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Los ricos también lloran
Contrariedadez / Raúl Paredes y Hernández
Seguramente recuerda Usted esta telenovela pues, además de exitosa por la trama, tenía un elenco extraordinario. Mire, fue el primer gran éxito de Verónica Castro que le permitió abrirse a la fama en casi todo el mundo; ya sabe Usted que nuestras telenovelas, con todo lo cursi y repetitivas que las juzgue, son muy solicitadas, no sólo en Latinoamérica, sino en Italia, España y hasta en Rusia.
Bueno, pues si no se acuerda, ni modo, porque yo tampoco; sólo recuerdo que “La Veros” estaba “como se le daba su gana”.
¿Se acuerda Usted de la cara que tenía cuando joven? No en balde la designaron como “El Rostro del Año” del diario El Heraldo. Y, ¿sabe Usted con quién salía en la telenovela? ¡Con Christian Bach!
¿¡No me diga que no sabe quién es Christian Bach!?
Es esa güerita argentina que también estaba de rechupete y que en esa época (1980 más o menos) no había conocido todavía al Humberto Zurita, con quien después se casó…
Bueno, pues con relación a la telenovela, no me acuerdo de nada…haga Usted el favor de imaginarse lo que quiera; ¿para qué desea saber la trama? Nada más piense en ellas.
Al tiempo a la pobre Verónica la han descompuesto y tratado de recomponer como doce veces y no les ha quedado bien. Cuando no son “las bubis”, son las “nachas” o si no los labios; pero ya no les queda bien. Para labios, los de Angelina Jolie, ¿no cree Usted?
A la Christian Bach nunca la soltó el marido, lo que más hace es anunciar unos pisos y hace mucho que no la veo. Quién sabe como esté…pero de que me trajo loco, me trajo…
Esto de “Los ricos también …” me vino a la cabeza al recorrer las calles de las mejores colonias de la ciudad; no quiera Usted saber cuáles, pero todas están hechas un desastre entre baches y propaganda política. En los postes hay hasta tres carteleras de diferentes candidatos, además del que nunca falta por esas colonias de “solicito sirvienta”.
Es tal la pasión por los candidatos que las personas han colocado, o permitido que coloquen, letreros alusivos a su candidato favorito dentro de sus propias casas y bardas; y no piense Usted que una cartelerita de esas “furris” como las que colocan los americanos en sus jardines residenciales, no, tamañas cartelerotas anunciando a Hank, Osuna, Ramos o Astiazarán; de los otros, realmente, no hay ninguna, porque, imagínese, en esas colonias ¿quién quisiera tener dentro de su jardín a la Maciel, a “Veloz” o a Moreno Berry…? No, pues no, ¿verdad?
Bueno, para colmo hasta “el experimentado” Fausto Gallardo, que va para diputado, ya mandó pintar, cuando menos, una barda en la mera esquina que forman la Chiapas y la Zitácuaro, en la Hipódromo. Atrasito del Colegio La Paz, por donde pasan todas las desordenadas señoras al recoger a sus chamacos, ¡ni modo que no lo vean!
Ahora espero que al buen Fausto no se le vaya a ocurrir pasar por la colonia a solicitar el voto, montado en un buen caballo, tal como se le ocurrió al ir a registrarse como candidato. Yo creo que se equivocó y pensó que se estaba lanzando como “comisariado ejidal” o algo así…
Volviendo a lo de la barda pintada, yo creo que el dueño de la casa no se dio cuenta cuando se la pintaron –la barda–; de otra forma no hubiera aceptado, pues fácilmente le bajaron como un treinta por ciento al valor de su propiedad.
Esperemos que gane, pues de lo contrario, no creo que vaya a gastar en dejar la barda como estaba. Ya ve cómo son las campañas de los partidos políticos, primero pintarrajean todo y luego se les olvida, además de las promesas, hasta por donde anduvieron. Por ahí todavía hay cerros con piedras blancas pidiendo el voto para Ruiz Cortines; y aquí, en Tijuana, más de una barda con el nombre de René…
Hablando de promesas, ¿qué le pareció el ofrecimiento de Hank de construir las carreteras que nos merecemos: “carreteras para blancos…”, dijo? No, si le digo, no ganamos para problemas con nuestros vecinos de color, a ver si no se nos enojan otra vez. Por lo pronto separe su ejemplar del nuevo Memín Pinguín, porque luego escasean.
Por cierto, seguramente no tenían con que llenar las páginas de un diario local y les dio por insertar una nota sobre una enfermedad de la que no habíamos oído hablar mucho: el “bruxismo”. Antes de leer la nota pensé que probablemente se relacionaría con el “foxismo” y la señora de él; después me enteré que es algo del estrés…
Ahora, mire, volviendo a La Veros y a Christian, las dos son de baja estatura, pero como diría el señor Naranjo: ¡Qué buenas están mis chaparritas! (chiste viejo).
Raúl Paredes y Hernández es ingeniero civil y reside en Tijuana, B. C.
Correo electrónico: raul3824@prodigy.net.mx
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