Jóvenes
Rentaron muy bonitas casas en California. Jardín y cochera amplios. Bien pintadas. Salas endueladas. Cocinas harto equipadas incluida su clásica barrita-comedor. Recámaras agradables. Hermosa vista. Closets enormes. Seguramente los nuevos y jóvenes inquilinos no trabaron relación con sus vecinos. Acostumbraban llegar por la noche. Dos, tres horas después salían. Se quedaba uno a dormir en cama rentada. Infaltables teléfono casero. Siempre prendidos celular y radio.
Tenían casonas en Imperial Beach. Zona mediaclasera. Me la imaginé siempre poblada de parejas en unión libre. Los bares y la playa con cuarentones y cincuentañeros. Pelo y barba largos, de amarillento canoso. Camisetas con estampados estrafalarios. Pantalón de mezclilla pidiendo a gritos una lavada. Tomadores casi todos de whiskey Jack Daniel's. Fumando marihuana sin discreción. Motocicletas Harley Davidson flamantes. Camionetas Volkswagen viejonas pero bien cuidadas. Pintadas con flores color chillante. Esos hombres y sus frondosas mujeres nunca molestaron a los nuevos inquilinos mexicanos. Igual pasó en Mission Beach. Allí la joveniza arrienda casas pegaditas a la playa para veranear. Cerveza y marihuana nunca faltan.
También alquilaron casas alejadas de la playa pero cercanas a la frontera con Tijuana: Chula Vista, el condado repleto de centros comerciales, hoteles y restaurantes. Concurridos por tijuanenses. Unos trabajan allí. Otros viven con su parentela. Hay muchos filipinos. Y al norte abundan los “cholos”. Presumen guangos pantalones. Les arrastran hasta el desgaste. Camiseta interior o camisola blancas. Tenis negro con suela clara. Especialistas en el famoso graffiti.
Bonita es otro condado. Pegado a Chula Vista pero habitado por más pudientes. Las casas son tan enormes como caras y hermosas. De las más cotizadas en las cercanías con la frontera mexicana. Fue y es normal que familias originarias de Tijuana se cambiaron a esa zona. Buscan tranquilidad y comodidad. Y por la ubicación no pierden relación con parentela y amigos.
Cada ciudad tiene mucha vigilancia. Sus policías son los mejor preparados. Uniformes siempre limpios y planchaditos. Equipados con lo mejor. Desde patrullas, radio, armas y accesorios necesarios. La mayoría jóvenes y corpulentos. Ningún improvisado ni recomendado. Todos fueron adiestrados especialmente. Los patrulleros veteranos son detectives no uniformados. Nunca andan de ostentosos con las armas pero eso sí, bien trajeados. Ni parecen policías. Por su antigüedad como patrulleros se las saben de todas en su ciudad.
Aparte en California están muy activos los agentes federales del FBI y del escuadrón anti-drogas DEA. Acantonados en el sur del oeste estadounidense en un gran búnker. Pendientes de los más graves delitos. Especialmente narcotráfico y lavado de dinero. Total. Por policía no queda en California.
Por eso me sorprendió: Desde 1985 jóvenes de buenas familias tijuanenses rentaron esas casas. Pero no para “reventones”. Allí almacenaban marihuana. Tengo copia de amplia declaración firmada por uno de esos muchachos. También está en los archivos de la Procuraduría General de la República. Sus fiscales elaboraron el acta. Según el testimonio, estudiantes de la Universidad Autónoma de Guadalajara iniciaron el negocio. Acarreaban marihuana desde su tierra. Escala en Mazatlán. Seguían a Hermosillo y luego hasta Tijuana. Me admira cómo no les metieron zancadilla mafiosos Sinaloa. Los retenes con la Policía Judicial Federal me imagino: Gratificación y punto.
Según la confesión el transporte a Estados Unidos era de 150 a 250 kilos de marihuana en auto, pero varias veces durante un día. El testimonio textual: “...el cruce en esos tiempos estaba cotizado entre 50 dólares por medio kilo y subieron hasta 75”.Así la hierba era escondida en las casas californianas. Compradores al mayoreo llegaban. Y de allí a venderle en pequeñas dosis.
Siendo tan preparada la policía californiana de cada condado nunca descubrieron los almacenes. El FBI no supo. Tampoco la DEA. La hipótesis en este caso es doblemente clara. O los jóvenes eran muy inteligentes o la policía más corrupta. Con el paso de los años, la mayoría de los chamacos se mataron entre sí. Otros se enviciaron. Y los menos están prisioneros.
Como si fuera calcomanía, lo de Tijuana está sucediendo en León, Guanajuato. Recibí el angustioso reporte de un residente: “...es triste ver la cantidad de negocios que están abriendo producto del lavado de dinero. Las mafias del narcotráfico están penetrando sin dificultad. Las mansiones en edificación”.Narcos y sus hijos “se mezclan en la ciudad sin ninguna pena sabiendo de la impunidad que gozan”. El remitente apuntó que
“...aprovecho este correo para expresar mi decepción por lo que está pasando en León”.
“Soy un ciudadano de la hermosa Ciudad de Chihuahua”, así inició su correo electrónico otro amigo. “No nos dejan vivir en paz. Es que nos hemos convertido en las ciudades del narcotráfico. Chihuahua y Juárez no son conocidas por su gran arte, grandes deportistas o gran turismo. Son conocidas por hechos denigrantes para todos los que vivimos en este Estado”. Relató que hace como dos meses y medio capturaron a jóvenes narcotraficantes “...originarios del D.F. y Jalisco, a los cuales les encontraron equipo de comunicación, bastante droga, 'cuernos de chivo', explosivos diversos, armas cortas y largas. Se paseaban impunemente por nuestra ciudad, por nuestras carreteras”. Pero el remitente norteño teme porque “...están a punto de dejarlos libres y nadie se entera. Es la hora en que la autoridad y delincuentes pueden llegar a un arreglo”. Cree que “...en un tiempo más estos delincuentes importados saldrán y harán sus fechorías bajo el total amparo de la impunidad”.
“Ojalá y tenga tiempo de darse una vuelta a Colima”, me sugiere por e-mail otro ciudadano preocupado. Está sorprendido sobre el enorme lavado de dinero “...y de quienes son los sucesores de los hermanos Amezcua. Están dentro de expedientes de la PGR y nunca han hecho nada en su contra”. También “...son gente que viaja mucho al norte del país y al parecer tienen órdenes de aprehensión”.
Otro remitente me explicó: Avionetas cargadas de marihuana salen martes, jueves y sábados del rancho San Ignacio rumbo a Los Mochis, Sinaloa. “Son parientes directos de Miguel Beltrán Lugo ‘El Ceja Güera’ y aliados con los hermanos Palafox. Aquí los protegen las autoridades y yo lo he visto, no me lo contaron. Las patrullas 305 y 3016 son las involucradas”.
Es dramático: Tengo más reportes. En la mayoría hay un mismo dato: Todos son jóvenes. Como los del gran negocio en Tijuana desde 1985. La historia se repite: Impunidad al narco. Corrupción en la policía.
Escrito tomado de la colección “Conversaciones Privadas” y publicado el 11 de marzo de 2003, propiedad de Jesús Blancornelas.
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