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Adela Navarro Bello
El Ángel
Los monumentos tienen una razón. Una motivación. Un origen y una justificación.
El Ángel de la Independencia en la Ciudad de México, uno de los más icónicos del País, fue inaugurado en 1910 por el Presidente Porfirio Díaz.
Se construye en la llamada bella época de la República Mexicana y en honor al centenario del inicio de la guerra de independencia. De hecho en el mausoleo de El Ángel, se encuentran los restos de Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria, Leona Vicario, Andrés Quintana Roo, Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Juan Aldama, José Mariano Jiménez, José María Morelos, Mariano Matamoros y Nicolás Bravo. Todos participantes en el movimiento independentista entre 1810 y 1821.
No es pues, este histórico monumento un asunto que deba tomarse a la ligera. Tiene prosapia y prestancia. Se impone como símbolo a su vez de la democracia. Vicente Fox celebró ahí su triunfo un 2 de julio.
También es campo de batalla de manifestantes, maestros, pueblos, estudiantes, burócratas y otros. Sus inicios en el Paseo de la Reforma han sido territorio de hinchas mexicanos. Las victorias de la Selección Mexicana de Futbol no saben si no se celebran en el Ángel. Hasta el matador español Julián López “El Juli” celebró ahí el primer rabo que le otorgaron en la Plaza México.
Esta es tan sólo una partecita de lo que representa El Ángel para el Distrito Federal.
Para el Distrito Federal.
Tijuana, una ciudad nueva relativamente, es otra cosa. Está en otra dimensión, tiene otras características y suma muchas culturas. Muchos méxicos en un solo territorio. Ciudad de migrantes, de maquiladoras, fronteriza, de cerveza, bicultural, insurrecta, de colores, sin raíces definidas, sin monumentos históricos que sumen centenarios de existencia. Se inventa todos los días y renace al siguiente.
Tijuana es lo que es por su gente, por su espacio, por sus cerros y su mar. Por el olor. Por las luces.
Tiene ya sus puntos característicos. Las torres del bulevar, el Minarete, la torre de Agua Caliente, la garita de San Ysidro, el edificio (ahora un tanto opacado) del Centro Cultural, la Casa de la Cultura y sí, el monumento a la Independencia. Esa suerte de mezcla de colores, esas alas estilizadas de metal. Esas “tijeras” que centran la primera glorieta cuando se entra a México de San Diego. Por el Paseo de los Héroes. El inicio del Río Tijuana.
Polémico el monumento, se convirtió en una parte del escenario cotidiano y punto de encuentro para muchos tijuanenses que van a la Plaza Río, a los Estados Unidos, al CECUT, a la Plaza Fiesta o de paso a Otay, al Centro, a La Mesa, al Centro, a oriente o a poniente.
Ignacio Kurt Honold sigue montado en el capricho de su existencia: Reubicar el monumento a la Independencia de Tijuana para erigir en ese mismo espacio una réplica, pequeña, a escala, diminuta, del monumento a la independencia de la Ciudad de México: Un Ángel.
Es una pena que una persona relativamente joven, con todo el poder municipal, no tenga más capacidad ni creatividad, que plagiarse monumentos para la ciudad, en lugar de ordenar el paso vehicular de la ciudad, la recolección de basura, los baches, la drogadicción, la urbanización, la introducción de servicios básicos en la periferia, la construcción de vías alternas, el levantamiento de escuelas, de guarderías, de centros de entretenimiento o deportivos. Hay tantísimas cosas qué hacer en y por Tijuana, que es ridículo pensar, como obra de gobierno en construir una copia de un monumento en un sitio donde ya existe uno propio.
Kurt Honold es un remedo de Kiko Vega, el penúltimo alcalde panista en la ciudad, que se aferró a construir un arco monumental y heredó una estructura de hierro con una telaraña en medio. Kart, al igual que Kiko, no ha sabido ver más allá del ego de dejar en las calles una obra “magna” para ser recordados. Los dos tuvieron, uno todavía ostenta, la oportunidad de hacer un gobierno eficiente para los ciudadanos, y no.
Se van de bruces con las obras de ornato, que cuestan mucho y sirven poco.
Es lamentable, pero así es. Y cercanos a Kurt Honold no se cansan de decirlo. Traerá un Ángel de la Independencia, porque ya hasta en su escritorio tiene la réplica de lo que será la copia del Ángel de la Independencia de la Ciudad de México.
Patético.
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