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Sexo sin amor

Conzultoría Matrimonial | Lic. Roberto Bautista López

No siempre se ama a quien se desea, ni se desea a quien se ama. Y esto a veces crea un cierto mal de conciencia y remordimientos. Pero, ¿acaso no se puede disfrutar de la sexualidad sin que haya un compromiso de por medio? Las opiniones son muchas, y tan diferentes, finalmente la opción ha de ser la suya. La problemática del sexo, como fuerza irrefrenable, ha pasado del más severo de los controles a la más bella de las satisfacciones. Muchas veces el camino hacia el sexo es lo más parecido a una carrera de obstáculos, pero esta vez, morales. Y es que a veces parece que el amor da al sexo una especie de cubierta ética que hace que la vida sexual pueda vivirse sin culpas. Esa moralidad está constituida por un conjunto de normas que nos dicta lo que está bien hacer y lo que está mal.

Definitivamente está mal tomar al otro como objeto sexual, nos dictan las convenciones culturales y sociales, inclusive las religiosas. Pero llegado el momento de la intimidad ¿quién podría afirmar si es sujeto u objeto de deseo? ¿No se es, acaso, las dos cosas al mismo tiempo? El deseo por lo que está por venir. Dejarse seducir es un pasaporte a la aventura. Como todo viaje a lo desconocido, implica riesgos y limitaciones a las que todo mundo se expone.

Abandonar el miedo y dejarse conducir por los territorios inexplorados del erotismo, propio y ajeno, es posible tanto entre un matrimonio como entre un hombre y una mujer que se acaban de conocer. El deseo aparece cuando no se conoce lo que está por venir. Se abre un amplio espectro de fantasías a las que se desea llegar. Descubrir el secreto que se esconde debajo de los atuendos cotidianos es una invitación al placer. Es tomarse vacaciones de la realidad, y dar lugar a las fantasías, que son las que inundan la mente.

Cuando se produce un encuentro con una persona desconocida, lo previsible queda absolutamente de lado, nada sabemos de ese otro: sólo que resulta atractivo y provoca ese extraño cosquilleo, esa “extraña sensación”. ¿Quién pude negar la jovialidad que imprime en el ánimo de sentirse deseado por la persona que nos gusta? Se necesita un poco de suspenso, aceptar el desconocimiento de esa “verdad” que será revelada en unos momentos. Esperar con ansias el instante de la revelación, de la experiencia mística de lo extraño.

El juego de las formalidades entre dos personas que no se conocen, pero que se atraen, pone en funcionamiento un sinfín de estrategias; el cuerpo comienza a hablar por sí solo, los gestos, lo que no se dice o lo que se desliza entre las palabras dan la clave de la aceptación. El secreto de lo que cada persona es, queda confinado al ámbito de lo privado y es ese el lugar donde se desatará el combate por el descubrimiento. Y pese a lo maravilloso que pueda resultar el conocerse con otro sólo a través del sexo, nos dejamos conducir por prejuicios sociales y reglas morales, que hay que respetar.

Acaso, ¿no seguimos considerando más elevado “el sexo con amor” y de un modo inferior, “el sexo sin amor”? ¿Será que se continúan considerando como más gratificantes las pasiones comprometidas de las que sólo ponen en juego al cuerpo, al menos en primera instancia? ¿Por qué no podemos pensar que a veces la sexualidad trasciende los límites de lo meramente físico y que nos otorga un goce, de otro orden, tan conmovedor como el éxtasis que provocaría si se involucrara el amor? Vivir un sexo divertido. La sexualidad en la mayoría de las personas es vivida con solemnidad. ¿Por qué? ¿Acaso el placer no aporta felicidad y, como todo lo que nos hace felices, también nos da alegría? Vivir el sexo como algo divertido, es algo que no todas las personas se permiten (qué aburridos). El cuerpo es la primera posesión que cada ser humano tiene desde el momento que nace, la más natural y la más legítima. Por medio de la sexualidad y del uso que se hace de ella, nos estamos haciendo dueños de nosotros mismos.

Después de la llegada de Freud y su invención del psicoanálisis en plena época victoriana, la sexualidad comienza a tomar para el ser humano un ámbito mucho más amplio que el de las grandes convenciones morales o el de los más liberales de los pensamientos. Desde esta mirada no podemos dejar de lado que algo del orden de lo afectivo está en juego en cualquier encuentro, aún en el más fugaz. El cuerpo de cada uno no es sólo un mapa físico, también conlleva todas las sensaciones y vivencias que dan lugar a quienes somos.

Nadie puede pensar que una persona que no está comprometida debe renunciar al placer del sexo. Muchos deciden estar solos. ¿Eso los inhabilita a llevar adelante una vida sexual a la medida de su deseo? Y aunque la soledad no forme parte de una elección, ¿hay que esperar a que aparezca “el príncipe azul” o “la bella durmiente” para mantener relaciones sexuales? Experimentar la calidez que produce el contacto entre dos cuerpos, aunque no sea más que por una noche, puede ser maravilloso y hasta puede resultar una sorpresa inesperada.

¿Quién dice que ese que duerme en este momento a tu lado, no sea la persona que estabas buscando? El miedo al compromiso; otra mirada a la hora de abordar el tema del sexo sin amor puede conducir a preguntarnos por el miedo al compromiso. La noche esconde y oculta una gran variedad de personas que temen ser dominados por otro. El temor a perder la libertad se presenta como uno de los principales impedimentos para formar una pareja.

La responsabilidad de llevar adelante una relación, tanto en ellos como en ellas, los mueve casi al pánico. ¿Qué se esconde detrás de ese miedo, cuál es la libertad que se pierde? ¿Será, paradójicamente, el miedo a poder elegir, a inventar otras maneras de amar? No todo queda reducido al plano de lo psicológico ni se requiere de un psicoanalista para abandonar la soledad. Puede ser que el miedo al compromiso exista; o también es posible que la soledad sea tu mejor compañera. Ni una cosa ni la otra son un dogma. La opción es suya, pero sobre esto, queda mucho por tratar.

Busquen dentro de sí mismos y escojan para ustedes, estimados dos que tres lectores, ustedes son los hacedores de su vida, tomen estas cosas con seriedad pero llenos de alegría y felicidad, sin tanta solemnidad. Gracias como siempre por sus comentarios y consultas, al teléfono 684-9647, fax 684-1889, celular 204-6180 o al e-mail: bautista46@hotmail.com

El Licenciado Roberto Bautista, ejerce su profesión en Tijuana, B.C.

 


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