El 2 de julio de Calderón en el PAN: Para unos cuantos
Festejo elitista
Sin lucimiento, mal organizada y exclusivamente para panistas, fue la ceremonia de conmemoración del 2 de julio en el Partido Acción Nacional. En esa fecha señalan el triunfo de Felipe Calderón, pero no dejaron entrar a las bases o a mexicanos comunes y corrientes. Puros funcionarios, legisladores y la plana mayor de la cúpula albiazul en México. Lo demás, auto elogios.
Rosario Mosso Castro
Ciudad de México
Enviada Especial
El 2 de julio de 2007, con una ceremonia corta, de acceso limitado y minuciosamente controlada por elementos del Estado Mayor Presidencial, unos cuantos panistas tuvieron el privilegio de conmemorar lo que llamaron la fecha histórica “del inobjetable triunfo en las urnas” de la estabilidad contra el populismo.
Sin embargo, el ambiente no llegó a lo festivo.
Para los pocos militantes de Acción Nacional que estuvieron presentes, el premio fue celebrar en el interior de las instalaciones del Comité Ejecutivo Nacional del PAN en el Distrito Federal, en compañía del Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa.
Aunque eso fue en teoría, porque el acceso al primer mandatario se dio sólo a secretarios del Gobierno Federal y funcionarios del partido. El resto de los invitados fueron limitados al espacio de sus asientos, a través de cadenas forradas.
Sin embargo, les fue peor a quienes llegaron al festejo en el transcurso de los 30 minutos antes de las ocho de la noche, hora en que arribaría el Presidente. A ellos les tocó parados en los pasillos, porque se entregaron engomados a invitados de más.
Esta situación no agradó a los elementos del Estado Mayor, quienes decidieron colocar más vallas metálicas para empujar y amontonar a estos invitados contra los lados del salón principal, para evitar que tuvieran acceso a Calderón. Eso sí, las bardas metálicas fueron vestidas con telas azules para que no echaran a perder la vista.
Algunos de los invitados ni siquiera pudieron estar en la misma estancia, los sentaron en un cuarto ubicado en la parte trasera de la sala de sesiones del Partido Acción Nacional; eso sí, les pusieron dos pantallas planas para que pudieran ver lo que ocurría en el presidio panista.
Las condiciones de la celebración fueron totalmente distintas:
1.- Por un lado, comparadas con el festejo panista hecho 365 días antes, en el que hubo apertura al público en general, militantes y simpatizantes, la cual fue amenizada por evidentes gritos de apoyo y alegría. Entusiasmo que esta vez no afloró ni con el mariachi.
Antes y después de los largos discursos del líder nacional, Manuel Espino y del festejado, el Presidente Felipe Calderón, hubo un presentador que trató de exaltar a los presentes y despertar las aclamaciones. Llegó al punto de pedir manifestaciones de apoyo, pero no fue su mejor noche, porque los aplausos y pocos gritos de “¡Felipe!, ¡Felipe!” fueron moderados y deslucidos.
2.- También fue distinta a la ceremonia conmemorativa pública y abierta, realizada en el Zócalo un día antes por quien fuera su oponente en las boletas electorales hace un año, Andrés Manuel López Obrador.
El tamaño del miedo
La lista de invitados tuvo muchos filtros, fue limitada, realizada y supervisada por los organizadores del partido. Supuestamente se trataba de un festejo entre amigos y conocidos que colaboraron de manera cercana con la campaña nacional panista, sin embargo, las medidas de seguridad ante la presencia de Calderón fueron extremas.
Incluso los conductores que tuvieron la mala suerte de usar las vialidades colindantes al edificio, tuvieron que padecer el tráfico generado por los asistentes al acto, y las presiones de los agentes del Estado Mayor que obligaban a destrabar congestionamiento vial que ellos mismos estaban provocando.
El Presidente de la República todavía estaba en la ciudad de Monterrey anunciando la posibilidad de realizar antidoping en las escuelas, cuando los panistas empezaron a llegar a la sede del PAN. Decenas de miembros del Estado Mayor llegaron tres horas antes, posicionándose en tres y cuatro cuadras alrededor del edificio con sus vallas.
En la caseta de acceso al edificio, unas muchachas entregaron las credenciales a la prensa, sólo para aquellos medios que estaban en la lista, los que están asignados a la fuente, aclararon. Sin importar que el número de reporteros excediera la capacidad, los presentantes de los medios fueron colocados en dos templetes al fondo del salón.
Había un solo acceso para los invitados comunes, y sin excusa ni pretexto, todos pasaron por una entrada vigilada por policías en traje. Debieron atravesar por dos detectores de metal. Los hombres vaciaban sus bolsillos antes de cruzar el umbral y las mujeres, permitir que revisaran sus bolsas de mano.
