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Hombre en la cocina

Una mujer le está friendo unos huevos de desayuno al marido. De pronto,

Turista americano en Alemania

Un turista norteamericano –¡EN ZERIO!– como Dios lo echó al mundo provocó escándalo en la ciudad de Nuremberg, Alemania, cuando decidió pasear en cueros.
Cuando lo detuvo la policía, en respuesta a las quejas de los residentes, el estadounidense dijo que pensaba que su comportamiento era aceptable dentro de la cultura germana.
Y es que como vio que los alemanes disfrutan tomar el sol desnudo en los parques, el viajero de 41 años a media calle se deshizo de sus garras y las guardó en una bolsa de papel para seguir su recorrido. Su ignorancia le costó una multa de 200 euros (unos 269 dolaritos) más una investigación en su contra por conducta inmoral en la vía pública.


Desorden doméstico

Una niña de nueve años de edad le pegó un buen susto a la gente de Braunschweig, Alemania, que pasaba frente a su casa y la veía pegar de gritos desde la ventana de su cuarto. Más se sorprendían al darse cuenta que la pequeña tenía un letrero con el que pedía la ayuda de la policía. A su lado también estaba un niño, muy quieto, sentado en una silla.
Rápidamente los agentes de seguridad llegaron al domicilio para auxiliar a la jovencita sólo para descubrir que –¡EN ZERIO!– el meollo del asunto era el pleito que había tenido con su madre luego de que le ordenara que arreglara su cuarto.
Uno de los policías que observó la escena del crimen aseguró a la prensa local: “La recámara parecía un campo de batalla”.
Dos horas después las autoridades volvieron a la casa para encontrar una habitación con todo en su lugar y una madre e hija al fin reconciliadas.


En estado de ebriedad

También en Alemania un hombre fue detenido por la policía al conducir su silla de ruedas –¡EN ZERIO!– en un absoluto estado de ebriedad.
El individuo de 31 años de edad estaba detenido en medio de la carretera en la ciudad de Schwerin. Dijo a las autoridades que se había ido de parranda con unos amigos y que estaba a sólo una milla de su casa. El problema es que una silla de ruedas no califica precisamente como un vehículo por lo cual ahora la policía discute qué tipo de penalización aplicará para un peatón ebrio que, sin embargo, se mueve sobre ruedas, corriendo el riesgo de atropellar a alguien.


Loros y abogados

Un excelente y exitoso abogado camina por una calle de la ciudad de México y encuentra una tienda de mascotas en la que ve un letrero que dice: “Nos especializamos en mascotas para abogados”.
Entra y pregunta al encargado de la tienda:
- ¿Qué mascota recomienda para mí?
El empleado lo observa y responde:
“¡Mmmmm! ¿Qué le parece estos loros huastecos?”
El abogado revisa de arriba a abajo al dependiente que es un joven, flacucho, con lentes de fondo de botella y cara de enciclopédico.
- ¿Cuánto valen?
 “Mil pesos”
-“¿Y qué sabe hacer?
El empleado argumenta: “Sabe toda la jurisprudencia de la novena época, con votos particulares y genealogía”.
El abogado se fija en otro perico:
- Y éste más maduro ¿cuánto cuesta?
 “Tres mil pesotes”.
- Qué caramba, ¿pues qué sabe hacer?
“Se sabe toda la jurisprudencia de la novena época, votos particulares, genealogía e informes de labores del poder judicial, así como toda la legislación federal y local de todas las entidades del país”.
El abogado se muestra asombrado:
-Oiga, ya por pura curiosidad, ese loro gordo con cara de holgazán que está allá al fondo ¿cuánto vale?
“Ése vale diez mil pesotototes”.
- Ah caray, ¿y ése qué sabe?
El muchacho respira hondo y responde:
“Pues mire, tengo tres años con él y desde entonces no dice ni hace absolutamente nada, pero los otros dos loros peneques le llaman magistrado”.


Secretaria observadora

Un hombre ya maduro contrató una secretaria. Era una mujer joven, ingeniosa, gentil y, sobre todo, muy hermosa.
Un día, mientras tomaba dictado, notó que su jefe tenía  la bragueta abierta. Terminó el dictado y se dispuso a salir de la oficina cuando, antes de cerrar la puerta, dijo: “Por cierto, señor, la puerta de su cuartel está abierta”.
El hombre no entendió el comentario; no obstante, al poco rato se dio cuenta de que el cierre de sus pantalones estaba abajo.
Al hombre le hizo gracia la manera en la que su secretaria se había referido al pequeño incidente y decidió aprovechar la oportunidad para coquetear un poco, por lo que la llamó a su oficina: “Dígame, señorita, cuando vio que la puerta de mi cuartel estaba abierta, ¿por casualidad no vio también a un soldado en posición de firme?”
- ¡Oh, no, señor! Lo único que vi fue un veterano de guerra sin fuerzas echado entre dos viejas mochilas de campaña.


Rincarnaciún

Dos campesinos llamados Juan y María se preparan para ir al campo a realizar sus tareas y comienzan a platicar así:
- Oye, Juan, ¿cómo es eso de la rincarnaciún?
“Ay, María, súbete a la burra, aquí junto a mí, y en el camino ti´xplico”, contesta el indio.
Una vez en camino, cabalgando ya los dos sobre la burra, Juan le dice:
- Mira, María, ¿ves aquella vaca? Ésa puede ser tu tía Gertrudis en ésta, su nueva vida.
Y a continuación le dice:
- Mira, ¿ves esos puercos que están allí in el lodo? Pueden ser tu tío José y tu hermano Remigio, los que se ahogaron en el río.
Claro que a la india María no le cae en gracia para que la explicación sólo use como ejemplo a sus familiares.
- Mira, María, ¿y ves aquel perro roñoso? Ése puede ser tu primo Cipriano.
De repente María comienza a sollozar, en eso Juan, sorprendido, le pregunta que por qué llora.
Ella le contesta:
“Ay Juan, mi siento muy triste”.
- ¿Pero por qué María?, pregunta el indio.
“Porque a lo mijor vinimos sentados en tu querida mamacita”.


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