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Homenajes y obras inéditas

En cuanto a las lecturas de poesía de “Horas de Junio”, figuran las de autores conocidos y otros no tan reconocidos.

Enrique Mendoza Hernández

Por aquellos días, en el agonizar de mayo y renacer del siguiente mes, en Hermosillo todavía eran recientes las secuelas noticiosas de la matanza de 23 cristianos. En esos tiempos cruentos, Sonora fue nuevamente el ombligo nacional, aunque ahora en el terreno político: Elba Esther Gordillo “destapó” como candidateable presidencial para 2012 al Gobernador de Sonora, Eduardo Bours, por aquello de que “lo tiene todo, no sólo es sensible, inteligente y capaz, tiene visión; él, en mi opinión, lo tiene todo”. Así lo postuló en Caborca.

Fuera de las ocurrencias de la polémica maestra, parecía que en Sonora, concretamente en la “ciudad del sol”, no ocurría nada. No se miraba mucho movimiento en sus calles angostas. Y es que, al igual que los cachanillas que se ocultan en verano en los centros comerciales (con aire acondicionado, claro) para a fuerza escapar del infierno, los hermosillenses también preferían refugiarse.

Al menos una veintena de escritores locales y foráneos ya se encontraban albergados en el Archivo Histórico de la Universidad de Sonora (UNISON). Es que era el inicio de las ya famosas “Horas de Junio”.

Desde las tres de la tarde moderadores y escritores ya empezaban a hacer ruido en el Encuentro Hispanoamericano de Escritores. Coordinado por Raúl Acevedo Savín, el evento literario constó de 33 mesas con sus respectivos escritores; algunos ausentes, otros llegando de última.

ero en el primer día, cuatro mesas dieron inicio a las “Horas…” con lectura de poetas sonorenses. La quinta, a las ocho de la noche, estaba reservada para que escritores y amigos rindieran homenaje luctuoso al poeta Alonso Vidal.

Recordaron al poeta

Un poeta que no hace alguna trampa en el lenguaje y demás andamiajes, no lo es. Sabedor de la premisa, Vidal decidió viajar exactamente en la aurora de las “Horas…”, para que lo recordaran en el evento. Fue el 29 de mayo cuando el escritor y promotor cultural pasó a mejor vida.

un año de su éxodo, Alonso Vidal fue recordado con lectura de poesía y otras anécdotas. En la mesa de tributo al poeta, que “faltaba como la espina a la rosa lo total para ser rosa” (a decir de Abigael Bohórquez), se anotaron Eleazar Bórquez Moreno, Pío Daniel, Iván Ballesteros, Juan Diego González, Iván Camarena, José Juan Cantú, Ismael Mercado y Mario Arturo Ramos. Para recrear la presencia de Vidal, los homenajeadores montaron un espacio escénico: Sobre un escritorio resaltaba la máquina de escribir original desde donde el poeta heredó “Del Amor y Otros Incendios”, “Ceremonia de Verano”, “La Raíz del Ángel”, “Paráfrasis de Cantos y Poemas Indígenas del Noroeste de México y Arizona”, “Los Nuestros”, “De Metamorfosis o la Copa Dorada de Dionisio”, “La Madriguera de los Cobra” y el polémico reportaje-antología “Poesía Sonorense Contemporánea 1930-1985”, entre otros títulos.

En “Alonso y su Habilidad para Devorar Libros”, Juan Diego González narró cómo conoció al poeta y, por ende, su influencia en él; al final de las peripecias confesadas, leyó: “Alonso creía que si una persona lee los mismo libros que leyó un escritor, entonces conoce más que ese escritor. Es hora de leer los mismos libros que leyó Alonso, empezando por su propia obra…”.

En “Un Año sin el Poeta Alonso Vidal”, Mario Arturo Ramos se comunicó al más allá con el homenajeado y lo puso al tanto de lo que ocurrió recientemente entre los mortales:

“El período ha estado movido y violento, debo decirte que culminó el año dedicado a W. A. Mozart, Andrés Henestrosa cumplió 100 años, Alí Chumacero 88 y García Márquez llegó a los 80; Carlos Monsiváis recibió el Premio Juan Rulfo que ya no se llama así; Carlos Fuentes publicó un nuevo trabajo; conmemoramos 50 años del fallecimiento de Gabriela Mistral, ‘La Maestra de América’; si la ves salúdala, dile que la extrañamos”.

