¿Pacto de civilidad?
Concepción Vizcarra de Arámburo
El llamado de los candidatos y partidos políticos a efectuar una campaña libre de improperios, de insultos, ataques y pleitos que llevan a una guerra sucia es loable, pero ¿es acaso posible cuando la política ha caído en el más bajo nivel de decencia y la partidocracia es dominada por una clase política sin escrúpulos ni respeto a la ciudadanía?
El proceso electoral está empañado desde su inicio; el juego sucio lo iniciaron los candidatos con precampañas y excesiva publicidad anticipadas; las selecciones internas en los partidos cargadas de vicios, la democracia brilló por su ausencia. Alianzas de los partidazos con los partiditos para no desaparecer del escenario político, de sus canonjías y prerrogativas, se ofrecen al mejor postor, las recogen los grandores porque en cerrada competencia, unos cuantos votos hacen la diferencia para lograr el triunfo y con él, el poder por el poder.
Es así como candidatos a la gubernatura del Estado, a las presidencias municipales y a las diputaciones dan inicio a una campaña política que les dará la derrota o el triunfo, pedirán a los electores cumplan con el deber cívico de ir a votar, tendrán la autoridad moral para pedirlo los que se mueven y se han movido fuera de la legalidad, pisoteando los mandatos constitucionales, infringiendo la ley irresponsablemente y sin dignidad han abandonado el cargo público, el que bajo juramento se comprometieron ejercer durante y hasta el término de su período?
Que cínico se muestra Hank Rhon cuando en su perorata al registrarse proclama: “Siempre he actuado y seguiré actuando conforme a la ley, indiscutiblemente la ley me ampara” ¿A quiénes trata de convencer? Lo amparan y han amparado en su carrera política los millones y millones de su fortuna, anzuelo para los que caen en sus redes.
En la ambición por conquistar el poder, todo se vale, todos caben en esa danza de millones, no importa si tienen la capacidad, la honorabilidad, la decencia que México necesita de sus gobernantes para salir del bache en el que se encuentra. Los vicios de un sistema corrupto no han sido tocados, lejos de ello se han incrementado y además han permitido que los intereses empresariales entren de lleno a la política del Estado, influyendo mediante su poderío económico en las decisiones y orientación de las políticas públicas y en la protección de privilegios creados.
Demandan candidatos y partidos pacto a la civilidad, mientras ellos que deberían poner el ejemplo, deambulan en la incivilidad. Las reformas de ley indispensables para que los procesos electorales sean democráticos, equitativos y limpios, quedaron congeladas porque no convienen a los intereses personales y políticos partidistas que predominan.
Los privilegios otorgados a los empresarios de los medios televisivos de comunicación mediante la Ley Televisa, empeoran aún más el escenario electorero, al permitir que los candidatos compren directamente tiempo en radio y televisión, obstruyendo la propuesta de que el gasto se haga por una entidad que compre los tiempos y los distribuya entre los partidos.
La danza de millones que llevan los spots a la empresas televisoras, no sólo destruyen o ensalzan al publicitar a los candidatos, sino mediatizan a la ciudadanía y dan margen a que la corrupción entre de lleno en estos vaivenes publicitarios. Díganlo si no los 281 mil spots de la campaña del 2006 que no se sabe quien los pagó y que el IFE aceptó dejarlos fuera porque los partidos se niegan a reconocerlos arguyendo que ese 38% de lo fiscalizado, no tiene dueño.
Mientras siga existiendo una clase política con mucho dinero y acceso sin límites a la publicidad televisiva, mientras se siga permitiendo la compra privada de los spots en los medios electrónicos, las elecciones seguirán en el juego sucio y la incivilidad de sus actores.
Concepción Vizcarra de Arámburo es luchadora social y reside en Tecate, B. C.
Correo: concepcion_vizcarra@hotmail.com
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