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Adela Navarro Bello

El acabose

Ya no hay más. Queda poca esperanza. Mínima certeza, prácticamente los mexicanos transitan en el desamparo gubernamental y el desarrollo del crimen organizado.
Ante la sesuda petición de legisladores priístas y perredistas para retirar a las fuerzas militares de la lucha contra la inseguridad, el Presidente Felipe Calderón pretendió fajarse el pantalón y les dijo. Lo de pretendió fue porque no es un asunto finito, acaso a los legisladores les dé por tomarse el tema muy a pecho y prosiga una andanada de reformas que realmente, saquen a los elementos del Ejército Mexicano de la lucha contra la inseguridad.
Ciertamente, dicen los puristas, no es papel de la milicia andar persiguiendo narcos, decomisando droga o patrullando las calles, pero la incursión de éstos en tan delicados temas, fue más que necesaria, urgente, en sexenios atrás.
No fue Calderón el inventor de la estrategia militar para sofocar la inseguridad que ahoga a las familias mexicanas. Le antecedieron en la idea, los presidentes Ernesto Zedillo Ponce de León y Vicente Fox Quesada. Lo que sí hizo el actual mandatario, fue darle esa connotación tan magna al trabajo de militares en territorios civiles: Inauguró los operativos en ciudades específicas, los cuales bien a bien, no son más que una extensión de retenes ligeros dentro de las avenidas de la ciudad.
Hasta la fecha, al menos los que están ubicados en Baja California, autoridades y representantes de sectores empresariales, comerciales o ciudadanos, no han atinado a definir si realmente son buenos inhibidores de inseguridad, o es una llamada política en territorio electoral.
Ahí están, y por lo pronto, por voz de presidente, continuarán ahí.
Pero a mediados de semana, apareció otro prietito en el arroz. El Procurador General de la República, Eduardo Medina Mora, justificó que los operativos militares continuarían para reestablecer un orden social de seguridad.
Utilizó para su fundamento, una comparación que es tan grotesca como grave. Es el acabose:
“Hay una cierta pérdida de elementos centrales de la potestad del Estado en geografías determinadas. Las dos cosas que caracterizan al Estado son el monopolio del uso de la fuerza pública y el derecho exclusivo a cobrar impuestos, estas dos potestades están, de alguna manera, disputadas por organizaciones criminales en esas geografías”.
Fue más allá:
“Es decir, hay una toma de control de cuerpos policiales, que son corrompidos por estas organizaciones, nos arrebataron a nuestros policías y además tienen la posibilidad de cobrar extorsión o protección a giros negros, o a giros ilícitos en esas zonas donde ellos pueden tener un cierto nivel de control”.
Así lo dijo. Centró la principal función del Estado en dos asuntos: Fuerza pública y cobro de impuestos, olvidó mencionar el tema que lo lleva a hacer la declaración: Mantener un estado de derecho, ofrecer seguridad pública, social, económica y de desarrollo a los gobernados, con los innumerables instrumentos que para ello tienen.
Pero ése quizá sería el menor de los males. La comparación del Procurador tiene otras implicaciones que provocan zozobra y vulnerabilidad a todos:

1.- Refiere que el crimen organizado se está institucionalizando como el Gobierno.
2.- Que las policías mexicanas no sirven al estado mexicano, sino al crimen organizado.
3.- Que nadie más puede verle la cara a los mexicanos con los impuestos y la fuerza pública, más allá del gobierno (ja ja ja, perdón, pero ésta podría ser otra interpretación).

Entonces con estos dos elementos (el tercero es broma, pues) el Procurador debería emprender acciones más allá de apoyar con sus declaraciones lo que el Presidente ha dejado en claro.
Medina Mora tal vez, podría empezar por recuperar las policías para la nación, acabar con las existentes o modernizarlas, pero hacer algo ya. Como que de palabritas ya estuvo bueno.
A México, de acuerdo a Medina Mora, se lo está llevando el carajo por la inseguridad pública.
Que actúe.


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