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Se raja

Adela Navarro Bello

Apenas si se puede creer que Jorge Hank Rhon, tenga el valor de acusar a alguien de mal gobierno. Es como escupir para arriba. De plano ponerse de pechito para la réplica a sus anuncios televisivos.

Es una contradicción. Si alguien falló y lo reconoció en el problema de la inseguridad, fue Jorge Hank Rhon en sus poco más de dos años como Alcalde de Tijuana.

Vea usted: Para finalizar su satírica oda al “yo acuso”, Hank termina con una frase que se supone refrenda no sólo su palabra, sino su condición moral y sus acciones: Yo no me rajo, dice.

Nada más contradictorio a su propio ser.

En la campaña de 2004 para la Presidencia Municipal de Tijuana, el hijo de su profesor padre, prometió (y ahí están panfletos, cuadernillos, y parafernalia de campaña como prueba) acabar con la inseguridad en la ciudad.

Todavía resuena en la memoria como triste sátira, su escena en un comercial para la televisión donde prometía que la ciudad sería la más segura en su administración y terminaba con una toma amplia donde se veía un plato de huevos en la mesa y él, ufano, decía que de “ésos” no le faltarían, en clara alusión al hombruno espíritu que estaba representado en la mesa.

Su lema de hecho en aquella campaña fue “para que estés bien y seguro”.
Pasada la campaña, la luna de miel entre aquellos que lo ayudaron a llegar y cuando de trabajar se trató, el hombre se echó para atrás. Reculó. Cambió, se desmemorió y hasta se desdijo. En pocas palabras y emulando el final de su nuevo spot propagandístico en la televisión: Se rajó.

Empezó por cambiar el lema. Ya no era un gobierno “para que estés bien y seguro”, como pregonó y ganó algunos votos. No. A las primeras de cambio la papelería y la propaganda institucional del Ayuntamiento de Tijuana, pasó a tener la leyenda “para que estés bien y de buenas”. De lo seguro que prometió y no pudo cumplir, cambió a la gracia de lo de estar de buenas.

Muchos tijuanenses se preguntaron en aquel momento y ahora, cómo era posible estar de buenas en una ciudad tan insegura, pero nadie respondió.
Ahora Hank promete que el estado será el más seguro. Que combatirá en cinco municipios lo que no pudo hacer en uno: La delincuencia, ya no digamos organizada, la de los llamados “delitos” menores. No pudo con su policía preventiva, prevenir nada. Fueron agoreros de épocas turbias para una sociedad que vive entre el crimen organizado.

Dijo también como candidato en el 2004, que quería para encabezar la policía municipal a alguien con las características de Arturo Durazo Moreno, conocido por sus oscuras relaciones, perseguido por la corrupción y encarcelado por muchos delitos. Obviamente cuando Hank lo requirió el hombre ya había fallecido, pero se trajo lo más parecido: Ernesto Santillana Santillana, que salió de la ciudad más cargado de lo que llegó y entre acusaciones de empresarios, políticos y sociedad, de haber traído a la localidad varios comandos negros a delinquir.

Con estas acciones, Jorge Hank se rajó de facto en su promesa de seguridad.

Por eso ahora que promete para el estado lo que no pudo llevar a cabo en un municipio, y además asegura que él no se raja, es muy sospechoso. Es como justificación al pasado. Como dar otra palabra para que sea tomada como buena. Pensando ahora sí me creerán.

Es evidente que este hombre es de los que realmente piensan que en campaña todo se vale. Prometer lo inalcanzable, lo inoperable y lo que no se puede comprobar. Alguien debería encabezar un organismo de verificación de propuestas. Más allá de un efecto mediático, una medida educativa, científica y administrativa para analizar propuestas, caras, gestos, frases y palabras y demostrar cuando la persona está mintiendo, cuando su proyecto no es viable, y cuando de plano le quieren ver la cara de ignorantes a los electores.

Jorge Hank ya se rajó una vez. Fue en el 2004 cuando pasó de prometer seguridad, a profesar una sensación de bienestar.

Ahora dice, que él no se raja.

El dicho es espectacular: Dime qué presumes y te diré qué careces.
¿No?
Mucho ojo.


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