Adela Navarro Bello
Para Empezar
La hora
A los candidatos al Gobierno del Estado les ha llegado la hora de la propuesta.
Ya es conocido por muchos el nivel de golpes bajos y sucios que son capaces de propinarse unos a otros. Quedó demostrado que más de uno carece de limpieza, integridad y dignidad para enfrentar una contienda electoral de altura.
Es claro que entre anuncios para la televisión, panfletos apócrifos y señalamientos directos sobre conductas estrafalarias, pendientes judiciales y sospechas eternas, no saldrá la mejor propuesta para dirigir los destinos de Baja California por los próximos seis años.
Uno de los aspirantes, el del Partido Revolucionario Institucional, explota incluso su folclórico estilo de vida para llamar la atención, ponderando conductas enfermizas por encima de la capacidad de administrar, la propuesta para la solución a los principales problemas de la entidad, o la seriedad que debe regir a mandatario, amén de la necesidad de una probada y bienaventurada fama pública.
Jorge Hank, es evidente, goza de la justicia electoral. Multan al Partido Acción Nacional por un spot contra él, pero no lo sancionan por un anuncio utilizando un video del narcotráfico. A José Guadalupe Osuna Millán le retiran un espectacular, coincidentemente frente al Hipódromo, porque la autoridad municipal, priísta, se dio cuenta de que el dueño no ha pagado. Además, a los priístas les clausuran, sin previa denuncia, una imprenta que elaboraba panfletos contra Hank.
Es evidente que la guerra sucia no la ganará el PAN. Con todo y los antecedentes del abanderado priísta, como ser el patrón de los asesinos del periodista Héctor Félix Miranda, o que un tiempo fue objeto de investigación en los Estados Unidos e incluso fue encarcelado por contrabando. Ni qué decir de las irregularidades durante los dos años que encabezó el Ayuntamiento.
Si los parámetros para elegir Gobernador fueran quién es el menos golpeado o el de menores sospechas, la situación será harto difícil. Pero en razón que constitucionalmente deben ser votados a partir de sus propuestas, la apología a la extravagancia no es punto a considerar.
Agotado el plazo de campaña, es urgente que los candidatos entren de lleno al debate de las ideas y no del desprestigio. A la comparación de proyectos de estado y no al análisis de las debilidades personales y en ocasiones sicológicas.
El electorado de Baja California merece respeto. Está necesitado de un liderazgo que para la mala fortuna de los gobernados, no se avizora en los aspirantes a suceder a Eugenio Elorduy Walther.
El gravísimo problema de la inseguridad que aqueja a tantos, ha sido tomado de la manera más ligera y superficial. Exponer a quienes hoy ostentan el poder, o pretenden ejercerlo, es tanto como medirse en relación a gobiernos anteriores y no a propuestas de los aspirantes.
La guerra sucia debe terminar. Polarizar los enconos hacia el electorado pondría en riesgo el desarrollo de la elección, sobre todo el cinco de agosto cuando se instalarán las urnas, y se proporcionarán las boletas electorales a quien legalmente le correspondan al mostrar su credencial de elector.
Abonarle al conflicto, al pleito de las masas en defensa de indistintos candidatos, es tan terrible como ofensivo para una sociedad que se precia de estar a la vanguardia en términos de democracia.
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