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El Barbero no “arqueológico”

Después de siete presentaciones en el Palacio de Bellas Artes, la versión de “El Barbero de Sevilla”, a cargo del polémico Willy Landín, llegará a Tijuana los días 27 y 29 de julio. No se trata de la puesta tradicional y “arqueológica”, advierte el director.

Enrique Mendoza Hernández

Cuando el director escénico argentino Willy Landín presentó en el Teatro Colón de Buenos Aires el melodrama bufo “El Barbero de Sevilla” en agosto de 2005, la prensa bonaerense registró lo mismo aplausos que abucheos. Y es que la propuesta del controvertido régisseur es mostrar al Barbero no como una ópera “arqueológica”, tal como él mismo llama a las tradicionales puestas, sino más bien se trata de una versión que “responde al espíritu de Rossini”, así lo confiesa a ZETA. Después de dos años de haberse presentado en tierras pamperas, la ópera bufa del italiano Gioacchino Rossini cumplirá siete presentaciones en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México y dos más en el Centro Cultural Tijuana (CECUT).

Para que tierras aztecas fueran testigo de la versión “contemporánea y fresca” de “Il Barbiere Di Siviglia O L’Inutile Precauzione”, fue necesaria una coproducción entre el Teatro Colón de Buenos Aires, Argentina, y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), a través de la Compañía Nacional de Ópera y el Centro Cultural Tijuana. Se trata de la primera coproducción de esta magnitud de la instancia federal de la cultura nacional a cargo de Sergio Vela, donde el costo de inversión es de aproximadamente 6 millones de pesos, de los cuales el CECUT aporta alrededor de 1 millón 500 mil pesos.

En el montaje operístico de la Ciudad de México participan algunas personalidades del bel canto, como el barítono rumano George Petean y la mezzosoprano española Nancy Herrera; además de cantantes nacionales como Rosendo Flores y Carla López. Además, para la presentación de Tijuana, tomarán parte la soprano Norma Navarrete, el tenor Marco Antonio Labastida, la mezzosoprano Guadalupe Paz, esta última, por cierto, en el papel de la protagonista, Rosina.

En cuanto al montaje distritofederalense, fungirá como director concertador el italiano Mario Balderi, junto a la Orquesta y Coro del Teatro de Bellas Artes; mientras tanto, en la puesta local, Armando Pesqueira participará como Director Concertador y Director del Coro, César Solórzano; gracias también a la Orquesta de Baja California y, claro, la Ópera de Tijuana. Ambas presentaciones, bajo la dirección escénica de Willy Landín.

La obra ha sido presentada en Tijuana en distintas ocasiones. Sin embargo, llama la atención la versión que propone Landín:

“La idea no es hacer un tipo de ‘Barbero’ arqueológico, que todo mundo sabe, con una tradición mentirosa, que no es la tradición del espíritu de Rossini”, asegura el controvertido director.
Pero antes de entrar en los detalles de esta edición no convencional, es necesario hacer memoria.

Un poco de historia

En aquellas épocas coloniales, cuando Sevilla se erigía como el puerto y ciudad más importante no sólo de España, sino de Europa, este puerto ha sido el escenario de múltiples obras, lo mismo de Giovanni Paisiello que de Nicholas Isouard, o las célebres Bodas de Fígaro, del genio austriaco Mozart.

Ahí, Gioacchino Rossini ubica su ópera bufa. En algún lugar del puerto, Rosina es la manzana de la discordia. Ella, de atributos propios de una doncella. Vive bajo la tutela del Doctor Bartolo, un viejo cascarrabias que pretende las bondades femeninas de su pupila. Obviamente ella no lo pela. Si acaso agradece la protección del viejo rabo verde. El Conde Almaviva es un joven noble y apuesto de la ciudad que no anda nada perdido: También sueña con las mieles de la joven. Es en el primer acto donde aparece Fígaro, el barbero de Sevilla. El simpático personaje conoce las intenciones de los pretendientes. En su papel de alcahuete, concibe un plan para ayudar al joven galán para que logre su propósito. La propuesta de Fígaro es disfrazar al Conde para que entre en donde se encuentran Rosina y Bartolo. El galán se hace pasar por Lindoro, un estudiante. Fígaro también propone al Conde disfrazarse de militar. Es que el objetivo es entrar a como dé lugar.