Entre el salón y la entrada, el camino estaba vigilado por personal de seguridad que prácticamente iban conduciendo a la gente de tal manera que no pudieran acceder a ninguna otra área del edificio. A la entrada del área principal los asistentes eran divididos; invitados al frente, reporteros al fondo.
La razón era simple, al final las cabezas del panismo nacional tendrían un cierre folklórico en los jardines, pero en “petit” comité, por ello las puertas de acceso fueron escrupulosamente vigiladas.
Al final, pocos fueron los invitados que pudieron saludar a su presidente electo, los que se colocaron estratégicamente en las orillas del pasillo derecho, por donde entró, y el pasillo central, por donde se dirigió a los jardines donde lo recibió un mariachi mientras le cantaban “El Hijo Desobediente”, que dice: “Felipe fue desgraciado”.
Los representantes de la prensa que intentaban preguntarle a Calderón respecto a la denuncia que liga dinero del narcotráfico con su campaña, no tuvieron posibilidad de acercarse y se conformaron con algunas declaraciones del Senador Santiago Creel, quien se limitó a hablar de gente malintencionada.
“La bronca es que los funcionarios no dan entrevistas porque le dan prioridad al Presidente, pero el Presidente tampoco habla; así que en las mismas, para tener su versión hay que ver los noticieros de televisión, porque son a los únicos que les responden”, comentó un reportero nacional.
Alabanza en propia boca
Extraoficialmente, se comentaba que el asunto de dinero sucio ligado a la campaña calderonista, podría ser fuego amigo autorizado por el Presidente del Partido Acción Nacional, Manuel Espino. Oficialmente, el líder nacional emitió un mensaje de completa sumisión a su primer mandatario en el festejo.
Aunque el triunfo lo dio un tribunal, el líder aseguró que la victoria se consiguió en las urnas de manera inequívoca, y que México votó por la estabilidad y el crecimiento económico. Aseguró que el Presidente le está cumpliendo al país:
* Defendiendo a las familias del crimen organizado.
* Privilegiando y alcanzando inversiones para la generación de empleos.
* Demostrando disposición para dialogar y pavimentar los acuerdos necesarios.
Espino agradeció a quienes confiaron en Acción Nacional en la competencia que, según él, ha sido la más limpia y transparente de la historia. Y mientras Calderón asentía con la cabeza, el líder azul expresó:
“Vamos por más, señor Presidente, su partido está haciendo su parte”, y cerró diciendo “…para lo que venga, cuente con su partido”
El festejado decidió usar más de 20 minutos en su largo discurso, para hablar de todo lo positivo que él considera ha hecho como gobierno.
Se dijo orgulloso, honrado y feliz de encabezar un gobierno que calificó con visión de futuro, plural, de respeto a la libertad de expresión (aunque las entrevistas de él y sus secretarios son limitadas) y defensa de los derechos fundamentales.
Además, aseguró que de acuerdo a sondeos de opinión el trabajo realizado por sus administración ha permitido reducir “la tensión política y odio inoculado públicamente por algunos que buscan impedir el entendimiento y el avance”, y con esto recordó y le dio importancia a su ex contrincante electoral, Andrés Manuel López Obrador.
Comentó que después de seis meses, según estudios, ha logrado la simpatía del doble de personas que votaron por él, además, afirmó que con su participación política, Acción Nacional logró pasar de tercera a primera fuerza política en el país.
Reiteró su lucha y reto mediático contra las bandas del crimen organizado y enfatizó lo que llamó logros en materia económica, aseverando que en 180 días, el riesgo país de las variables económicas se redujo y la inversión se duplicó, “alcanzando el mayor nivel histórico”; obviamente del aumento de los precios de productos básicos no habló, pero prometió: “Hay un futuro distinto y mejor”.
Y a pesar de que su presencia no fue requerida y desde la toma de posesión les ha sido prácticamente imposible acceder al Presidente, Calderón agradeció la confianza y participación de “los millones y millones de mexicanos que confiaron en Acción Nacional y a los que cubrieron todas las casillas”, defendiendo el voto.
Finalizó diciendo que se rescató a México de quienes querían secuestrarlo, y se puso emotivo pidiendo a los presentes mirar alto y lejos, trabajar para cerrar heridas y divisiones. ¿Lo habrá escuchado Manuel Espino?
“No nos motiva el inmediatismo y estamos impulsando retos cuyos costos políticos se habían evadido”, enfatizó para después solicitar a los panistas: “Nuestra organización debe ser del tamaño y calidad de nuestros votantes. O nuestros votantes terminarán siendo del tamaño y calidad de nuestra organización”.
Al término de la ceremonia, Calderón Hinojosa se trasladó a los jardines donde se escucharon menos de diez canciones folklóricas. Los invitados no requeridos al festejo final todavía estaban saliendo del edificio cuando los mariachis callaron, mientras los panistas en la banqueta comentaban: “¿A poco ya se terminó?”. Frente a ellos y para completar el escenario, pasaban los miembros del Estado Mayor cargando sus vallas.
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