Al igual que el 2 de junio, cuando el Encuentro de 2006, José Juan Cantú leyó la misma “Elegía por la Muerte de Alonso Vidal”:

“La ausencia es un canto como seda, como la palma de la mano del emigrado, desnuda de pura patria, la patria pura es una daga que exhibe una leyenda que reza: tu maldito olvido. La elegía detrás del último árbol de mezquite. Los recuerdos son pájaros atolondrados, ebrios como trombones desencajados, enredados con la partitura del que se nos fue vivo. Deletreo un anuncio en ese póstumo árbol: Precaución, Alonso Vidal, próximos 500 metros, disminuya su velocidad”.

Junto a la máquina de escribir y mientras la poesía y las anécdotas eran leídas, un acomedido proyectaba múltiples imágenes del poeta a través de Power Point.

Precursor de suplementos culturales como “Bogavante” o el tan citado programa “Las Lecturas de la Lechuza”, Vidal dejó inédita la novela “Dorados Lodos de Aquellos Polvos”, misma que, de acuerdo con Eleazar Bórquez, “posteriormente va a publicar la Universidad de Sonora”.

En cuanto a la obra del que partiera hace un año, Arturo Valencia atinó a concluir:
“El legado poético podrá llegar a ser algo permanente, algo efectivo, una vez que pase algo de tiempo y lo podamos visualizar en la perspectiva, tiene que pasar por lo menos una generación más”.

Al menos sus camaradas escritores le han rendido homenaje dentro de eventos importantes como “Horas de Junio” de 2006 y 2007. Quien sabe por qué en Tijuana no ha habido homenajes, en el marco de sucesos literarios e importantes, oficiales o no, a escritores como Eduardo Arellano o Rubén Vizcaíno, por mencionar algunos. ¿Será que el calor hace a los hermosillenses tener más memoria que los tijuanenses? Porque al menos, razones literarias sobran en los autores mencionados.

El primer día de las “Horas…” concluyó con cinco mesas de lecturas. Faltarían 28 de 33.

Entre escritores y escribidores

Como ya se sabe, el Encuentro consiste en que escritores de trayectoria y jóvenes principiantes, dan lectura a sus obras. Entre los alrededor de 200 participantes se reconocían a algunos de experiencia, y algunos no de tanta. Por eso entre ellos mismos se les escuchaba decirse escribidores, escritores, escribas o poetas.

Y es que la característica distintiva del Encuentro Hispanoamericano de Escritores es que tal congregación es un evento en donde los literatos con trayectoria escuchan de viva voz las lecturas de los aspirantes a escritores, y viceversa.

Entre las sedes destacan el café-bar El Peñón de las Ánimas y el Auditorio de la Sociedad Sonorense de Historia (SSH). Entre los pasillos de los inmuebles, algunos participantes repartían su palabra escrita. En libros y revistas, suplementos y plaquettes, engargolados y empastados, engrapados en distintos formatos y tamaños, trípticos y dípticos, y hasta en hojas sueltas, los escritores intercambiaban sus obras, algunas inéditas. Tan variados los formatos como la calidad de la obra.

En El Peñón de las Ánimas, Eleazar Bórquez leyó: “Aquí estoy/digo presente/para oír cómo se precipitan las palabras/bajo el eco y el espíritu de voces que/alguna vez se pronunciaron/Pellicer, Neruda, Bohórquez, Vidal…”.

Las jornadas fueron largas: Desde las 10:30 hasta las 20:00 horas. Por eso en un principio los escritores asistentes escuchaban religiosamente hasta antes de que el hambre invadiera. En El Peñón de las Ánimas, después de las 4 ó 5 de la tarde, es decir, las últimas dos o tres horas, ya nadie escuchaba. Los escritores en turno leían fuerte, muy fuerte, para atraer la atención que usurpaban la cuarta o quinta cerveza.

De Coahuila, circulaba “Tres Poetas Perros”, antología que reúne obra de Carlos Reyes Ávila, Carlos Velásquez y Adrián Román, mismos que hicieron su presentación el jueves 31, en el Auditorio de la SSH.

“Creo que los tres son candidatos al premio Nóbel de la desventura. Las mujeres, quién más, se han encargado de hacerlos trizas”, escribe Eusebio Ruvalcaba, el antologador, en sus “Palabras Previas”.

“Celebro este libro. Y lo canto y lo bebo. Y si el día de mañana las cosas van como antevén, prometo escribirle no unas palabras previas, sino un corrido. El de tres perros que escarbaban en la basura para alimentarse, cuando la vida los dotó del verbo”.

