|
|
 |
 |
Adela Navarro Bello
Insípidos
No hay remedio. Se sienten la mamá de los pollitos sin razón. Sin fundamento y lo peor, sin hechos que los demuestren. José Guadalupe Osuna Millán y Jorge Ramos, son dos candidatos del PAN, uno a Gobernador y el otro a Presidente Municipal de Tijuana, que van de más a menos.
Nada más no aprovechan. No saben, se cierran, se encierran y se achican ante el entorno político electoral de Baja California. Con una situación inédita que les permite hacer campaña prácticamente solos (lo siento por los otros partidos, pero es evidente que no pesan tanto), desaprovechan el tiempo en campañas anquilosadas, tediosas, oficialistas y del pasado.
No han avanzado ni en el quehacer político, ni en la propuesta dinámica. Tampoco en la evolución de las campañas, de la mercadotecnia política o de los tiempos sociales.
Son, en una palabra, insípidos.
No hay otra manera de explicar que aun solos, aun con una disminución en su competencia y con todos los foros a su disposición, los dos en lugar de sumar, hayan restado en las preferencias electorales. Al menos en las encuestas de ZETA, que valga el gol, han sido histórica y estadísticamente, las más precisas al momento de los resultados electorales.
Osuna y Ramos iniciaron una campaña normal. Sin aspavientos ni novedades. Sin modernidad y sin mucho descalabro en la elaboración de sus propuestas. No cambiaron nada en relación a la última campaña de ese nivel llevada a cabo en 2001. Si uno echa una ojeada a las propuestas, son prácticamente las mismas pero revolcadas.
Se concentran más en quitar recursos populistas que francamente en este 2007 y con este nivel de politización de la sociedad, poco o nada aportan. También se esmeran en hacerse de priístas avergonzados de su partido, no por ello dignos ejemplares políticos, acaso mayormente renegados por una suerte de discriminación chambista.
Piensan en razón del árbol y no del bosque.
Resulta inaudito que solos, estén en la posibilidad de perder una elección o ganarla apenas de panzazo, como lo hizo Don Eugenio Elorduy en 2001, con tan sólo el 22 por ciento de la aprobación de los bajacalifornianos (la abstención, pues).
Ni Osuna Millán, ni Ramos Hernández, variaron su campaña cuando el Tribunal Estatal Electoral revocó las candidaturas de sus principales contrincantes (que no los únicos), continuaron con su plan trazado para un entorno y unos personajes que ya no existían. De ahí que su campaña sin contrincante ni se vea, ni se sienta, ni caliente.
Se empeñan en seguir siendo los políticamente correctos en una entidad en la que sobrevive el más fuerte, el más protegido, el que más gasta en razón de su seguridad, el que se va de casa, el que abandona el barco.
Baja California no es una entidad cualquiera, la suma de criterios, el aspecto binacional, el crimen organizado, la mafia, el narco, los partidos, los empresarios y los ciudadanos en general, han hecho de esta tierra un asunto punto y aparte, donde las cosas suceden en características muy distintas a otros estados de la República Mexicana.
Los políticos, sobre todo los panistas, no pueden pues, importar modelos de campaña de la Ciudad de México, o estados donde han sido favorecidos con el voto. Baja California requiere un desarrollo único, acorde a la idiosincrasia de la frontera y a las necesidades de sus residentes. Más a la vanguardia, más cerca de Estados Unidos que de México, más independientes, más fácil.
Pero ni Osuna ni Ramos parecen entender esto. Se dejan llevar por el canto de las sirenas de “expertos” del Distrito Federal, y voces beatas que les ordenan callar para demostrar una altura que está lejos de ser ejemplar.
No se convirtieron en una suerte de hijos desobedientes o de rancheros francotes, los dos casos que los llevaron al triunfo nacional. Se quedaron con la figura del panista pequeño, limitado, callado. Sin novedad.
Solos, sin contrincante, van perdiendo. Van a la baja.
Por insípidos.
Quizá hasta se lo merecen.
|
 |
|
 |