J. Jesús Blancornelas
Misión Imposible
Esto es como si fuera un episodio de “Misión Imposible”: Un antiguo jet DC-9 se apareció el lunes 10 de abril de 2006 en el aeropuerto de Ciudad del Carmen, Campeche. Oficialmente nadie lo esperaba. Aterrizó sin problemas. Los motores se apagaron. La escalerilla para descenso propia del avión apareció automáticamente. Entonces el piloto bajó rápido. Cruzó la extensa pista seguramente corriendo. No le pusieron el alto ningún oficial de seguridad, Instituto Nacional de Migración, Aduanas. Nadie. Salió de la terminal. Afuera lo esperaba un auto. Se trepó apresurado. Y el vehículo se esfumó velozmente. Es un misterio adónde fue y con quiénes estaba. Los vigilantes normalmente atentos en cualquier aeropuerto son muy exigentes con los viajeros. Pero a este piloto y en el auto conducido por quién sabe quién, ni siquiera le llamaron la atención. Al contrario: Parece haber recibido vía libre como los influyentes. Una de dos: O encargados del aeropuerto los agarraron en la tradicional posición de evacuación corporal o, de plano, ya estaban de acuerdo. No hay de otra. La verdad. Nunca antes supe de un piloto haciendo eso. Normalmente deben esperar a bordo para ser revisados por aduanales y oficiales de Migración. También es obligación reportarse con funcionarios de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA). Pero no hizo nada de eso ni nadie lo obligó. Y si un auto lo esperaba es lógico: Ya estaban de acuerdo. “En cuanto aterrice me salgo del aeropuerto y nos vamos”. Para esto ya sabía dónde estaba exactamente el auto.
Lo más curioso de todo. En lugar de invitar a su co-piloto le abandonó en la nave. A este fulano ni lo dejaron bajar y lueguito lo esposaron. El Ejército Mexicano al inspeccionar el arcaico jet encontró maletas repletas de cocaína. Poco más de cinco toneladas. Los militares tuvieron problemas para subir a la nave. Trabajadores del aeropuerto les previnieron con alarma. “El avión puede explotar. Trae una fuga de aceite”. Pero los oficiales no se la tragaron: De cuando acá el lubricante estalla. Aunque sí hubo un defecto pasajero en la rueda izquierda del tren de aterrizaje. Pareció atascarse y no rodó provocando humareda. Así las versiones chocaron. Y para acabarla interrogaron al co-piloto venezolano Miguel Vázquez Guerra: “¿Cuál fue el motivo de tan inesperada llegada al aeropuerto mexicano?”: La respuesta sorprendió. Se iban a reabastecer de combustible. Con tal expresión quedó en claro: Ninguna emergencia. Cero peligro de explosión. En fin. Si es increíble lo del piloto huyendo también lo resultó cómo cargaron de droga el jet en Caracas. Imposible no darse cuenta del acarreo al mayoreo de maletas para viaje. Si no utilizaron grúas debieron ser una veintena de hombres los autores de la faena. Forzosamente estos señores se darían cuenta del contenido. Y luego treparlas a una nave sin asientos para pasajeros. Bien pudieron haberlas depositado en el espacioso compartimiento de equipaje.
Otra aguja en el pajar: El jet salió de Caracas. Ya para entrar a espacio mexicano regresó a su punto de partida. Y nuevamente enfiló directo a Ciudad del Carmen. El motivo de tal movimiento no pudo ser un defecto en la nave. La hipótesis más clara: Todavía no despegaba de Toluca el jet Falcon, con quien se encontrarían. Sus pilotos Fernando Poot y Marco Antonio Pérez deberían aterrizar también en Ciudad del Carmen. Se encargarían de solicitar una extensión hasta Toluca para el vuelo del DC-9 con todo y droga. Pero la mala suerte les cayó a estos señores: No sabían ni del piloto desaparecido y menos de la cocaína descubierta por el Ejército. Así no hubo de otra para ellos. También fueron detenidos. Las autoridades supusieron un traspaso de la droga al jet Falcon recién llegado de Toluca. Pero hubiera sido una monserga. Meter maleta por maleta a una nave para ejecutivos no tenía caso. Primero no cabía el cargamento. Segundo, los empleados del aeropuerto se darían cuenta del contenido. Y tercero, no tenía caso arriesgar a dos jets cargados con droga.
Las autoridades suponen: La guerrilla colombiana entregó la cocaína. Fue trasladada a Venezuela para despistar y no arriesgarse saliendo de Colombia. Allí está repleto de agentes anti-drogas de Estados Unidos. Aparte la Guardia Nacional colombiana ha capturado recientemente a importantes capos. La suposición de las autoridades mexicanas sobre ese movimiento es lógica. Pero hasta el momento no probada. Ni siquiera por haber pedido cooperación a Venezuela y Colombia. Y también suponen los investigadores mexicanos: “La cocaína era para el Cártel de Sinaloa”. Para empezar no existe el “Cártel de Sinaloa”. Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” tiene su grupo. También “El Mayo” Zambada. Los Carrillo Fuentes manejan el Cártel de Juárez; “El Güero” Palma y “El Azul” Esparragoza con su banda. Todos “trabajan” individualmente. Y en la realidad: Tampoco ha sido probado si las cinco toneladas de droga eran para tales mafiosos. Una semana después del aterrizaje en Ciudad del Carmen, llegó un jet particular a Tijuana. Sólo colombianos pasajeros. Allí sí los inspeccionó Migración. Detenidos. Documentación irregular. Intervino Aduanas y demás autoridades. Todos fueron relacionados con el jet DC-9 procedente de Venezuela. Se los llevaron al D.F.
En fin: Fueron detenidos los pilotos. Sólo faltó el principal. Cómplices. Se sabe quiénes fueron los propietarios de los jets. Allí estuvo la droga. Todo para saber sin duda de dónde venía y a dónde iba. Ha pasado mucho tiempo y la autoridad no tiene nada seguro. Esto me recuerda aquella vacilada de hace sesenta y tantos años en la primaria. En el recreo se hizo famosa la pregunta: “¿De qué color es el caballo blanco de Napoleón?”. Unos abusados contestaban inmediata “pos blanco”. Pero otros decían preguntando “¿café?” “¡¿negro?!”. Así andan nuestras autoridades. No lo entendieron. O no lo quisieron entender por complicidad. Confirmación clara: La PGR ya no puede. También para ellos es misión imposible.
Escrito tomado de la colección “Conversaciones Privadas” y publicado el 25 de abril de 2006, propiedad de Jesús Blancornelas.
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