En el segundo acto y para esas alturas, Bartolo insiste en acelerar su boda con Rosina. Pero ella está enamorada de Lindoro, sin saber que se trata del Conde Almaviva. Enamorados, tratan de huir; sin embargo, el veterano los descubre. Pero, como dice la canción, el destino ya estaba escrito. Por eso Rosina no le queda de otra más quedarse con uno de sus enamorados.


Se trata de una opera italiana donde se mezclan una dramaturgia cómica y una música alegre y graciosa. El libreto a cargo de Cesare Sterbini fue basado en la comedia homónima de Pierre-Agustin de Beaumarchais. Estrenada el Teatro Argentina de Roma justo el 20 de febrero de 1816.

A propósito, también presentada en el Coliseo Nuevo México, en 1823. A lo largo de las décadas, se ha convertido en una de las óperas bufas más importantes de la historia operística. Sin embargo, a decir de Landín, las versiones tradicionales no sólo se alejan de la versión original y espíritu de Rossini, sino lo que se aprecia constantemente en los montajes convencionales “es lo que diversos cantantes van transmitiendo año tras año y que el público sabe qué es lo que va a pasar y de qué manera van a estar los diferentes gags o situaciones cómicas”.

El director escénico asegura que las distintas versiones del montaje muestran una constante: “Hay muchas cosas que se toman como que están en la obra y es mentira”, adelanta de lo que será su puesta en escena por estos lares.

Entre aplausos… y abucheos

A principios de milenio, Landín se encontraba estudiando en Italia cuando un grupo de colegas pretendía montar “El Barbero…” en Buenos Aires, Argentina. Sin embargo, los antecedentes explicaban la negativa: “¿El Barbero? ¡Ni loco!”, era la postura de Landín.

Y es que las versiones en las cuales había tomado parte eran las tradicionales:
“En los Barberos en que había participado quizá como asistente, me daba cuenta que la gente disfrutaba de la música pero la puesta no resultaba atrayente”, evoca.

Aquello que no era “atrayente” eran también las épocas donde las puestas “arqueológicas” eran ubicadas, además, de acuerdo con Landín, estaban muy alejadas al espíritu de Rossini. Entonces, al aceptar participar en el montaje, lo primero fue pensar en una versión contemporánea, pero a la vez que no fuera identificable de los tiempos actuales:

“Es una actualización que guarda cierta distancia de la época actual; (ubicarla en la década de) los 80, por ejemplo, es demasiado reciente. ‘El Barbero…’, más allá de una actualización estética, necesita guardar cierta distancia, que uno la mire como una obra que no está sucediendo”.

Antes, por ejemplo en “La Bohéme” de Puccini, de entre 1845 y 1849 y estrenada en 1896, Landín la ubicó en 1950. En el caso de “El Barbero…” de Rossini, estrenada en 1816, opta por un montaje de características sesenteras.
“El cambiarla de época hace que los requitativos no parezcan una parte anecdótica o aburrida que hay que esperar que la música siga, sino que tiene una función dramática. Valorizar eso, para mí, es importante”.

– ¿En qué se basa Willy Landín para saber si “El Barbero…” de 1816 puede aceptar una lectura contemporánea, específicamente ubicada en 1950? ¿No se “traiciona” la obra?
“Bueno, en este caso, lo primero que tiene que tener una opera bufa es que su cometido es divertir; esto no quiere decir que no sea una obra dramática. ‘Barbero’ es una estructura fantásticamente armada; la dramaturgia y la música son inseparables una de otra, pero su cometido es absolutamente el de divertir. No hay tanto problema en cambiar de época.

Lo que uno no tendría que hacer es, por ejemplo, que Rosina viva sola en un departamento alquilado, ahí sí se traicionaría la obra, porque la relación entre los personajes, con un Bartolo tutor que no le permite salir.

“La estructura dramática de la obra no hay que modificarla, yo creo que esas son forzaduras. Cuando hay producciones que fuerzan la obra aun en su esencia, eso es traicionar el espíritu de la obra”, agrega.

Landín es más específico y toca el tema de la música como detalles tanto del primer como del segundo acto. En cuanto al primer aspecto: “Hay muchas cosas musicales que la gente piensa que son la obra original, y de hecho con el tiempo se han ido incorporando.

