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Orden

A escasos ocho días que concluya el proceso electoral, el Consejo Estatal Electoral de Baja California se encuentra como desde un principio, sin rumbo en la conducción y arbitraje de lo que muchos han catalogado como las elecciones más competidas en los últimos años.

En efecto, las críticas, señalamientos y opiniones vertidas en torno a este organismo censor del proceso electoral, fueron de menos a más durante las últimas semanas, pues su parcialidad a favor de una de las alianzas, tanto en sus actos proselitistas, como en sus acciones de descalificación en contra de otros partidos, lo han llevado al rechazo ciudadano, abonando al abstencionismo que tanto daña en una elección.

El Consejo Estatal Electoral fue ciudadanizado desde 1994 para darle certeza a las elecciones que pasaban, en aquel tiempo, por una crisis generalizada de credibilidad, y desde entonces este órgano rector ha sido responsable de vigilar el cumplimiento de las disposiciones constitucionales y legales en materia electoral en los comicios locales.

Al inicio de este proceso electoral y en este mismo espacio editorial, se criticó la injerencia de algunos partidos en la conformación de los miembros que integran el nuevo consejo, cuando durante los últimos cuatro procesos electorales, la cuestión partidista había mantenido cierta distancia ante este órgano que en teoría, debe ser ciudadano, pero que en la práctica es todo lo contrario.

Desde un principio, la elección del presidente consejero y el resto de sus integrantes, provocó el desencanto y se comenzó a cuestionar la personalidad de la autoridad electoral.

Todos por igual opinaron en contra y a favor, y el presidente consejero tuvo hacer su propia campaña, cual candidato que busca un cargo de elección, sin haber logrado su propósito.

Hoy por hoy, la elección está en riesgo de que no se decida en las urnas y se judicialice, como ocurrió en 2004 y 2006.

El escenario de animadversión que han creado los dos partidos mayoritarios en el Estado, parece ser el fin de la judicialización del proceso electoral, y que los magistrados fallen por uno u otro partido.

La falta de propuesta de los candidatos, los ha llevado a una confrontación mediática televisiva con descalificaciones y agresiones que rayan en lo grotesco.

Sin embargo, a la hora de ajustar cuentas, el Consejo Estatal Electoral parece que festeja al candidato de su preferencia y sanciona al que considera que no es de su agrado.

Recientemente, al presidente del organismo electoral se le vio en el debate que organizó el Instituto Estatal Electoral en Mexicali, entre los cinco aspirantes a gobernar Baja California.

Mezclado entre la comitiva del candidato de la Alianza para que Vivas Mejor, dio la impresión que era parte del grupo que acompañó a Jorge Hank Rhon.

Nadie puede ni debe ser privado de su credo o ideología al estar consagrado en uno de los artículos de la Constitución Política, pero la prudencia debe privilegiarse en la conducta de un funcionario cuya responsabilidad es ser árbitro en una elección. De paso, también debe poner orden.

Los bajacalifornianos se merecen un final electoral sin sobresaltos, claro y contundente.


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