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El caimán que emergió en Blancarte

El maestro fue reconocido por el Centro Cultural Tijuana en el marco del XXV Aniversario. El artista plástico sugirió: “Es muy importante que el CECUT comience a abrirse un poco más…”.

Enrique Mendoza Hernández

“Qué bueno que el CECUT comience a abrirse otra vez a las expresiones de Tijuana. Está más cerrado ahora que lo que estuvo en la época de Pedro Ochoa o Alfredo Álvarez. Se ha cerrado al no abrirse a las tendencias nuevas”, dijo el artista plástico en ocasión al homenaje en el que fue distinguido por parte del Centro Cultural Tijuana (CECUT), el pasado viernes 27 de julio.

El CECUT ha planeado un buen pretexto intitulado Reconociéndonos, en el que busca distinguir a los artistas que han tenido un significado especial en el primer cuarto de siglo del organismo. Blancarte fue precisamente el primer festejado.

Durante su homenaje, afortunadamente al creador no le ganó la docilidad en la cual muchos prefieren esconderse para seguir gozando de sus prerrogativas institucionales. Blancarte no tuvo empacho al afirmar sanamente, en frente de la propia Directora del CECUT, Licenciada Teresa Vicencio Álvarez, mientras ésta disimulaba la referencia:

“Es muy importante que el CECUT comience a abrirse un poco más, veo que hay mucho artista en Baja California. Tan claro está que el Museo de Arte Contemporáneo de San Diego ha puesto los ojos en un lugar excepcional para ellos. No es un reclamo al CECUT, pienso que el CECUT lleva sus reglas muy definidas, pero los ojos de San Diego hacia acá son más fuertes que los ojos de aquí.
“No es un mal comentario, es un comentario sano, para todos”, aclaró a los oportunistas que pudieran hacer su fuego del árbol caído, en tanto el público en general avaló con aplausos las opiniones de Blancarte.
“Posiblemente se comience a abrir nuevamente el CECUT a las nuevas inquietudes contemporáneas que están pasando en el arte local”, agregó.
Y es que, comúnmente, el reconocimiento del arte local viene después de que del otro lado del cerco fijan su atención, tal como fue la reciente exposición Strange New World/Extraño Nuevo Mundo: Arte y Diseño de Tijuana, en la que 41 artistas tijuanenses dieron a conocer sus obras en la capital estadounidense y en San Diego.
“Estamos en un lugar excepcional, pero los artistas estamos, no relegados, sino que no se ha llegado a que las instituciones de aquí vean la importancia que merece el arte de Tijuana. No saben el tesoro que tienen”, dijo a ZETA el artista.

El maestro destaca

El CECUT había anunciado una “charla” del Maestro Álvaro Blancarte, quien hablaría de “su experiencia como creador y formador de generaciones de artistas en los últimos 25 años”. Sin embargo, en sus anuncios y boletines no especificaba que se trataría de un homenaje.
De hecho, quienes se dirigían hacia la Sala de Usos Múltiples acudían con la incógnita sobre el evento. Tal vez por eso la concurrencia apenas y alcanzó una treintena de asistentes.
Ya en el presidium y camuflado con su ya tradicional pantalón de mezclilla azul y camisa del mismo color, pero más tenue, el caimán acechaba apacible desde sus anteojos redondos. Estuvo acompañado del Licenciado Pedro Ochoa Palacio, Agregado Cultural del Consulado de México en San Diego y el abogado Marcos Ramírez “Erre”, quienes también fueron mencionados por la titular del CECUT.
En su momento, la Directora otorgó a Blancarte un “reconocimiento como parte fundamental del desarrollo cultural y de las artes plásticas en la región”.
Por su parte, el ex Director del Centro, Pedro Ochoa, celebró que con este tipo de actos la institución esté reencontrándose con quienes han sido parte de la historia tanto del Centro, como del arte y la cultura regionales.

“Este importante esfuerzo que está haciendo el CECUT para conmemorar el 25 Aniversario, es muy admirable, porque una institución como ésta debe de preservar y enriquecer los valores que le han ido dando identidad al paso del tiempo, entre muchísimos otros, la contribución de Álvaro Blancarte con el mural Orígenes, que es una de las cosas más importantes que nos han ocurrido”, expresó Ochoa.

El caimán ha sido forjador de artistas en distintas generaciones en Baja California, desde que impartía el Taller de Artes Plásticas en el Centro de Extensión Universitaria de la UABC Campus Tecate, de 1988 a 2003, hasta en la actualidad, que es el motor en la Escuela de Artes del Alma Máter en Tijuana.

