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Adela Navarro Bello

Abandonados

Los bajacalifornianos corren la mala fortuna de estar en época electoral. Fuera de las terribles campañas no hay más. Bueno, un ejecutado un día sí y otro también. Ésos no fallan mientras la impunidad sea la constante en territorio local.

Pero en el plano de la administración pública, Baja California ha sido abandonada.

Gobernantes, funcionarios y poderes prácticamente han dejado de trabajar bajo un paupérrimo argumento: Todo lo que se haga se considerará electorero.

De esta manera, a la par de que por Ley se prohibió la propaganda gubernamental en radio, televisión y periódicos, también se acabaron las acciones de gobierno. Si antes no se veían debido a la falta de acción de los gobernantes, ahora menos.

Parece ser que los políticos en campaña están transmitiendo una suerte de parálisis gubernamental. Si el Alcalde de cualquier municipio hace algo, inaugura una obra, emprende una campaña o destina fondos para la solución de un problema, rápidamente es acusado de estar haciendo obras electoreras. No le permiten siquiera respirar en un acto de inicio de algo cuando ya le cayeron encima con la crítica.

Igual con el Gobernador. Si da el banderazo de salida para la construcción de un segundo piso en Tijuana, le achacan querer favorecer a los candidatos de su partido.

Total, los gobernantes de Baja California ya no pintan, aun cuando las necesidades de la población apremian.

Hace muchos años, cuando el PRI era gobierno en Baja California (no muy bueno por cierto) la tradición indicaba que una vez nombrado el candidato a Gobernador y los candidatos a Alcaldes, los de facto titulares de esos poderes ya no importaban. Su palabra y sus acciones se ponían a las órdenes de los candidatos, que eran los meros, meros.

Si el candidato decía que pavimentaría equis calle, al siguiente día se hacía realidad. Los hombres y mujeres que debían mantener una relación con el gobierno por cuestiones de negocios o labor social, se dirigían al candidato porque era él y nadie más el que empezaba, desde la campaña, a utilizar el presupuesto y planear el destino del estado o el municipio.

Así fue en el pasado.
Hasta que otro partido distinto del PRI ganó el Gobierno del Estado y las cosas cambiaron. Durante la campaña electoral el Gobernador seguía siendo gobernador, igual los presidentes municipales hasta el último día de su mandato.

Sin embargo, las cosas cambiaron. La desconfianza entre unos y otros, entre priístas y panistas y viceversa, llevó a las autoridades a ir limitando cada vez más las funciones de gobierno durante las épocas electorales. Hasta llegar a estos momentos que prácticamente los gobiernos en Baja California están restringidos por los candidatos para hacer cualquier acción de gobierno en beneficio de los gobernados.

El problema es que ni unos ni otros hacen algo. Si los gobiernos, con presupuesto, mandato y facultades constitucionales para no detener la marcha de la administración pública se reprimen, imaginen ustedes a los candidatos sin presupuesto, sin facultades y obvio sin mandato constitucional. Al final, en medio de ellos, los abandonados bajacalifornianos.

A la desaparición del Gobernador Eugenio Elorduy Walter, y de los cinco alcaldes de Baja California (en actos de gobierno, porque el de Tijuana sale mucho, pero a hacer nada) se le suma la paranoia del Gobierno Federal.


Es un hecho: El Presidente Felipe Calderón Hinojosa, no preparó ni tiene pensada gira alguna a Baja California mientras no haya transcurrido la elección del 5 de agosto. De igual manera los programas federales no salpican a los bajacalifornianos porque no se vaya a pensar que es una cuestión de empeñar el voto.

Una reforma debería hacerse para que los gobiernos en épocas de campaña, continúen laborando como si nada pasara. No está bien que encima de tener que soportar las sandeces de los candidatos a manera de promesas, se queden los ciudadanos sin gobierno. En el limbo. En el abandono.

Así que, Góber, adelante. Igual los Alcaldes. Es increíble pero ante la oferta política electoral, ya se les extraña.
Quién lo dijera.


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