hizo Jorge Hank como alcalde de Tijuana, este personaje que ahora quiere gobernar Baja California por los próximos seis años, aprovechó para pasar la “charola” entre sus invitados para solventar la campaña. Todos adinerados por supuesto.
Durante la tertulia y mientras amenizaba un artista de los llamados internacionales, se sentó en una de las mesas y tomó una de las servilletas. Anotó de su puño y letra. Sin recato se la pasó a un conocido empresario tijuanense, de esos que ahora tienen mucha tierra sobre todo en la tercera etapa del río. El hombre de negocios leyó el mensaje mientras los presentes se quedaron atentos a la reacción del personaje.
Inmediatamente regresó la servilleta con una nueva anotación y la cifra de 100. Pero al hijo del profesor Hank no le pareció. Se la devolvió a sus manos.
Con el rostro desencajado, el empresario le dio nuevamente lectura al papel e hizo otra anotación con la cifra de 200.
Cuando el ahora candidato tuvo en su poder la respuesta, se levantó apresuradamente e indignado le espetó que sólo recibía de medio millón para arriba, y que se acordara que él le había dado a ganar mucho dinero.
Obviamente la cifra de la que estaban tratando es en dólares.
El negocio se cerró ahí mismo.
ENFIESTADO II
Aquel célebre policía con residencia en el fraccionamiento que ex profeso les fue designado a los agentes municipales de Tijuana, y que constantemente hacía fiestas, pachangas y tertulias, molestando a vecinos, fue llamado a declarar.
Sus superiores le trataron el asunto con mucha soltura: Los vecinos ya no lo aguantan. Se quejan a través de los teléfonos de seguridad, con patrulleros y otros medios. Le pidieron que le bajara a su borlote. Y para hacerlo entrar en razón, lo degradaron de puesto.
Ya no sirve en la sección de patrullas de la zona centro, ahora con trabajos hace algo en algún punto fijo de la delegación San Antonio de los Buenos. Lo tienen prácticamente en el congelador. Como a muchos otros que se salen de lo oficial para pisar terrenos ajenos.
Esperan que con la degradación, al cuate se le acabe el gusto por la cerveza. También las ganas de tirar disparos al aire.
Acarreados
Es un taxista. De los amarillos que tienen origen en la CROC y sirven entrando la línea divisoria a Tijuana por Estados Unidos. Líderes del Sindicato le dijeron que tenía que ir al registro del candidato del PRI al Gobierno del Estado a la ciudad de Mexicali. Pero no sólo eso. Debía llevar mínimo dos personas más.
Como en el pasado, los acarreados que incumplieran la orden serían castigados. Pero a diferencia de 1989 cuando perdieron por primera vez la gubernatura de Baja California, los priístas han evolucionado. Ya no le descuentan un día al sindicalizado que no llegue al mitin. Ahora quieren más. Dijo el taxista que se lo comentaron directo:
Si no vas al mitin, pagarás una multa de 160 dólares. Y 80 dólares por cada invitado que dejes de llevar. Ahora resulta que el acarreado las pierde de todas, todas. Si no va, le cobran, si no lleva a nadie, le cobran más. La lógica priísta indica que cualquiera prefiere acudir, escuchar al candidato y aburrirse, a pagar los 160 dólares. Y si de perder se trata, pues ya lo pagado no lo quita nadie.
La duda es si el dinero es para la campaña del candidato a Gobernador, Jorge Hank, o los líderes sindicales se quedan con él a manera de pago por los servicios prestados al abanderado.
Los más afectados, los acarreados. Antes de perdida, les daban una torta y un jugo. Ahora les cobran y los obligan a llevar a otros. Y así que quieren que voten.
Economía
Mario Escobedo Carignan ha sido un buen delegado de la Secretaría de Economía en Baja California. Agradable, de buen trato y simpático, se lleva bien con la mayoría de los empresarios y hombres de negocios de la entidad. No le regatean nada y él se esfuerza en dar el mejor servicio para la región. Tiene harta experiencia. Ha representado a esa institución por más de diez años. Primero y en administraciones federales priístas, como subdelegado en Tijuana, y después como delegado con sede en Mexicali hasta la fecha. No tiene pues, tacha por ningún lado. Por eso llama mucho la atención que el ex diputado Alejandro Monraz Sustaita, que todavía reside en la Ciudad de México, cabildee por aquellos linderos para quitarle el trabajo a Escobedo, que misma posición en manos de Monraz sería chamba. Con todo y lo que panistas pueden y han hecho por Alejandro Monraz en México, él quiere regresar a Tijuana, y no a cualquier oficina, evidentemente.
Cambio de partido
A Julio César Díaz Cabrera le jugaron mal. Este joven miembro del Partido Revolucionario Institucional (PRI), cobró por unos meses como director de Desarrollo Social Municipal del XVIII Ayuntamiento de Tijuana.
Inexperto en las andanzas políticas, le ordenaron enviar víveres y despensas recolectadas al estado sureño de Chiapas, cuando esa entidad estaba pasando por la desgracia a causa de una catástrofe natural.
Su error fue que las despensas fueron entregadas a nombre del ex candidato presidencial de su partido en medio del proceso electoral federal. Lo “chamaquearon” pues.
Por ello el gobierno de ese estado vino por él y lo encarceló por nueve meses. Regresó a Tijuana y su partido se olvidó de él. Hoy el PAN se ha fijado en Díaz Cabrera, en una estrategia meramente electoral, pues quien le ordenó entregar los víveres fue su jefe inmediato, el doctor Jorge Astiazarán.
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