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Ochoa, otra vez
A sus recién cumplidos 30 años, el matador Fernando Ochoa Chávez, oriundo de Morelia, Michoacán, llegó a la Monumental de Playas de Tijuana para resurgir. Aun cuando no se ha significado por ser un torero de pocas cualidades, su vida en los ruedos aparentaba atravesar por una mala racha.
Hay quienes explican este cambio en el torero michoacano, producto de tres fenómenos: sus 30 años, edad pico en un matador; el también reciente nacimiento de su tercera hija, así como la cercanía con el estoqueador español José Tomás, quien regresó triunfal a la tauromaquia el 17 de junio en España.
Sea lo que fuere, Fernando Ochoa demostró el domingo 1 de julio, que su lidia entró en un segundo aire que podría subirlo al primer cuadro de la fiesta taurina en México.
Con una seriedad ante el toro, una figura estilizada y ágil al ejecutar pases con derecha y por naturales, la poca afición taurina en la Monumental de Playas se rindió ante el michoacano, premiando la aceptación con un toro de regalo. A su primero, de la ganadería La Venta del Refugio, Ochoa le cortó una oreja, para terminar llevándose las dos de su tercero y nada del segundo de su lote. Su mejor faena, la del regalado, digna de reconocimiento.
En contra parte, el primer espada Rafael Ortega ha dejado su mejor momento en el pasado inmediato. Uno de los matadores con más corridas al año, se vio cansado y sin arte el domingo 1 de julio. Al primero de su lote le batalló hasta la sudoración. Intentó pases cortos, desplantes frustrados y no logró cambiarle la lidia. Tampoco conectó en la afición.
En el segundo de La Venta del Refugio para Ortega, los resultados fueron un tanto similares. Ortega está dando visos de requerir un respiro en su carrera, o por lo menos, la motivación de nuevos retos. Los mano a mano que en años anteriores le funcionaron con Eulalio López “El Zotoluco”, tampoco le están resultando.
Con 37 años y 17 de alternativa, a Ortega le falta un descanso.
Por último, el joven Omar Villaseñor confirmó lo que se sabe de él: Carece de experiencia, sufre de creatividad en el ruedo, no concreta con el toro, pero es muy valiente. Está donde deben estar los matadores, lo que sumado a la falta de quehacer taurino, suele orillar su humanidad a los cueros del astado.
Ante su primer toro y debido a un terrible descuido del matador, Villaseñor fue herido por una certera embestida del animal. Lo levantó en vuelo y le pasó en el correr por cintura, espalda y cabeza. Al punto de la inconciencia fue rescatado por sus compañeros, para regresar al ruedo antes de salir al callejón.
La herida, horizontal, no le impidió concluir la faena y llevarse las dos orejas del toro que, por poco, le causa daños severos. Luego de una revisión médica, salió para matar al segundo de su lote, en iguales circunstancias que el primero. El joven matador se le puso en tiempo y forma para otro susto. La reacción inmediata de Villaseñor impidió que se repitiera la embestida de su primer toro.
Al final, la ya conocida generosidad del Juez Luis Alonso Carazo, dejó a la poca afición en la Monumental de Playas con cinco apéndices, dos de Villaseñor y tres de Ochoa, el mejor de la tarde.
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