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Duelo de delegados

Orlando Arvizu Lara ha sido delegado nacional del PRI en Baja California, por lo menos en tres ocasiones. Lo fue cuando Javier Camarena Salinas quiso ser Presidente Municipal de Tijuana, y Héctor Osuna Jaime le ganó, por mínima diferencia, en 1992.
Recientemente, en 2004, Arvizu Lara llegó para liderar estrategias electorales y llevar al triunfo a Jorge Hank Rhon. Lo logró en los tribunales. La diferencia entre éste y el candidato del PAN, Jorge Ramos, también fue mínima.
Originario de Hidalgo, Arvizu tiene harta experiencia, ha sido encargado de la comunicación en secretarías de Estado, ha tenido cargos importantes en el PRI, fue Diputado Federal y dos veces Senador de la República. Para muchos es tan perverso como estratega. No le regatean, pues.
Con estos antecedentes llegó a Tijuana hace algunos meses. Se instaló en conocido hotel de la Zona del Río y desde ahí, como se dice, empezó a operar los hilos de las designaciones en el PRI. Negoció espacios y regresó al redil a más de uno que ya se hacía candidato con la bandera de la oposición. Todo iba bien, hasta que del CEN priísta, la mismísima Beatriz Paredes, le mandó un delegado nacional del PRI. Prácticamente le ninguneó su calidad de asesor del candidato a Gobernador y su estatus tácito de delegado.
El nuevo encargado, o por lo menos el delegado oficial, es un senador. Rogelio Humberto Rueda Sánchez. Aseguran sus promotores que viene de ganar Yucatán, restándole el mérito a la Gobernadora electa. Lo presumen como una antorcha triunfalista entre quienes desconocen que su presencia en la zona es un mero capricho de la dirigencia nacional priísta, para obstaculizar a Arvizu Lara. Y es que, dicen, la relación entre el hidalguense y la tlaxcalteca no es del todo buena.
Rueda Sánchez no se ha visto, pues, como un instrumento de coacción, se aprecia como el artífice de un triunfo que, la verdad, no está tan fácil como en Yucatán.
A ver cuánto dura el delegado oficial, cuando la “chamba” ya la hizo el delegado extraoficial.


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