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Del Valle Imperial al Acapulco en la azotea
Antonio Cano Jiménez
No se trata de la comunidad fronteriza al otro lado de Mexicali. Valle imperial es una comunidad de Tijuana que todavía está esperando parecerse ya no digamos a San Diego como se les ha prometido, ya de perdida, dicen sus residentes, quieren contar con los elementales servicios promedio de una colonia tijuanense.
Ubicados al Este de la ciudad, muy al Este, por allá atrás del bulevar 2000, la colonia Valle Imperial inició su población hace muy poco tiempo como muchas de las colonias de Tijuana. Después de que un “fraccionador” ofreció en “cómodas mensualidades” lotes de 200 metros cuadrados de superficie promedio con “todos los servicios”. De lo elemental, de lo que establece la ley para poder otorgar un permiso de fraccionamiento (si es que lo existe), nada. No hay agua potable, drenaje, energía eléctrica, recolección de basura, servicio de transporte, escuela, parque, tampoco iglesia alguna, ni tienda de abarrotes. Pavimento, guarniciones y banqueta, ni pensarlo.
La promesa de parecerse a San Diego, o de perdida a “Imperial Valley” en California es una burla y una afrenta a la dignidad de las personas que sobreviven en el Valle Imperial tijuanense, quienes aspiran por principio a ser atendidos en sus demandas. Y es que para llegar a este lugar, hay que transitar por una elevada cuesta sobre la cual los vecinos han construido un estrecho camino de concreto por el que apenas y transita un vehículo a la vez. Ni taxis, ni calafias o autobuses prestan servicio de transporte de personas. Lo más patético es que hay una empresa dispuesta a cubrir la ruta de transporte. El obstáculo lo constituye la negativa del Ayuntamiento a autorizar una ruta o la ampliación de una existente dados los conocidos intereses que se mueven alrededor de la delegación de La Presa y los permisionarios del transporte público.
Y mientras hay transportistas de buena fe dispuestos a entrarle a pesar de lo deteriorado de las calles, el mismo gobierno local lo impide y con ello afecta a las familias que requieren de trasladarse a sus trabajos y lo más delicado aún, transitar a pie para acompañar a sus pequeños hijos a la escuela ubicada a varios kilómetros de distancia bajo los ardientes rayos de sol y expuestos a los malandrines que ya han hecho presa de asaltos a las señoras del lugar. A Valle Imperial no entran ambulancias, bomberos y distribuidores de agua.
Cuando se habla con los residentes del mexicano Valle Imperial, se percibe el dolor por la burla de que han sido objeto. No olvidan las promesas. Se trata de gente informada, pensante y de buenos sentimientos a quienes según nos dicen, poco faltó se les ofreciera playa a pie de casa así igualito como en San Diego. Saben y advierten, comentan. Dicen que si pudieran, hablarían seriamente, muy seriamente con los pobladores del puerto de San Felipe. Sí, a los mismos que recientemente se les prometió transformarlos para quedar como Acapulco.
Entonces un hombre como de 45 años recuerda aquel comercial de detergente en el que el simpático vendedor interpretado por el actor Luis Gimeno, ofrecía “lavadoras automáticas” consistentes en una cubeta y el detergente cuyas cualidades limpiaban la ropa de manera inmediata lo que les permitía a las señoras dejar de tallar y disfrutar del famoso “Aaaacapulco en la azotea”. Se trataba de una hamaca, un puño de arena y grava de la obra contigua al edificio cuya azotea era adornada por palmeras artificiales que podían ser contempladas con gruesos lentes obscuros y ridículos atuendos de playa.
“Si a Tijuana lo dejarían como San Diego y miren cómo estamos, a San Felipe seguro lo dejan como Acapulco.... en la azotea”, dice con ironía y sarcasmo un vecino. Como Valle Imperial hay muchas colonias de Tijuana. Es cierto, el crecimiento es mayor y más dinámico que la capacidad de atender las demandas. Los esquemas de distribución del dinero por parte de la federación falta consideren a la población flotante como factor para la radicación de recursos. Sin embargo, ofrecer de manera tan irresponsable, mentecata, transformar a una comunidad en tres años para dejarla como San Diego es ofender y jugar de la manera más irracional y lerda con la esperanza y buena fe de los ciudadanos que, por cierto y léanlo bien, tienen memoria, buena memoria.
Antonio Cano Jiménez es candidato a Diputado de la Alianza por Baja California.
Correo: antoniocanoj@hotmail.com
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