Así sucedían los días: Alguna treintena de escritores escuchaba a sus colegas participantes. A veces eso era preferible a estar afuera en plenos 40 grados. 

No había formalidad ni burocracia. Los escritores anunciados en el programa no siempre estaban presentes. Jueves o viernes, algunos apenas venían llegando.

Después de dos o tres días la recopilación de textos hacía ver la variedad de la calidad literaria. Seguía circulando la palabra escrita: En su edición 26, la revista mensual Altanoche, dirigida por Victor Hugo Barrera Peralta,  recopilaba obra de 12 escritores, entre ellos Manuel Llanes, Gabriel Trujillo, Eusebio Ruvalcaba y Norma Alarcón.

De Arnulfo Vigil, de Nuevo León, rondaba “El Regreso de Ángel Bermellón”, la segunda edición, corregida y aumentada, claro, publicada por Índigo Editores.

De Baja California Sur, Raúl Cota distribuía Cascabel número 11, revista bimestral de literatura. Con la reaparición de la publicación “se inaugura un ciclo de colaboración de distintos puntos del país en espera del eco colectivo y la participación local en este intercambio literario que refleja el interés de las letras jóvenes en crecer y ayudar a crecer”, reza la editorial a cargo de Cota Álvarez. La revista reúne obra de Torreón y San Luis Potosí: De la primera ciudad, Daniel Maldonado, además de los tuneros Félix Dauajare, Olimpia Badillo y Julio Rangel.

Algunos escritores de Tijuana también repartían su pensamiento: De Ediciones Altanoche, en Tarántula número 5, Roberto Castillo anota algunas reflexiones a propósito de traducciones y traductores:

“La idiotez, pues, de pronto se vuelve común en muchos casos de palabras, metáforas y versos de literatura inglesa al pasar al español”.

También allá andaba Francisco “El Pancho” Morales. Repartía un tríptico que contenía textos inéditos, mismos que serán incluidos en “Correo del Hombre Gris”, libro precisamente en proceso de publicación:

“Estuve trabajando la idea ornamental/del desasosiego/Sus arrumacos transgredían la línea precisamente azul del mar./1, 2, 3 machacaban los pies/en su repetición absurda/pues a dónde habremos de ir/que no estemos ya volviendo”.

Más poesía inédita
Lina Zerón, Indran Amirthanayagam y Ernesto Cardenal, dieron a este Semanario poesía inédita. Los dos primeros, a propósito, también participaron con sus textos en homenaje al poeta nicaragüense. La poetisa del Estado de México compartió “El Patio Trasero”:

“Nunca lo supe pero ahora dicen que nací en un patio trasero/más viejo, más antiguo que los árboles más altos del norte/con más historia que la siniestra casa blanca de enfrente/Aquí la hierba se cultiva con indigno y contento desorden para que allá la consuman y disimulen sus conciencias/mientras sus hijos empuñan armas en los colegios/y sus padres empuñan armas en los mercados/mientras las  madres pintan de sal las bolsas negras/y el amo de casa practica golf cada mañana”.

El autor de “El Infierno de los Pájaros” (con prólogo de José Emilio Pacheco e ilustraciones de José Luis Cuevas, Resistencia, México, 2001), continúa escribiendo en varios idiomas. El poeta sri-lankés anunció sus próximas publicaciones: “The Splintered Face: Tsunami Poems” y “Sol Camuflado”. De este último, “Té con un Cisne”: “Un sapo, un cisne, un té helado/antes de la lluvia, anoche/cuando me desperté con fiebre/del sueño y corrí a la calle/para quitarme tantas imágenes”.

Para finalizar, Ernesto Cardenal, que también anunció que está escribiendo un libro sobre un tema de México, deja ver sus andanzas por el mundo:

“Después de revisar los animales amazónicos/el gran leopardo acostado/amarillo con cuadriláteros negros/minúsculos monitos peleándose/de mentira entre ramitas/los papagayos envueltos en banderas/el perezoso de garras aterradoras/pero débiles/el tucán estrafalario tras su filoso pico/como la flor pico-de-pájaro/(Heliconias)/la boa gruesa como manguera de bombero/desenrollándose/decorada con grecas incaicas/el extenso lagarto/y su topografía accidentada con altos picachos/las tortugas extáticas cada una en su piedra/la nutria elástica estirada a más no poder/­el guía indígena de nueve años/alzó del suelo un pétalo inmenso/rojo/caído de un árbol/y me dijo:/“Tóquelo, es suave como la piel del leopardo”/Y sí era suave como la piel sedosa/con cuadriláteros negros/que no tocamos”.


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