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Narcopolítica
Antonio Cano Jiménez
Hace dos semanas señalé en este espacio tener muy claro que por hoy la política no sólo en México sino en Latinoamérica toda, es una de las actividades más desprestigiadas frente a los ciudadanos. Escribí entonces que la política vista desde un sentido ético, desde donde yo la comprendo, es un valioso instrumento que debe tener su máxima expresión en la disposición por comprender en la pluralidad de ideas todo aquello que signifique el bienestar colectivo en la consecución de sus objetivos.
La intolerancia, la cerrazón y el autoritarismo son la antítesis de cualquier voluntad por encontrar en la política la mejor forma de dirimir diferencias.
He señalado y lo reitero hoy, tener muy en claro que romper inercias ante las circunstancias que agobian, llevan consigo el costo de la transformación, de la búsqueda de evolución con una altura de miras que permitan ver en el horizonte la consecución del ideal colectivo, por ello he considerado que es imperativo, es preciso que la expresión social reencuentre en la política la mejor forma de abatir el engaño, la mentira y la corrupción que se ha enquistado en quienes buscan el poder por el poder mismo, pues abandonar este reto, es aniquilar la esperanza, es auto flagelarse, es dejar hacer y dejar pasar cruzado de brazos en la comodidad y la dejadez para que se nos imponga un destino. No estamos dispuestos, no estamos conformes y de ser necesario hay que pagar el costo.
Lo escribí hace dos semanas y en los días recientes se generan eventos que llaman de nueva cuenta a ser más cuidadosos en el tratamiento de los grandes temas de la política como es el reciente proceso electoral en el estado de Yucatán. Previo al día de la elección, Roberto Madrazo, candidato perdedor en la contienda por la presidencia de la República, adelantó los contenidos de un libro de su autoría en el que acusa de traición al ex presidente Ernesto Zedillo y en consecuencia prácticamente culpable de la derrota del PRI. Esto generó las más diversas reacciones que incluso llevaron a algunos a pensar que se trataba de una celada para incidir en la elección yucateca con una intención adversa a la ahora candidata triunfadora del propio PRI.
Confundidos y desconcertados muchos especularon alrededor de una idea: Los resultados electorales han tenido un alto ingrediente de definición en Los Pinos. Entonces se dejaron venir las declaraciones en el sentido de que en Yucatán se orquestaba una “elección de estado” con la obvia posición del ejecutivo federal en sentido contrario. Dado el resultado electoral, de inmediato el Diputado Emilio Gamboa, coordinador de la bancada del PRI, elogió la actitud del Presidente Calderón de no meter las manos. Pocas horas después, en el propio PAN se genera una innecesaria polémica. Esto evidentemente enturbia la actividad política alrededor de los procesos electorales.
Sin todavía salir del asombro de estos acontecimientos, el PRD abona al desprestigio con lo publicado el pasado miércoles en los medios nacionales: “Los spots que fueron transmitidos en forma irregular durante el proceso electoral del 2006 fueron financiados con recursos provenientes del narcotráfico o del lavado de dinero, aseguró el vicecoordinador del PRD en el Senado, Ricardo Monreal Ávila”. Así de sencillo, los anuncios de televisión los pagó el narcotráfico, dice sin aportar prueba alguna, señalar a alguien o por lo menos establecer los criterios en los que funda su declaración.
No se puede negar que existe una percepción generalizada en el sentido de que esta actividad ilícita ha permeado en las estructuras tanto del sector público como privado, percepción que ha sido confirmada cuando se han realizado las investigaciones y los procesos formales de denuncia y sentencia de los implicados con nombres, apellidos, organizaciones, delitos específicos y sentencias judiciales. Pero eso de acusar así nada mas, sólo le abona, insisto, a la mala política, la más mezquina y frívola politiquería. Diría un buen amigo: más que narcopolítica es “nacopolítica”.
Bueno sería se contaran con los elementos necesarios y se castigara con todo rigor a quienes utilizan a las instituciones públicas y privadas para beneficio del narcotráfico o cualquier otra actividad ilegal. Para ello se requiere confianza en nuestro sistema de impartición de justicia y credibilidad a los denunciantes que deben ofrecer además de su dicho, por lo menos elementos formales de acusación. De lo contrario como lo señalé al principio, la política no sólo en México sino en Latinoamérica toda, seguirá siendo una de las actividades más desprestigiadas frente a los ciudadanos, desprestigio promovido evidentemente cada vez más por los propios actores políticos. Lástima.
Antonio Cano Jiménez es candidato a Diputado de la Alianza por Baja California.
Correo: antoniocanoj@hotmail.com
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