El Teatro en Tijuana
El dramaturgo Ignacio Flores de la Lama mira de reojo la actividad teatral tijuanense: “No podemos hablar de ‘corriente escénica’ cuando no se ha logrado establecer el concepto de ‘temporada’”. Y reconoce que el teatro en esta ciudad “está pasando por una crisis de crecimiento”.
Enrique Mendoza Hernández
¿Y las temporadas de teatro en Tijuana? ¿Puede hablarse de alguna corriente teatral desde esta esquina? Para empezar pronto: ¿Qué pasa en el teatro local? Desde el Distrito Federal, el dramaturgo Ignacio Flores de la Lama reflexiona en torno al quehacer escénico de Tijuana. Licenciado en Literatura Dramática y Teatro por la Universidad Nacional Autónoma de México, De la Lama ha sido director de una treintena de obras, entre ellas “Caída Libre”, o “¡En Esta Esquina!”.
Refugiado en Tijuana a mediados de la década de los ochentas, el dramaturgo dirigió el clímax del extinto CAEN (Centro de Artes Escénicas del Noroeste) de mayo de 1995 a enero de 2001. Década y media en el terreno escénico tijuanense lo avalan como conocedor del teatro local que se hace (o hacía) en esta ciudad. Entonces, tomando como punto de partida por lo menos las dos últimas décadas del siglo decimonónico, el dramaturgo cavila en torno al teatro local de los últimos años.
En comparación con las etapas del teatro en Tijuana durante las décadas de los 70, 80 y 90, ¿cuál será la situación actual del teatro en esta ciudad? ¿Cómo es vista la disciplina en cuestión desde el centro del país? ¿Qué perspectivas se visualizan para el teatro tijuanense o bajacaliforniano?
Antes “nadie se autoproclamaba ‘artista’”
De la Lama reflexiona desde por lo menos la década de los 70. Por aquellas épocas “se hacía un teatro más austero, pero sobre todo más modesto en sus aspiraciones.
“No había grandes pretensiones artísticas; la gente que hacía teatro se dedicaba a alguna otra cosa. Era una época en la que sólo se podía contar con el entusiasmo de algunos actores, que se convertían en directores, productores, maestros, promotores y todo lo que hiciera falta con tal de sacar adelante su proyecto. No se podía hablar de formación actoral; había que emigrar si se buscaba algo más que un curso”.
Hoy, ciertamente medio mundo se publicita artista, cualquiera se dice multidisciplinario o curador; es probable que tales ideas protagónicas disten demasiado:
En aquellas épocas, “nadie se auto proclamaba ‘artista’”, acierta “Nacho”.
Entonces, allá por los años setenteros, el teatro local apenas brotaba. Como en todo, había muy buenos teatreros y otros no tanto:
“Solo era gente buena con ganas de contar historias, o con la intención de participar en un evento social, algunos lo hacían muy bien y otros muy mal, esto último creo que no ha cambiado”.
Durante los 80, década en que el dramaturgo descubre Tijuana, el arte escénico toma fuerza por aquello de que hubo “más apoyos teóricos, más lecturas, más ideas y más riesgo”.
Fue en esta década cuando “se experimenta con espacios alternos, se descubre a autores empolvados, se adapta narrativa para llevarla a la escena, se hace dramaturgia inédita con identidad regional; pero sobre todo, aparece una aspiración artística y con ella se advierte la necesidad de la profesionalización”.
A decir del director, “los noventa arrancan fuerte y creo que se desinflan pasando la mitad de la década”.
Aunque en sus reflexiones De la Lama no da nombres de actores, dramaturgos u obras, “porque más allá de un real o supuesto movimiento teatral, siempre ha habido individualidades y liderazgos que se destacan y que pueden hacer la diferencia.
“Quizá algunos trabajos que salen de gira lo logran (una presencia nacional) en alguna medida, pero son -de nuevo- excepciones. Lo que sí logra viajar y posicionarse con mayor facilidad es el nombre de algún creador destacado”.
Después de encumbrar al CAEN, De la Lama dejó de dirigirlo en 2001. Regresó al Distrito Federal. Desde allá no ha perdido la pista al teatro tijuanense.
“Tengo casi siete años fuera de Tijuana y en este tiempo creo que la percepción ha cambiado, en todo caso sólo puedo hablar de cómo se le ve desde el D.F. Los primeros años (2001-2002-2003) escuché cosas buenas, se percibía un entusiasmo por lo que se suponía era una de las expresiones más fuertes de las artes escénicas en México”.
Sin embargo, esa apreciación no necesariamente era la más certera:
“No digo que así fuera, era la visión desde acá, visión que se modifica sustancialmente después de una Muestra Nacional en la que Tijuana es sede; recuerdo a no pocos actores, directores, dramaturgos y maestros comentando con profundo desencanto su experiencia por allá, no sólo por el nivel artístico del teatro, sino por el nivel de los discursos y de reflexión en el gremio local”.
