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Antonioni y Bergman

Gabriela Olivares Torres

Dos grandes del cine, contemporáneos, podría decirse, se fueron esta semana. Primero, el maestro sueco Ingmar Bergman falleció el lunes 30 de julio, a los 89 años de edad. Dos días después, el corazón del célebre italiano Michelangelo Antonioni dejó de latir. Tenía 94 años.

Autores de clásicos como “L'Avventura”, “Blow Up”, “Zabriskie Point”, “Persona”, “Fresas Salvajes” y “Fanny y Alexander”, los dos gigantes de la cinematografía dejaron a los realizadores europeos un vacío imposible de llenar.

Fueron ellos los que exploraron temas de la era moderna, como la fragilidad de las relaciones humanas, la alienación del individuo de la posguerra, la neurosis, la lucha interna entre el bien y el mal, los candados sociales desde la religión, la dificultad de los sentimientos, la incomunicación tan clasemediera.

Ganadores de los máximos honores en los principales festivales del mundo, ambos abrieron caminos para los directores ya desenfadados desde el realismo francés de Clemente, Clair y Rendir, y el neorrealismo al estilo Fellini, De Sica, Visconti y Rossellini.

Vuelto a la fama a partir de la tremenda recepción de “Blow Up” en 1966, Antonioni puso el sello en el sentir de la época rocanrolera del amor libre a través de una historia cuyo misterio no se resuelve.

Michelangelo Antonioni había nacido un 29 de septiembre de 1912 en Ferrara. Era economista. Tenía más de diez años en los que sólo pronunciaba unas cuantas palabras a causa de una embolia que había padecido a los 82 años de edad. Seguía creando imágenes.

Bergman permaneció como el recluso que fue, en una isla frente a Suecia. En 2003 había decidido retirarse tras el estreno de “Saraband”, película hecha para la televisión de su país de origen, estelarizada por la estrella noruega Liv Ullmann, que actuó en nueve filmes del cineasta y con quien sostuvo una relación de cinco años, cuyo resultado fue una hija.

Entre sus producciones más memorables se recuerda “El Séptimo Sello”, “Cries and Whispers”, que fue nominada a Mejor Película en Lengua Extranjera para recibir de Óscar y “Fanny y Alexander”, que sí le dio la presea hollywoodense en 1982.

El director del Festival de Cannes, Pilles Jacob, consideró a Bergman como “el último de los grandes, porque él demostró que el cine puede ser tan profundo como la literatura”.

Ingmar Bergman nació un 14 de julio de 1918 en Uppsala. Los primeros años que moldearon su extraordinaria perspectiva se conservan a detalle en la autobiografía “La Linterna Mágica”.


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