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Oaxaca: miseria e insurrección

De Chiapas se escribieron decenas de libros, cientos de ensayos académicos y miles de artículos y reportajes en prensa tanto escrita como televisiva; fue así como el estado empezó a existir en el mapa de México después de 1994.

Ahora que también Oaxaca pugna por un lugar, artículos y reportajes llenan las páginas de la prensa nacional. Uno de los libros que empieza circular a propósito de la situación oaxaqueña, es “Oaxaca Sitiada. La Primera Insurrección del Siglo XXI”, del reportero Diego Enrique Osorno.

Editada por Grijalbo, la obra es una crónica de lo que sucedía en Oaxaca en mayo y junio de 2006, mientras México centraba su atención en la elección presidencial. Por aquellos meses, Enrique Osorno reporteaba para Milenio y Radio Fórmula “la primera insurrección del Siglo XXI”.

El egresado del posgrado en Información y Guerra de la Universidad Complutense de Madrid logra una edición reveladora donde recopila los hallazgos insurrectos desde el 14 de mayo de 2006 hasta marzo de 2007. En medio de los cruentos zafarranchos, el autor narra y describe con detalle lo que para Televisa y TV Azteca es una nota de uno o dos minutos en sus noticieros.

En el prólogo, Lorenzo Meyer resume la obra como “crónicas de un testigo de la represión autoritaria de un movimiento social largamente generado en una de las ínsulas priístas, y de cómo el atropello fue solapado por los poderes nacionales para proteger a un presidente de derecha, recién llegado y con su elección bajo sospecha.

“Ningún cronista, aunque lo deseara, pude ser imparcial. Al seleccionar los datos para animar su testimonio de entre una cantidad que en la práctica es inabarcable, Diego Osorno ni siquiera pretendió la supuesta neutralidad del periodismo actual. Al contrario, su reconstrucción y explicación en torno a la insurrección oaxaqueña en épocas en que la revolución clásica parece ser ya una utopía, obliga al lector a tomar partido”.

Obviamente, no a favor del anacronismo económico y político que han provocado 78 años de priísmo y caciquismo, sino en pro de “los muchos oaxaqueños que marcharon cuesta arriba en su afán por atraer el apoyo del resto de sus conciudadanos y de instituciones federales”.

La crónica inicia sobre el mega plantón del 22 de mayo de 2006 que se convirtió en lo que días después se conociera como una “rebelión”. Le siguieron seis mega marchas para pedir la destitución del Gobernador Ulises Ruiz. En aquellos días los medios señalaban como principal dirigente al tan citado Flavio Sosa.
“Flavio Sosa era, acaso, el vocero preferido por los medios de comunicación, nunca lideró en forma real”, expone el autor.

Obviamente, si se trata de un “vocero”, es porque existe una fuente de donde provienen las órdenes: “Los verdaderos grupos que dirigieron la APPO fueron unas cuentas organizaciones, entre las que destacan dos que son casi la misma: El Partido Comunista Marxista-Leninista de México (PCMLM) y el Frente Popular Revolucionario (EPR)”. Este último, liderado por Lázaro García Becerra, “uno de los dirigentes verdaderos de la APPO”.

Es probable que como crónica resulte desfasada, y por ende llame más la atención la nota actual. Pero la publicación de Osorno incluye entrevistas con personajes en el mismo lugar de los hechos, líderes sindicales y de organizaciones, caciques oaxaqueños “de origen europeo”, e incluso con personajes de la política nacional, mismos que son el ingrediente periodístico básico. No pueden faltar los personajes más implicados en los hechos, incluyendo al “kaibil” Manuel Moreno Rivas, Director de la Policía Ministerial de Oaxaca. Tampoco escapan las ocurrencias de Ulises Ruiz:

 Y cuando no está aquí, en la capital, ¿dónde despacha?”- pregunta Osorno al Gobernador.

“También he estado inaugurando calles”, contesta.

Otras opiniones tampoco son descartadas:

“¿Por qué no se ha producido una gran movilización nacional en defensa de Oaxaca y su gente agredida, golpeada, vulnerada tan vastamente?”, se pregunta Carlos Monsiváis en este libro.

Por su parte, Lorenzo Meyer trata de desmenuzar el embrollo que parecía “desterrado” después de las presuntas soluciones magisteriales, por lo que acepta que se trata de un fenómeno social más complejo de lo que parece: “Lo que ocurrió en Oaxaca fue una insurrección con agravios mucho más complejos y hondos que la mera reacción de unos maestros agredidos por la policía tan brutal como inepta”.

Lo cierto es que el imaginario colectivo que relaciona a 1810 y 1910 con 2010, es un fantasma de características y pronósticos reservados. El escritor pregunta a Lorenzo Meyer qué es lo que ahora es el equivalente, a lo que el historiador de El Colegio de México responde: “Es la contradicción entre un discurso democrático que incluso llega a tener ciertas realidades, como es el hecho de que el PRI ya no esté en Los Pinos, con una realidad social que tiene todos menos democracia”.
Mientras los gobiernos Federal y Estatal apuestan a que en Oaxaca todo está en orden, los líderes trasnochados de corte “socialista” usan como carnada al mísero pueblo oaxaqueño:
¿Hay una situación prerrevolucionaria en el país, como dicen sus documentos?”, pregunta Osorno a Omar Garibay, líder del autonombrado Partido Comunista Marxista Leninista de México.
“Para nosotros, sí, hay condiciones para avanzar hacia una situación prerrevolucionaria en el país. Oaxaca ya mostró las posibilidades de esta situación”.
¿Y cómo defines a la APPO?”
“Insisto, como un modelo o un ensayo de lo que tenemos que hacer para lograr la revolución socialista en México”.
El Gobierno Federal se toma muy a la ligera los sucesos, argumentando que se trata de un asunto que compete al estado de Oaxaca, al tiempo que Ulises Ruiz sigue encaprichado en la silla estatal. La APPO tendrá como próximos escenarios las elecciones locales de agosto y septiembre. (Enrique Mendoza Hernández/ZETA)


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