Sin temporadas no hay corriente
Tal vez la pregunta de cajón sería: ¿El teatro actual en Tijuana se encuentra mejor, peor, en transición, o igual, en comparación con épocas anteriores? De la Lama prefiere creer que “está pasando por una crisis de crecimiento”.
Se pueden mencionar de forma aislada algunas obras como “Sirenas del Corazón”, o las temporadas del Grupo Ojo de “Las Tablas”, o las de la Compañía Jorge Domínguez en el Teatro del Seguro Social, por recordar algunos ejemplos que han sido constantes.
Ciertamente las obras anunciadas, por ejemplo, en el CECUT, son en su mayoría obras comerciales. Dos o tres al mes. Es decir, “llenan las arcas y se van”. De repente alguna obra que aspira a dar la cara por el teatro local, resulta que sólo hay una o dos presentaciones.
Un ejemplo claro es “Agua Caliente”, de Hugo Salcedo. De acuerdo con el CECUT, el INBA destinó 601 mil 812 pesos para la producción. Sólo se presentó una vez en el CECUT y en 30 escuelas secundarias y preparatorias, según informó el propio Centro Cultural en un boletín. Entiéndase: La tan anunciada obra se redujo a puro teatro escolar. Y conclúyase: Si ni siquiera hubo una importante temporada local, ni regional, mucho menos pensar que se presente alguna temporada, por qué no, nacional.
Entonces, bajo estos y otros argumentos, se le pregunta a De la Lama si considera que existe una corriente escénica en Tijuana o el Estado de Baja California, a lo que el dramaturgo contesta:
“No, yo no la llamaría corriente. Hay un interés por hablar de los temas propios de la región; también he visto una búsqueda por una estética personal en algunos creadores. Creo que no podemos hablar de corriente escénica, cuando no se ha logrado establecer el concepto de temporada; el teatro siempre es un hecho efímero, pero en Tijuana en ocasiones llega al extremo de ser una verdadera eventualidad, un suceso para compartir entre unos pocos por un instante. La tarea del teatro en Tijuana era y sigue siendo hacerse presente en una sociedad que se mueve entre la indiferencia, los intereses mercantiles y las atribulaciones de la corrupción”.
Retomando las presentaciones del CECUT, éste no destaca por traer puestas en escena de factura nacional o internacional. De hecho, es aquí donde abundan las obras comerciales “chacoteras”. Y para colmo, no es el CECUT el que destaca por traerlas, es Servieventos quien en su mayoría gestiona la presentación de las mismas. Más vergonzoso resulta que la Sala de Espectáculos sólo se vea repleta cuando viene el brujo amazónico: Taurus Do Brasil.
“No es divertido ni honroso saber que un hipnotista es el único que puede llenar el teatro del CECUT por meses enteros desde hace muchos años”, atina “Nacho”.
“La oferta teatral en una ciudad de casi tres millones de habitantes, simplemente no la hay. Tenemos que aprender a convocar a nuestro rito y una vez que seamos escuchados, debemos cultivar la tradición, la sana y enriquecedora experiencia de ir al teatro. Corrijo: de ver buen teatro”.
Además, Ignacio subraya como Talón de Aquiles del teatro local, el hecho de que quizá éste se vea mucho a sí mismo, por eso sugiere:
“El teatro tiene que ver para afuera y hablarle a la gente. Regodearse en el gozo onanista tanto de la creación, como de la exhibición de la obra artística -suponiendo que lo sea- resulta poco dialéctico y profundamente egoísta. Creo que nada puede ser más importante para el teatro en cualquier lugar del mundo que buscar y establecer una real, auténtica y poderosa interlocución con su sociedad, sociedad de la que es resultado y a la que, en un juego simbiótico, al mismo tiempo intenta transformar en un proceso fascinante y enloquecedor”.
Antes, allá por los años 90, organizados por el CAEN y el CECUT se realizaban discusiones sobre teatro donde acudían algunos personajes como Edward Coward, Ángel Norzagaray, el propio De la Lama, Hebert Axel y Cutberto López, por ejemplo. Con la administración de Teresa Vicencio en el CECUT y el desaparecido CAEN, actualmente no se realizan ese tipo de encuentros. Aunque la directora del CECUT dijo recientemente a ZETA que sí se van a efectuar, la realidad es que durante la Muestra de Teatro eso no ocurre: “Esos encuentros los diseñé en la época que fui director del CAEN, los llamé ‘Jornadas de Reflexión’ y creo que en su momento fueron muy útiles, sobre todo porque con una ‘radiografía’ auto impuesta y en un ejercicio ordenado de análisis y autocrítica, se pudo -en su momento- detectar las debilidades y las fortalezas de una expresión artística en desarrollo. Lamento que no se sigan haciendo este tipo de encuentros; el teatro se debe hacer, pero también se debe pensar”.
