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El inexplicable olvido de la víctima del delito
(Primera Parte) Lic. y Mtro. Benigno Licea González
“La injusticia cometida contra uno es una amenaza para todos” (Publio Sirio)
Para que exista un delito ciertamente se requiere del concurso de dos sujetos fundamentales: a saber, el activo del delito (delincuente) y el pasivo del mismo (la víctima).
Hoy parece que el papel protagónico más importante del drama del delito lo es el delincuente, esto no sólo desde el punto de vista de la infalible política de los medios de comunicación más impactantes de la opinión pública. Así por ejemplo, se proyecta su imagen en los medios visuales, son objeto de entrevistas acerca de los métodos o acciones para cometer el o los delitos que se les imputen, algunos, llegan inclusive al grado de ser “leyendas del crimen”, de ellos y en la baja cultura mexicana hasta en "ídolos" se han convertido, son motivo de inspiración para corridos, sobre su carrera delictiva se han escrito múltiples notas no sólo en las secciones rojas de los diarios de mayor circulación, sino que incluso y en un momento determinado, acaparan la atención de los editoriales de semanarios y revistas de análisis.
Si Usted tiene la atención de leer estas líneas y haber sufrido la ignominia de haber sido en alguna ocasión víctima de algún delito, cualquiera que sea, federal o del orden común, calificado como grave o no por la Ley, ¿recuerda muy probablemente el objeto de desatención y por ende, del olvido que sufrió como víctima del mismo?
Con independencia del daño sufrido en el bien jurídicamente tutelado objeto del delito, por ejemplo, su patrimonio, integridad corporal, salud, honra, familia, seguridad, libertad sexual, la vida, si es familiar de alguna persona muerta de manera accidental o dolosa, etc., ¿cómo fue atendido? Cuanto tiempo tardó Usted en presentar su denuncia ante el Ministerio Público del Orden Común o Federal, se le requirió de algunos documentos y requisitos especiales para ello, ¿de qué forma fue atendido por el personal administrativo de las citadas dependencias tomando en consideración que Usted, precisamente, fue la víctima del delito? ¿Acaso de manera pronta y expedita los Agentes de las respectivas policías ministeriales del orden común o federal se entrevistaron con Usted para conocer los pormenores de las incidencias del delito sufrido en su agravio y que les sirvieran de datos para la realización de la investigación y esclarecimiento posterior de tales hechos, así como para la recuperación de objetos e instrumentos del delito, localización y captura del o los presuntos responsables?, ¿le informaron de manera eficiente y puntual dichos servidores públicos o sus superiores jerárquicos, esto es los Agentes del Ministerio Público, cómo se estaba integrando la Averiguación Previa correspondiente y qué medidas se tomaban precautoriamente para asegurarle el pago de la reparación del daño o la restitución de sus derechos?
Si acaso tuvo la suerte de que su asunto se consignara ante el Juez correspondiente, cuántas veces fue atendido e informado por el Agente del Ministerio Público Adscrito de cómo le estaba representando y qué pruebas en su favor había ofrecido para acreditar el cuerpo del delito y la presunta responsabilidad del o los inculpados, porque de acuerdo a la Legislación Penal Mexicana, ¿sabía Usted que el ofendido no es parte en el proceso penal?, hasta el momento en que hemos relatado, igualmente personal de la Procuraduría de los Derechos Humanos le asistió como probablemente pudo haber ocurrido con su victimario, sin dejar de considerar que aquél merece tanto respeto y consideración como el pasivo del delito, sólo que precisamente, él es el delincuente y Usted, algún familiar o amigo, fue la víctima.
Así las cosas, en la sociedad en que vivimos da la impresión de que el delincuente promueve una mayor identificación, un mayor respeto y consideración incluso, por los investigadores de las ciencias penales así como del hombre común. Todos algún día, consciente o inconscientemente hemos concebido la idea de un delito sólo que éste no se concretiza debido a los factores constructivos de la personalidad y de la formación en la educación y principios morales como culturales, por las posibilidades de toda índole como buena salud, armonía familiar, economía, equilibrio psicológico, etc., que inhiben la exteriorización de tales ideas; esa conducta delictiva es propia de la naturaleza del hombre y suele expresarse en actos fallidos como sueños, fantasías y también en “pequeños actos delictivos intrascendentes”; quizá Usted, siendo pequeño, ¿no tomó sin autorización de sus padres algún objeto, un crayón, un borrador o cualquier otro objeto a un compañero de clase?
Lo anterior acarrea una forzosa conclusión: Nadie desea identificarse con la víctima del delito o, en todo caso, tal identificación lo es en grado superlativamente menor. Por razones de temores que la Psicología profunda ha analizado se ve al delincuente como un individuo con arrojo, fuerte, injusto, cruel y que llama poderosamente la atención provocando una atractiva curiosidad. En cambio, la víctima del delito generalmente aparece como débil, sin carácter, sin incentivo, inocua; esto es, que nadie quiere ser torturado, robado, nadie absolutamente, quiere ser víctima de ningún delito.
El hombre, en el mundo actual, se encuentra más impulsado hacia la destrucción que hacia la construcción. Hoy mismo, se hacen guerras en el nombre de la paz y en el nombre de Dios se mantiene al individuo en las profundidades del dogma y en su mismo nombre se atenta contra su inteligencia y dignidad. Si al delito se le identifica normalmente con la violencia y la destrucción, es quizá uno de los motivos por los que el delincuente llama más la atención que su víctima. Lo anterior explica diariamente se victime a los inocentes. Leemos los periódicos, escuchamos la radio o conocemos por conducto de la televisión acerca de un acto delictivo bochornoso y hemos pasado de la indignación, de la capacidad de asombro a la internación de tan nefasta noticia, como si fuera una nota deportiva más.
La omisión de la víctima ha sido perjudicial en primer lugar para la propia víctima, que tanta relevancia había tenido en la etapa de la “venganza privada” donde prevalecía el axioma de “ojo por ojo, diente por diente” o de la etapa “divina” en donde el hombre representaba a Dios y “en su nombre se hacía justicia”. En la misma historia y evolución de la Criminología vemos cómo desde las tesis de César Lombroso el eje fundamental de los estudios lo era el criminal. La víctima, el agraviado por el delito, resultaba siempre por sublime naturaleza “inocente”, como si el delito cometido en su contra fuera una cuestión que “podría pasarle a cualquiera”.
En la actualidad se estudia, clasifica, castiga, protege y se intenta readaptar socialmente, mitigar y humanizar la sanción penal del delincuente. Se ponen a su servicio ciencia y técnica más todos los medios materiales y en ocasiones económicos posibles. La víctima continúa marginada, ahora victimada por el interés más trascendente que motiva el autor del delito.
El licenciado Benigno Licea González, fue Presidente del Colegio de Medicina Legal y Ciencias Forenses Tijuana, A. C., y tiene el grado académico de Maestro en Ciencias Jurídico Penales.
e-mail: liceagb@yahoo.com.mx
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