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Recuerdan a Vizcaíno
La tercera fue la vencida. En un primer intento de homenaje al profesor Rubén Vizcaíno programado en 2006 en el Teatro de la UABC, donde se presentarían sus “Poemas de la Aridez”, no fue nadie. Lo mismo ocurrió en la XXV Feria del Libro; seis personas acudieron al llamado.
En esta tercera ocasión, el tributo convocó a alrededor de 80 asistentes, justo a tres años de su partida. Ahí se encontraban Elsa Arnáiz, Guadalupe Kirarte, Pedro Ochoa, Alfonso López Camacho, Gerardo Dávila y algunos de sus alumnos de la década de los 50 y 60.
Durante el festejo organizado en la Sala de Usos Múltiples del Centro Cultural Tijuana, un atino fue la presentación “Rubén Vizcaíno. Un Hombre de Frontera”, editado por la Librería El Día que dirige Alfonso López Camacho. Coordinada por Leobardo Sarabia, la edición reúne textos de 12 personajes, mismos que discurren en torno al “Vasconcelos de Baja California”, tal como lo reconoce Guadalupe Kirarte.
Refugiado en Mexicali en 1952, Vizcaíno fue un controvertido priísta, de hueso colorado. Fundador de la Editorial Californidad en los sesentas, dirigió la Acción Cívica y Cultura del Municipio de Tijuana, creó la Corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana, participó en la fundación de la Universidad Autónoma de Baja California y desde un principio gestionó sin éxito para que la UABC se fincara sobre una Facultad de Filosofía y Letras. No fue sino treinta años después que su voz tuvo eco en las autoridades federales de educación pública, cuando se instituyó la Escuela de Humanidades. Durante esos casi treinta años, de 1957 a 1986, Vizcaíno alimentó la inquietud humanista de los cimarrones con talleres de teatro y poesía, principalmente.
Asimismo, fue el motor de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, de la Asociación de Escritores de Tijuana y luego de la Península de Baja California; también del Comité Pro-etnias de Baja California, incluso de la Casa de la Cultura y de la Extensión Universitaria en Tijuana.
En fin, Pedro Ochoa sintetiza así:
“Si hoy en día Tijuana empieza a ser conocida mundialmente por su desarrollo cultural, ese desarrollo no se explica sin la labor de Vizcaíno”.
Su obra comprende tres novelas: “Tenía que Matarlo”, de 1961; “Calle Revolución”, de 1964 y “En la Baja”, publicada en 2003. En cuanto a teatro: “La Madre de Todos los Vicios” en 1965; asimismo, sus poemas publicados en “Hojas”, “Letras de Baja California” y “Amerindia”. Por cierto, el título “Poemas de la Aridez”, fue su primer libro publicado en 2005, edición coordinada por Revista Existir.
Tal como lo menciona la publicación a tres años de su partida, el festejo “parte de una iniciativa independiente”, es decir, no fue un homenaje por parte de las instituciones gubernamentales, vaya, ni siquiera de su partido que lo cobijó, ahora muy colorado; tampoco el reconocimiento viene de la UABC, CECUT, ICBC, mucho menos del IMAC.
A falta de luz propia, Jaime Cháidez, del diario El Mexicano, aprovechó el evento para pegarse como garrapata a dos personajes ya finados (ambos qepd): Reclamó a Jesús Blancornelas la presunta “campaña de desprestigio” contra Vizcaíno; al tiempo que presumió ganarse la venia del profesor cuando publicó un reportaje en el Semanario ZETA sobre el promotor cultural, allá en los 80. Sus protagónicos comentarios no estuvieron a la altura de un homenaje a la figura del profesor. Fue evidente que al no destacar por sí mismo, tuvo que recurrir a dos personalidades importantes de Baja California.
Un apunte importante a título de Pedro Ochoa Palacio en “¿De qué Estás Hecho Vizcaíno?, precisamente en la edición para festejar al profesor: “…el verdadero homenaje es conocer y sistematizar su obra, para darla a conocer a las nuevas generaciones”.
Por su parte, en “Rubén Vizcaíno Valencia, una Figura Emblemática”, Humberto Félix Berumen coincide: “Desafortunadamente, no existe a la fecha una recopilación completa de toda su poesía, lo que ha evitado que se tenga una idea más precisa de su importancia como poeta”.
Por último, no habrá que perder de vista la biblioteca del Profesor Rubén Vizcaíno donada al Instituto de Investigaciones Históricas de la UABC, precisamente por su hijo Rogelio Valencia. El acervo reúne 2 mil 982 libros, mil 368 revistas y 45 poemarios inéditos en manuscrito. Sobre el material de autoría del profesor, “nos interesa mucho porque puede servir para publicaciones”, dijo a ZETA en 2006 la entonces directora del Instituto, Aidé Grijalva.
A manera de conclusión, vale la pena reproducir la opinión de Federico Campbell en su texto “Hombre de Frontera”: “Como el jinete solitario en la planicie, Rubén Vizcaíno Valencia ha sido un hombre de frontera. En el sentido clásico: Por su pertenencia a la estirpe de los adelantados, de los seres humanos que, con el viento en contra, abren brecha. Su cantimplora ha sido un libro de bolsillo, tal vez ‘El Quijote’. Su caballo, el entusiasmo. Su arma, la palabra”. (Enrique Mendoza Hernández/ZETA)
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