“En Tecate mi primer alumno que tuve fue Gabriel Adame”, evocó el ahora catedrático de la Escuela de Artes de la UABC.

El artista plástico Marcos Ramírez “Erre” reconoció a su mentor:
“Hay personas que le enseñan a uno, negándole o diciéndole a uno la verdad. Hay otras personas que nos regalan la oportunidad de encontrarnos a nosotros mismos por nuestros propios medios. Es lo que le agradezco a Álvaro Blancarte”.

Es muy reconocida la amabilidad y sencillez del maestro. Marta Palau resaltó:

“Álvaro Blancarte ha sido un gran maestro, un gran compañero, un hombre cariñoso que siempre trata a sus alumnos como sus compañeros”.

Así nació el caimán

Culiacán lo vio nacer en 1934. Entonces destacaba la artesanía popular, ollas de barro y demás utensilios. A Álvaro le llamaba la atención aquel mundo de las plazas y mercados donde abundaban tales.

“Ante las evidencias de una habilidad, cuando tiene 10 años, su padre hace construir para él un horno para la cocción de sus esculturas de barro”, cuenta el desaparecido poeta Eduardo Arellano en su ensayo “Las Instancias de la Revelación” incluido en el título “Álvaro Blancarte”, editado por el CECUT y el Gobierno del Estado de Sinaloa en 2003.

“Pese a la ausencia de una tradición plástica en la región, la artesanía popular y prehispánica, particularmente las figuras y ollas de barro que encuentra en plazas, mercados y colecciones, llama fuertemente su atención”.

Durante su participación, Pedro Ochoa confesó cómo Álvaro tuvo sus primeros coqueteos con el arte en sí:
“Álvaro Blancarte se acerca al arte a través de las cajetillas de cerillos”, dijo.

En la edición del CECUT, Arellano coincide: El “ingenio y la industria populares, fungen como una referencia diversa y complementaria para sus primeras figuraciones”.

En la década de los 40 y 50, los campiranos sinaloenses también vivían de las bondades del algodón. Fue en los fills sinaloenses donde “Blancarte encuentra su primer empleo formal clasificando algodón”, cuenta Ochoa.

“Un trabajo que uno pensaría: ¿Qué hace Blancarte en tal? Pues dice: ‘Lo que pasa es que ahí hay que saber que hay distintas clases de algodón’. El algodón sólo se reconoce a través del tacto. Pero había algo en Blancarte: No estaba satisfecho a pesar del buen ingreso que le dejaba ser clasificador de algodón en Sinaloa”.

Pero el fantasma del arte plasmado en las cajetillas de cerillos rondaba la cabeza del catador algodonero:
“Las cajetillas de cerillos le han sembrado una larva, una inquietud que no va a tardar en aflorar, pero que en ese momento empieza a luchar, por un lado el clasificador de algodón y por otro el artista”.

Y desde los algodonales, un caimán emergió en Blancarte:
“De pronto este huevecillo revienta y sale un caimán que va devorando poco a poco al clasificador de algodón, y este caimán es el que vive ahora en Blancarte”, revela Ochoa.

“Le avisa a su familia: ‘He decidido empezar a tomar clases de escultura en la Universidad Autónoma de Sinaloa para seguir los pasos del maestro Erasto Cortés Juárez’. Su familia se sorprende y le preguntan una cosa muy sencilla: ‘¿Y de qué vamos a vivir ahora si te dedicas al arte?’. Él contestó confiado en el destino del caimán: ‘De lo que más me gusta hacer: De las artes’”.

En el panorama nacional

Después de que decidiera seguir los pasos de Erasto Cortés a los 25 años, todo lo que sigue después es una vida fructífera para plástica no de Sinaloa o Baja California, sino que se convierte en una referencia obligada de las artes visuales en México.

En 1964, empezó a exhibir su obra en Colectiva de Pintores Sinaloenses, en el Instituto Mexicano-Norteamericano de Relaciones Culturales en la Ciudad de México. Desde entonces ha participado en por lo menos 21 colectivas.

Sus exhibiciones individuales iniciaron en 1979, en la Galería José María Velasco del Instituto Nacional de Bellas Artes en el Distrito Federal. Le siguieron otras cuatro también en la capital y otra más en 1986 en Culiacán, Sinaloa.

“En 1986 llegué a Baja California. Traía una carta de recomendación del Gobierno de Sinaloa, para el Director del  CECUT, carta que en realidad no entregué porque en realidad mi misión no era venirme al CECUT, no me interesaba porque yo no sabía ni lo que significaba Tijuana en ese tiempo. Decidí promover mi obra en San Diego”.

