|
|
 |
 |
Médicos y dentistas
– Doctor, cuando era soltera tuve que abortar seis veces, y ahora que estoy casada no quedo embarazada.
“Evidentemente, usted no se reproduce en cautiverio”.
– Doctor, tengo tendencias suicidas, ¿qué hago?
“Págueme ahorita mismo”.
Una señora llega al hospital y le dice al doctor:
– Soy la esposa del señor Martínez, que tuvo un accidente de tránsito; quiero saber cómo se encuentra.
“De la cintura para abajo no tiene ni un rasguño”.
– ¡Qué alegría! ¿Y de la cintura para arriba?
“Bueno, esa parte todavía no la traen”.
El post operado:
– Doctor, entiendo que se vista de blanco, pero ¿por qué tanta luz?
“Hijo mío, soy San Pedro”.
– Doctor ¿qué tengo?
“No lo sé, pero cualquier duda la aclararemos en la autopsia”.
Entra un señor corriendo a una farmacia y dice:
– Rápido, déme algo para la diarrea, ¡ya!
Nerviosísimo, el farmacéutico le da unas pastillas, el urgido las toma y se va.
El primero se percata de su error, y cuando dos horas después llega el diarreico, le dice:
– Disculpe señor, pero en lugar de un antidiarreico le di un tranquilizante, ¿cómo se siente?
“Hecho del dos hasta el cuello pero ya no me importa”.
– Doctor, tengo los dientes muy amarillos, ¿qué me recomienda?
“Corbata marrón”.
– Doctor, a mi amigo lo atropelló un tren y vengo a verlo.
“Lo encontrará en las habitaciones 20, 21 y 22”.
Un psicoanalista a otro:
“Vengo a verte porque tengo un caso nunca visto: un argentino con complejo de inferioridad”.
Una anciana a su odontólogo:
– Vengo a que me saque los dientes.
“Pero señora, si usted no tiene dientes…”.
– Por eso, doctor; acabo de tragármelos.
Autor: Mejor así lo dejamos.
Elecciones a machetazos
En varias regiones de Nigeria, el precio de los machetes ha bajado dramáticamente desde abril porque, según reportó la prensa africana, los malandros que -¡EN ZERIO!- los políticos contratan para amedrentar a la gente en tiempos electorales, ya no están siendo requeridos.
Según la NAN (News Agency of Nigeria), un machete de buena calidad ahora cuesta un promedio tres dólares, mientras que hace dos meses su precio era de seis.
Después de las votaciones, esta forma de intimidación ya no es requerida. Según los europeos que vigilaron el proceso “democrático” de los nigerianos, 200 personas murieron a consecuencia de las trifulcas motivadas por los candidatos aspirantes a un cargo público. Por lo menos en México todo se resuelve con una torta bien repartida.
Inseguridad en Canadá
En la ciudad de Ottawa, en Canadá, se han reforzado urgentemente las medidas de seguridad, mediante la instalación de cámaras alrededor del Monumento Nacional de los Veteranos.
La medida viene después de que el 1 de julio del año pasado, cuando se celebraba el Día de Canadá, un hombre de 23 años de edad, junto con otros tres jóvenes que nunca fueron identificados, orinaron la escultura. Tal fue el delito que provocó la acción gubernamental.
Para la conmemoración de 2007, también se instaló un cordón de seguridad en las inmediaciones de este sitio histórico que también incluye la tumba del soldado desconocido. La pregunta es: ¿Qué harían las autoridades canadienses si en una semana tuvieran, digamos, 16 ejecuciones como ocurrió en Tijuana, tan sólo para -¡EN ZERIO!- rematar el mes de junio?
Secretaria observadora
Un hombre ya maduro contrató una secretaria. Era una mujer joven, ingeniosa, gentil y, sobre todo, muy hermosa.
Un día, mientras tomaba dictado, notó que su jefe tenía la bragueta abierta. Terminó el dictado y se dispuso a salir de la oficina cuando, antes de cerrar la puerta, dijo: “Por cierto, señor, la puerta de su cuartel está abierta”.
El hombre no entendió el comentario; no obstante, al poco rato se dio cuenta de que el cierre de sus pantalones estaba abajo.
Al hombre le hizo gracia la manera en la que su secretaria se había referido al pequeño incidente y decidió aprovechar la oportunidad para coquetear un poco, por lo que la llamó a su oficina:
-Dígame, señorita, cuando vio que la puerta de mi cuartel estaba abierta, ¿por casualidad no vio también a un soldado en posición de firme?”
”¡Oh, no, señor! Lo único que vi fue un veterano de guerra sin fuerzas echado entre dos viejas mochilas de campaña”.
|
 |
|
 |