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Comprometida con el arte, no con la farándula

Harta de la televisión comercial, hoy en día Francesca Guillén busca personajes importantes en cine y teatro. Actualmente actúa en “Cada Quien su Frida”, al lado de Ofelia Medina. En noviembre participará en “La Brújula la Lleva el Muerto”, película de Arturo Pons.

Juan Carlos Domínguez

Si bien es una actriz a la que se le ha ubicado dentro de la carrera artística por su participación en telenovelas y películas juveniles -con el sello indeleble de Televisa-, y hasta haber vivido también un episodio dentro del clan Trevi-Andrade, a Francesca Guillén no se le puede medir con el mismo rasero que a sus contemporáneas.

Hace dos años que Francesca no aparece en televisión, se hartó de la pantalla chica y el medio también de ella: “Creo que es necesario dar pasos que parecen dolorosos, pero que a la larga van a ser para mejores cosas; para crecer más”; reflexiona.

Ahora sus intereses están centrados en el teatro y el cine, lo que le da la satisfacción y crecimiento que ya no puede encontrar en una  televisión que no está aportando nada: “Se ha desvirtuado muchísimo, ha dejado de ser un arte; no es más un arte, es una maquila. Se hacen muchas producciones que a lo mejor hacen mucho dinero y en cuestiones financieras seguro que reditúan, pero creo que ya no es prioritario ser un buen actor. Lo que ahorita funciona es algo que ni siquiera puedo describir porque no lo entiendo; no comprendo esa forma. Y no es crítica, pero sí creo que como actores, es muy peligroso el cambio que está teniendo la televisión”.

La joven actriz afirma que hoy está más comprometida con el arte en sí, no con la farándula. No obstante, llegó a ser doloroso enfrentarse a un cambio: “Sí, sí es, porque también pasé muchos años ahí, fueron muchos años de lucha, de intento de pertenencia, porque también busqué eso ¿no? Finalmente podría decir que mi adolescencia la pasé en la televisión”.

La también hija del actor Alejandro Camacho empezó  muy pequeña, pero con una conciencia y sensibilidad que le permitieron no perderse como otros: “Claro, a esa edad uno busca ‘ser parte’. Cuando uno se da cuenta que hay algo por lo que no estás ‘encajando’ en eso, duele, porque siempre es doloroso no encajar en algo, Pero también es darse cuenta de lo que uno sí es, y reconocerse, y decir  ‘¡bueno!, entonces si este no es mi camino, pero éste sí, pues empiezo a caminar hacia allá’”.

Actualmente, Guillén actúa en teatro al lado de Ofelia Medina, en la obra “Cada Quien su Frida”, montaje que se extenderá a varias ciudades de Europa. Al mismo tiempo está haciendo cine, sobre todo apoyando a nuevos valores -directores y guionistas- con propuestas más experimentales. Recientemente incursionó en el cortometraje “La Tercer Orden”, del tijuanense Jorge Siqueiros, y en noviembre estará participando en una coproducción España-México. Se trata de la película “La Brújula la Lleva el Muerto”, de Arturo Pons. Vertientes diferentes mientras muchas de sus compañeras actrices se mantienen trabajando en telenovelas y cine ligero.

“Yo creo que es cosa de cada quién intentar crecer. Hay una cosa muy peligrosa: cuando a uno le funciona por mucho tiempo una misma línea de personaje, en un mismo estilo de trabajo, pues va a ser muy difícil que uno quiera moverse de ahí”, advierte.

“Lo que me pasó a mí, en este momento lo veo como afortunado, pero en aquel entonces lo vi como trágico, que era como ‘ufff… algo me está pasando y yo necesito crecer, necesito evolucionar’”.

Más se le movió el interior a Francesca cuando algunas personas le llegaban a preguntar que si no se sentía estancada con el tipo de personajes que estaba haciendo. Entonces el cambio fue imperativo y se volcó hacia el cine, con el afán de experimentar y dispuesta al riesgo, pero anteponiendo la honestidad actoral: “La televisión ya dejó de pensar en eso, ya no es importante que los actores ensayen, que memoricen sus escenas, que propongan algo, que diferencien un personaje de otro. O sea, no hay arte, es maquila. Me parece muy grave…”.

– Pero dada tu juventud e inexperiencia, ¿nunca te viste envuelta en la frivolidad y glamour del medio artístico?
“¡Nunca lo logré!”, responde riendo, irónica y bromeando. “Nunca logré dejarme atrapar, porque también es un juego que hay gente que sabe jugarlo. Yo nunca lo logré, nunca emboné en eso, no fui educada así. Y no significa que no me guste la parte glamorosa de la carrera, pero la parte glamorosa de la farándula -que es un pleonasmo pero existe- me parece una mentira, me parece un exceso en el que no creo. Creo que el glamour de un artista es muy diferente, ese sí se me antoja muchísimo, pero no este glamour de la felicidad festiva, que no me dice nada. No embono, por más que lo intente, hay algo que me expulsa”.

– ¿Por eso casi tampoco se te ha visto en escándalos?
“Sí, para que eso pase tienes que estar ahí, pero ahora sí que yo nunca estoy en el lugar correcto”, expresa, siempre juguetona y recurriendo al sarcasmo.

“Pero de alguna forma me alegro, porque ¿sabes qué?, creo que el chiste de un artista es ser uno mismo, tener identidad propia. Y esa es mi forma de ser; soy la incomprendida…”, remata con más risas la que también se autocalifica de “intensa y oscurita”.

Francesca ahora tiene mejor perfilado que nunca hacia dónde va su carrera. Transita plena por ella, actuando por un lado con Ofelia Medina, de la que está aprendiendo muchísimo, y con las expectativas puestas en la película que filmará en España, a la que incluso se refiere tiernamente: “Es un cuentito bonito, una historia bonita, y además el resultado de un viaje que hice en un intento por rescatarme como actriz y darme a conocer en otros lugares y sembrar semillitas; y éste es como el frutito que salió de ese viaje. Me siento contenta, no necesariamente para quedarme a vivir en España; el mundo es tan grande que eso es lo que yo quiero, actuar, en donde sea”.

Muy segura de sí, la actriz se muestra modesta cuando se le cuestiona si le gustaría dirigir teatro o cine: “Tal vez yo tendría talento para eso… ahora apenas estoy sabiendo que tengo que caminar para saber cosas”. Aunque de manera informal cuenta que siempre está asesorando a los directores, inquieta a final de cuentas. Como desde chica, cuando se mostraba cuestionadora y beligerante por las escuelas de actuación  por las que pasó.

Y aunque es evidente que Francesca ya está en “otro canal”, no por eso se muestra petulante, cuando todo lo que busca es lo que ya no se da mucho en los actores de hoy en día, donde la creación de un personaje sea lo primordial, lo divertido, lo interesante: “Pero ¿sabes?, al mismo tiempo apenas estoy aprendiendo a caminar como actriz”, concluye.


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