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J. Jesús Blancornelas

“G-4”

Las pintan de negro. Así no pueden verse fácilmente en la noche. Casi nunca usan luces aunque tienen faros potentes. Son asombrosamente veloces. Facilito soportan mínimo dos toneladas de carga. Naturalmente no tan aparatosa. Y pueden ir cómodamente tres personas. Todos expertos. Son las “G-4”. Llamadas también “Go-Fast”. Lanchas enormes. Más que las de carreras. Y bautizadas así por su rapidez.

Cargadas con paquetes de cocaína salían de las playas colombiana o peruana. Llegaban a medianoche o en la madrugada. A Colima y Nayarit si la carga era para Jesús Héctor "El Güero" Palma. O para su camarada Joaquín “El Chapo” Guzmán. Tratándose de los Arellano entraban por el Golfo de California hasta San Felipe. A unos 200 kilómetros está la frontera con Estados Unidos. O por el Océano Pacífico en San Quintín, al sur de Ensenada. Casi nunca hubo problemas. Marina y Procuraduría General de la República jamás pescaron una “Go-Fast”. Sus patrullas no alcanzan altas velocidades como las “G-4”. Solamente son alcanzadas por norteamericanos. Y eso cuando utilizan sus veloces helicópteros con armas de alto calibre. Normalmente les tirotean alrededor o adelante. Así obligan detenerse al piloto. Solamente cuando desoyen la advertencia les disparan. No a tripulantes. Siempre al motor. En ocasiones tiraron bultos con droga en el mar pero ni eso los salvó. Por eso la mayoría de los narcotraficantes prefería “bordear” y no ir mar adentro. Y así como llegaban rápidamente a costas mexicanas regresaban. Nada más las reabastecían de combustible al descargar.

Desde la semana pasada las “Go-Fast” ya no se ven sobre aguas mexicanas. Al narcotráfico le espantó el alerta anti-terrorista norteamericano. Por eso ahora hay más vigilancia sobre el Océano Pacífico y todas las cercanías fronterizas con México. El motivo: En San Diego, California y cerquita de Tijuana está la base naval más grande de todo el Pacífico. También la flota aérea y el grupo anfibio de mayor importancia. Es la base clave de porta-aviones. De allí salieron a la Guerra del Golfo y ahora para Irak. También está el comando del centro espacial-naval. Funciona la estación básica de guardacostas. Más al norte: Los campos para entrenamiento de “marines”. La planta nuclear de San Onofre y el enorme parque de diversiones “Disneylandia”. Todos esos lugares, blancos ideales para terroristas. Ahora hasta se teme el secuestro de aviones mexicanos que viajan de México a la frontera o Estados Unidos. Los utilizarían como en las Torres Gemelas. Por todo eso ahora hay una vigilancia muy especial. Ya no es tan fácil como antes llegar con “Go-Fast” a costas mexicanas.

Hace días descubrió el Ejército Mexicano: Harta cocaína zambutida en un avión. Aterrizó en Aguascalientes. José Luis Santiago Vasconcelos, jefe anti-drogas, dijo: El importador surte a la mayoría de los cárteles (Reforma, Diciembre 24). Antes la PGR informó de otro decomiso en el mismo Estado. Entonces proclamó oficialmente: La droga iba destinada al Cártel del Golfo (Reforma, Mayo 8). Y empezando 2003 descubrieron también en Aguascalientes, dos toneladas 69 kilos de cocaína. El Procurador General de la República se apresuró a declarar “puede ser de los Arellano” (El Sol del Centro, Febrero 13).

En este caso son dos puntos notables: 1.- Aguascalientes estaba considerada ciudad ajena al narcotráfico. Pero nadie se dio cuenta desde cuando fue escogida para el aterrizaje de mafiosos. Eso empuja a una simple observación. En un año descubrieron tres acarreos con diferencias de cuatro y siete meses. Conservadoramente si por lo menos aterrizó una cada mes, serían entonces 18 toneladas. Y en el otro extremo: Suponiendo que llegaron cada semana, resultarían al menos 40 a 50 desembarcos para 80 ó 100 toneladas. Cotizado el kilo a 10 mil dólares en Estados Unidos, es un océano de dinero. Segundo punto: La gran diferencia en las declaraciones de funcionarios. “Pudieran ser para los Arellano”.“Están relacionadas con Osiel”. O la inaceptable “surten a varias bandas”. Entre paréntesis: Todavía no existe proveedor para dos, tres cárteles mexicanos a la vez. Ni capos que lo acepten. Y lo más triste. Nunca se ha comprobado exactamente para quién remitieron la droga. 

Pero no nada más en Aguascalientes bajan droga. Me han informado compañeros periodistas: Desde 2000 por lo menos también sucede en San Luis Potosí, Zacatecas, Coahuila y Durango. La traen desde el norte selvático de Chiapas. Otra parte de Quintana Roo. En medio de la jungla están moviéndose muy seguido los almacenes. “Clavos”, les llaman en la mafia. Allí llegan por aire, tierra o mar las remesas de Colombia y Perú principalmente. Antes tenían esos almacenes en las fincas de Petén, Guatemala. Pero las cambiaron a suelo mexicano. Me imagino por qué: Ya estaban muy vistas.

Las rutas del narcotráfico son tan cambiantes como impredecibles, menos las sinaloenses. Allí siguen como si nada. La sierra es el lugar ideal para aterrizar y despegar. Los pobladores de esos rumbos son sus mejores protectores. Pero las demás, hoy están aquí y mañana allá. O durarán acá si no son descubiertas. La del Pacífico funcionaba desde hace más de 10 años. Se canceló de un día para otro por el alerta estadounidense.

En este cambio de rutas hay una reciente novedad: Joaquín “El Chapo” Guzmán ya casi está manejando lo que era el Cártel del Golfo. Por eso están registrándose tan recientes, aparentes últimos ajustes de cuentas en el Estado de Veracruz y en la fronteriza Nuevo Laredo. Para él y Vicente Carrillo Fuentes son los desembarcos en Aguascalientes, Coahuila, Zacatecas, Durango y San Luis Potosí. Vicente Carrillo Fuentes y “El Mayo” Zambada siguen recibiendo en Sinaloa. Los Arellano por la costa del Pacífico y la península bajacaliforniana. Ahora desde tierra. Tal vez con aeroplanos bajando a la zona desértica. Pero sin las “G-4” funcionando. Seguramente su estrategia para llevar droga a Estados Unidos también cambiará. Tal vez volverán a operar túneles. O utilizarán más indocumentados para cruzar la frontera por desiertos o serranías. Así fue luego del ataque de septiembre 11. De cualquier forma, el narcotráfico no se interrumpirá ni con la más alta alerta de Estados Unidos. Es muy simple la razón: Mientras los norteamericanos sigan consumiendo, habrá quien siembre y trafique para surtirlos.

Escrito tomado de la colección “Conversaciones Privadas” y publicado el 30 de diciembre de 2003, propiedad de Jesús Blancornelas


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