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Con sabor a pueblo
El concierto masivo del pasado viernes 18 de mayo en el Estadio Calimax, donde el potrillo hizo acto de presencia, trajo consigo alegría, canciones, frustraciones y uno que otro descuido.
Trinidad Ramírez Toriz
Muchos patrocinadores, muchos compromisos, muchas cortesías y mucho relajo.
Con bombos y platillos se anunció hace más de dos meses que Alejandro Fernández venía a Tijuana. Después de una ausencia de cuatro años de la región, se le contrató para cantar no en un palenque, ni mucho menos en un salón; nada menos que en el Estadio Calimax.
Para muchos la noticia fue sorpresiva, y un reto a vencer para los organizadores.
Con un plan de logística, venta de boletos, acomodo en el lugar y el escenario, se comenzó la promoción. Y vaya que hubo de a montón.
El día llegó y el resultado no fue nada alentador. Hubo fallas en la organización, muchas sillas y poca gente. Con un escenario colocado hasta atrás, entre el jardín central y derecho, la gente que adquirió un boleto en la sección de gradas no tuvo oportunidad de ver a su artista un poco más de cerca, pues ni las pantallas que cubrían el entablado sirvieron de mucho. Eran muy pequeñas, ocasionando que quienes estaban lejos del templete no observaran bien la imagen del “Potrillo”.
En pocas palabras, el concierto de Alejandro Fernández no fue diseñado para ser masivo, pues hasta el audio, que en la parte de enfrente se escuchaba con muchísima fidelidad, a lo lejos se perdía ante la inmensidad de un estadio que puede albergar hasta 18 mil personas en un juego de beisbol, perjudicando a la gran mayoría que apenas pudo comprar un boleto de 200 pesos.
Obviamente que cuando se planea hacer un concierto masivo de tal magnitud, es importante percatarse de todos los detalles, pues no sólo se debe pensar en la gente que compra el boleto más caro como prioridad en el evento, sino a toda la gente que de una u otra manera busca divertirse en un concierto, aun cuando su entrada haya costado menos.
Tal parece que los que más disfrutaron del concierto de Alejandro fueron los de las áreas VIP o bien Diamante, que pagaron grandes sumas por estar cerca del artista, tomarle fotos y hasta regalarle flores cortesía de un diario, mismas que ni siquiera compraron los fans.
A la lista se suma la desorganización que se presentó cuando pocos segundos antes de que comenzara el concierto, la gente empezó a meterse a la sección de en frente, abarrotando el lugar de manera desastrosa. Llegó un momento en que de tantas personas que había, éstas difícilmente se podían mover, se tapaban unas a otras y algunas más pedían prestado el boleto para salir y comprar cerveza o ir al baño. Claro, ahí estaban los “gandallas” que pagaron menos y lograron colarse a un lugar privilegiado.
Fue 20 minutos después que la Policía Preventiva hizo su aparición para imponer un poco de orden y que de alguna manera, la gente pudiera disfrutar del evento.
El otro show
De Alejandro pueden decirse muchas cosas: que ha llegado a una posición de lujo, que su voz se escucha muy bien, que su presencia y tablas en el escenario hablan de una madurez artística, que el impecable mariachi y músicos hacen que su presentación le gane a todos los demás detalles que se suscitan a su alrededor, y que como artista no los toma en cuenta. Finalmente, su única labor es salir a cantar, y punto.
En Tijuana, el “Potrillo” salió a hacer lo que mejor sabe: cantar, encantar a las mujeres y arrancarles suspiros.
Con una selección de sus mejores temas y alguno que otro prestado, el cantante llevó a su público por varios estados de ánimo, desde el romántico hasta el folklórico, con “Mátalas”, “Loco”, “Nube Viajera”, “Sin Tantita Pena”, “Me Cansé de Rogarle”, “Si Nos Dejan”, “Canta Corazón” y “Me Dediqué a Perderte”, hasta sumar 36 canciones en dos horas y 20 minutos.
A ritmo de banda, mariachi y grupo, Alejandro se posicionó de los estados de ánimo de los más de 10 mil fans que se dieron cita en tan esperado concierto. Entre el olor a los mejores perfumes franceses, hasta el del vino y la cerveza, hombres, mujeres y uno que otro de la tercera edad coreaban cada canción mientras se entretenían tomando fotos (los que estuvieron cerquitita del artista), o con celular en mano dedicaban a alguien uno que otro tema “llegador”.
Si bien el artista salió a cumplir, a entregar el alma y a dejar su mexicanísimo sabor en el escenario, el más grande obstáculo fue la valla de seguridad que no dejó intimar con las fans, no hubo esa cercanía que caracteriza al Alejandro en sus presentaciones en palenque y donde más de una lo abraza, besa y hasta uno que otro pellizco se lleva.
Hoy tuvieron que conformarse sólo con escucharlo y vitorear a la única mujer que logró llegar a él y plantarle enorme beso. Porque un concierto masivo jamás será tan íntimo como el palenque, donde Alejandro es puro encanto, cachondería y muy, muy romántico.
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