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Pan y Zirco
Juan Carlos Domínguez
Tijuana tan importante y tan dada al catre. Eso es lo triste. Mire, aviéntese un recorrido en carretera, por lo menos hasta Hermosillo. Pasará por Tecate, Mexicali, San Luis Río Colorado, Caborca, Sonoyta, Santa Ana, Benjamín Hill… en fin, y las que le quiera agregar. Todas, son ciudades menos importantes que la nuestra, pero, para nuestra desgracia, ninguna tan jodida como Tijuana. Hasta Mexicali está mejor. De entrada, todas tienen el espacio vital, calles amplias y planas, sin el amontonadero de gente en las colonias. Y aunque las quisiéramos ver como pueblos, ninguna de ellas lo es ya. El hacinamiento y el tercermundismo son más evidentes aquí, en Tijuana. Es una olla exprés que un buen día va a explotar.
Y para más barroquismo de nuestro paisaje tijuanero, el Ayuntamiento de Tijuana tuvo la ocurrencia, durante varias semanas, de adornar los camellones de algunas vías rápidas con carros chocados, hechos chatarra. Dentro de una campaña dizque para concienciar a la población sobre el peligro de manejar sin precaución –como si el simple hecho de circular sobre nuestras calles no fuera ya como hacerlo por campos minados—. El caso es que las esculturas aleccionadoras de carros siniestrados, pasaron desapercibidas. Yonques por el estilo circulan miles por toda la ciudad, se nos ponen a un ladito en cualquier alto de semáforo. No fue novedad, no asustan. Consumimos los desechos de los gringos. Aquí cualquier “calzonudo” hace sus ahorritos, compra su auto y se avienta al ruedo. He ahí, el principal factor de peligro.
Los atractivos turísticos de Tijuana, no obstante, siguen siendo bonitos y dignos de presumirse. Por lo menos eso es lo que nos hace suponer el que las autoridades anunciaran que habrá un recorrido, “con una línea de autobuses especializada”, que partiendo de la Línea Internacional paseará a nuestros visitantes por las partes más simbólicas y atrayentes de nuestra ciudad –así, como el “turibus” que funciona en el Distrito Federal, Puebla u otras entidades. De entrada, el recorrido lúdico para nuestros turistas, tendrá que partir de ahí, del bordo. Luego, el resto de nuestros emblemáticos sitios. Lomas Taurinas, de rigor, es nuestra colonia con más carga histórica; Avenida Revolución y su “cosmopolita” vida nocturna; la Zona Este (Florido, Mariano, El Pípila y demás), reflejo de nuestro gran desarrollo urbanístico, Fraccionamiento Chapultepec y Lomas de Aguacaliente, cuna de ilustres familias y héroes del narcojuniorismo; y así nos vamos. ¡Ah! Y un nuevo sitio de reciente adhesión a nuestro listado de lugares emblemáticos en Tijuana: El Hospital General.
Y nos siguen llegando grandes inversionistas, aún así. La última personalidad que anduvo por acá y mostró su interés en destinar una buena cantidad de dinero en alguna empresa en Tijuana o Rosarito, fue la “célebre estrella de talla internacional” María Conchita Alonso. En una fiesta en un departamento de la colonia Chapultepec, el manager de la actriz y cantante le decía a ésta: “Para tus inversiones mira, él te puede ayudar…”, y le señalaba al Alcalde Kurt Honold. El Presidente Municipal complacido sonrió pero María Conchita le instó: “Sí, pero tú ya te vas, ¿no? Honold respondió: “Por eso… Hay que apurarnos, para poder ayudarte”. Y la venezolana arremetió entre maliciosa y retadora. “!Pues nos ayudamos!”. Así se gestan los proyectos en nuestra entidad, por supuesto siempre anteponiendo los intereses y bienestar de los más importantes: nosotros, los tijuanenses.
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