Con respecto a la desaparición del CAEN, mismo que dirigió de 1995 a 2001, el director lo calificó como “lamentable, pero paradójicamente necesario.
“Creo que un modelo académico como el Diplomado en Teatro no resistió a una ciudad con la capacidad de crecimiento de Tijuana. Quince años en la vida de Tijuana equivalen a centurias en otras latitudes. Claro que pudo haber errores humanos y de administración, pero creo que a la desaparición del CAEN hay que entenderla como el resultado de la evolución de la ciudad; no pocas veces hay que demoler para construir. Lo que no se vale es perder espacios para la cultura, eso no, eso nunca. De nuevo la creatividad tendrá que manifestarse para dar un paso más allá”.
Con Daniel Serrano como director, primero vinieron a menos los citados “Diplomados de actuación” del CAEN, aunque ya el proyecto editorial “Espacio Escénico” lo habían desaparecido. De dicha publicación De la Lama fue precisamente el Director; Luis Humberto Crosthwaite, editor; Ángel Norzagaray, Luis Torner, Cutberto López, Rodolfo Arriaga, Daniel Serrano e Ignacio Flores de la Lama, fungieron en el Consejo Editorial. De aquella indispensable revista que teorizaba sobre el quehacer escénico y al mismo tiempo se publicaban fragmentos de obras, no quedó ni pizca. Entre CAEN, CECUT e INBA, se lo acabaron. No dejaron nada.
En 2006 surgió la Coordinación de Artes Escénicas, cuya misión es la producción de puestas en escena. De la Lama dice no conocer a profundidad la estructura, “pero el propósito de estimular y organizar la producción teatral es muy valioso”.
Pero más allá de las intenciones del proyecto, “lo difícil, como siempre, será aplicar criterios que atiendan a un sentido de justicia; que sea equitativa, o al menos proporcional, la distribución de los recursos a los proyectos de calidad; que se consideren los valores artísticos y no se aplique una ‘democracia’ para tapar la boca a los teatreros más demandantes y latosos; que se apoye a los creadores y a los grupos destacados, pero que también se abran oportunidades para quienes no las han tenido aún, que se consideren las necesidades y los intereses de los espectadores y que -al mismo tiempo- estas decisiones dejen contentos a todos los involucrados; tarea nada fácil, por cierto”.
A propósito de la desaparición del CAEN por aquello de que ya iba a estar la Licenciatura en Teatro en la UABC, según las autoridades del INBA y el CECUT, se le cuestiona al entrevistado si es correcta la apreciación que versa “La Licenciatura en Teatro no formará artistas del arte escénico”.
“Sí, en tanto que ningún grado académico de ninguna escuela en el mundo certifica la condición de ‘artista’. El campo de acción de las escuelas es limitado, esto hay que entenderlo ya; por ejemplo la ‘vocación’ y el ‘talento’, que son dos condiciones muy deseables, acaso indispensables para el actor en vías de formación, nunca las aportará una escuela”.
Y agrega: “Es verdad que mientras no exista un proyecto integral hay un riesgo de tener egresados sin condiciones de trabajo, pero es justamente ahí donde entra la creatividad y la organización. Tendremos que ser pacientes, pero propositivos. Críticos pero generosos. Después de todo podría tratarse de una piedra de toque para el desarrollo del arte que amamos”.
– ¿Qué perspectivas visualiza para el teatro tijuanense o bajacaliforniano?
“Las nuevas generaciones sin duda estarán más preparadas, pero habrá que trabajar en todos los aspectos del arte teatral si deseamos un crecimiento integral. Se deberá buscar tanto la profesionalización como la especialización del artista de la escena. En Tijuana harán falta no sólo actores bien formados, se necesitarán directores, autores, productores, diseñadores, promotores, maestros y hasta funcionarios de cultura con una nueva actitud y con un claro compromiso. Se necesitarán teatros bien equipados y técnicos calificados. Se necesitará destrabar prácticas burocráticas. Optimizar los recursos será prioritario en los tiempos por venir. Se requiere visión y mucho trabajo; el diálogo de las partes tendrá que ser permanente y cordial para, eventualmente, dialogar desde la escena con nuestra sociedad representada en las personas que acuden a ver nuestro trabajo: El público”.
Por último, Ignacio Flores comparte sus planes y anuncia la Carrera de Dirección Escénica:
“Seguiré dirigiendo Casa Azul, el Centro de Formación Actoral del grupo ARGOS, en donde abriremos la carrera de Dirección Escénica a partir de enero de 2008. Repondré en nuevas temporadas ‘Susan y los Jóvenes’, de Jorge Ibargüengoitia y ‘Andrómana Real’, de Ximena Escalante, dos producciones que dirigí para la Compañía Nacional de Teatro. Estrenaré dos obras que se encuentran en proceso de gestación. Veré, escucharé o leeré algunas historias; escribiré o contaré otras. No más”, finaliza De la Lama.-
|