“Lo que la gente tradicionalmente conoce, lo que la gente tiene en su oído en un área de Fígaro, no es lo que está escrito, es una tradición de notas, por ejemplo, sobre el final del área que se agrega porque resulta más atractiva para el público y que generalmente hoy se dan por aceptados”.

De hecho, en la primera parte, una de las tradiciones aceptadas como originales, es el disfraz que usa el Conde Almaviva y su presunta bendición, a lo que Landín refuta:

“El pace e gioia no es una bendición, y además en ningún lugar de la obra dice que tiene que ser un cura. Eso es una traición porque los maestros de capella daban clases de música”.

En cuanto al inicio del acto segundo, con el mismo Conde, “me ofende ver a todos los tenores haciendo con la mano hacia abajo la señal y hacia arriba, cuando no hubo en la historia una bendición parecida”.

Pero advierte: “No hago nada que la obra no proponga”.

“No es que hago entrar disfrazado al Conde al primer acto, Rossinni así lo propone, el Conde se trasviste dos veces de distintos personajes y eso lo propone la obra de Rossini”.

Con todas las acciones aceptadas como originales a lo largo de las décadas, el objetivo de Landín recuperar ese supuesto espíritu original:

“La idea es tratar de respetar el espíritu inicial de la obra, o sea, basarme en la música y en las situaciones que Rossini propone, que son maravillosas”, en este caso ambas cómicas.

Pero además, argumenta que todo tiene una intención, que no se trata sólo de ir en contra de la historia operística engrosada a lo largo de casi 200 años, porque finalmente de lo que se trata es “darle una frescura, que la gente que la viera pueda divertirse como si fuera la primera vez”.

De hecho, evoca el pasaje donde por primera vez presentó su propuesta en 2005:
“En el teatro general había unos 80 niños de distintas ciudades, y se reían plenamente; es el público más puro que hay. O sea, en un idioma que ellos no entienden, se ríen de las situaciones porque ‘El Barbero…’ ha cumplido su cometido. Los adultos a veces perdemos esa capacidad de divertirnos santamente sin analizar: Si (los personajes) no están con el disfraz que tienen que tener,  no está bien; y no es así”.

– ¿Cómo interpreta Landín tanto abucheos como aplausos al mismo tiempo, documentados por la prensa cuando se estrenó la obra en agosto de 2005?
“Lo de los abucheos han sido una cosa así marcada por la prensa, pero que han sido unas 10 personas, el resto han sido ovaciones todas las funciones. Y de hecho todas las críticas coinciden de manera excelente respecto a la producción. Es tan complicada la vida de los artistas como para meternos en temas políticos, que a mí particularmente me tienen muy sin cuidado. Se sabe cual ha sido el grupo al cual no le gustó y que no le va a seguir gustando hasta que no asuman la dirección del teatro”.

– ¿Qué puede decirnos de la calidad de los artistas mexicanos que participarán?
“Es gente de un excelente nivel, lamentablemente por cuestiones de tiempo de la producción yo no he podido trabajar tanto con ellos como hubiera querido. Lo que he notado es mucho profesionalismo increíble en los cantantes mexicanos”.
– ¿Puede asegurarse la calidad de una ópera de esta magnitud cuando los ensayos apenas duraron tres semanas en México?
“Cuando yo digo que se presenta en un lugar, eso quiere decir que se presenta con todas las condiciones de excelencia, como si fuera Buenos Aires o la Ciudad de México.

“No es que va una versión B, para nada; va la misma versión, con el mismo rigor que en cualquier lado”, garantiza.

“Ahora que estoy en México hemos trabajado sábados y domingos. No me estoy tomando esto como vacaciones, para mí eso no existe”, concluye Landín.
Después de presentarse en el Palacio de Bellas Artes los días 1, 3, 5, 8, 10, 12 y 15 de julio, “El Barbero de Sevilla” podrá apreciarse en la Sala de Espectáculos del CECUT los días viernes 27 a las 8:00 de la noche y domingo 29 a las 6:00 de la tarde. Los boletos tienen un costo de 600 y 400 pesos, con 50 por ciento de descuentos a autorizados. Reservaciones al 687-9636 y 37.


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