Para que su obra fuera reconocida en Baja California, primero tuvo que cruzar la frontera. Fue en 1988 cuando expuso su propuesta visual en la Galería La Casa del Arte, de La Jolla, California.

En 1989, la Galería de la Ciudad de Mexicali puso atención al artista. De un total de 14 individuales, destacan los títulos Orígenes y Más en el CECUT, en 1990; Diez de Blancarte en la Galería Espacio Norte de la UABC Campus Tecate, en 1998.

Asimismo, Las Argucias del Caimán en 1999 y Barroco Profundo en 2002, en Tijuana y Tecate, respectivamente.

Su obra también abarca siete murales por el mundo: Multiplicación del Espíritu Zapatista y Homenaje a Nabor Carrillo, ambos en el edificio de la Comisión del Lago de Texcoco en San Juan de Aragón de la Ciudad de México, en 1980; Los Hombres Rojos del Cuchumá, en el Centro de Extensión Universitaria de la UABC en Tecate, en 1990. América Unida por el Arte en Panamá, en 1993; Medicina Azteca en Gaza, Palestina, en 1994 y El Diálogo de los Coyotes, en San Diego.

Pero Tijuana también ha sido testigo de la versión muralista de Blancarte. En 1992 fue invitado por el entonces Director del CECUT, Licenciado Pedro Ochoa Palacio, para que se uniera al festejo por el X Aniversario de esa institución federal. En ese año plasmó Orígenes, en el vestíbulo de la Sala de Espectáculos del Centro. Se trata de una obra de 2.70 por 36 metros: Colores acrílicos sobre morteros encolados y coloreados sobre tela y madera, donde el artista discurre sobre el origen de la interpretación del nacimiento del hombre según los Kumiais.

“He querido rendirle un homenaje al desierto con esta obra”, dice Blancarte.

“He querido encontrarme con los orígenes californianos y lo he aprendido directamente de los indios, me lo han platicado”, agrega.

– ¿Qué puede decirnos después de este homenaje?, abordó ZETA al artista.
“Es un reconocimiento en lo personal muy importante, que una institución como el CECUT piense que yo tengo una labor hecha más o menos importante dentro de lo que es la plástica en Baja California. El reconocimiento se me hace un halago”.

– Después de 25 años del CECUT, ¿cómo considera han evolucionado la plástica y el CECUT?
“Siento que hay un cambio radical; antes había una plástica muy dispersa. Estaba Varrona, Almada, Serrano. Era muy reducido el número de artistas plásticos, y muy poco conocidos porque no había quién, ni cómo ni a dónde se pudiera hacer algo (exposición o conferencia). La apertura del CECUT fue un parte aguas; en el inicio mucha gente pensó que iba a ser un elefante blanco. El señor Pataky empezó a meterle cierta energía con exposiciones de México y otras partes, pero la idea básicamente del CECUT no era esa.
“Pedro Ochoa entra a la dirección y se abre un poco más a la gente de Tijuana, criticado porque se piensa que se abre demasiado”, complementa.

– ¿Cuál ha sido el papel de Blancarte en su formación de artistas?
“Para mí, intentar enseñar es alimentarme a mí mismo, alimentar el conocimiento del que no conoce y poderle dar algo, porque lo que le pueda dar yo puede ser muy importante, pero también me están dando algo que ni siquiera había pensado”.

– ¿Y qué puede decirnos de la Escuela de Artes, en la cual contribuye en la profesionalización de los estudiantes de la Licenciatura de Artes Plásticas?
“Hay una intención dentro de la carrera (de Artes Plásticas) de formar artistas; el artista se va formando individualmente con el conocimiento que se le va dando. Lo que se les está dando son armas tanto teóricas como prácticas a la posibilidad a que alguien con inquietudes artísticas pueda proyectar lo que quiere. Se está profesionalizando mucho dentro de la carrera al artista, que no sea un ignorante, se les está dando mucha teoría, a leer muchísimos libros, es una carrera tan pesada como la medicina.

“Era necesario que se hiciera una Escuela de este tipo, el estado lo merece, ya basta de que el pretendiente de artista se vaya a San Carlos, a la Esmeralda, aquí se pude hacer lo mismo. Con el tiempo se puede hacer una buena y magnífica Escuela.

“La Bienal de Arte Contemporáneo de Tijuana en la UABC, para mí es un resultado de lo que la Escuela de Artes puede dar, no es una maravilla pero es de muy buena calidad para el poco tiempo que tiene la Escuela”, concluye Blancarte.


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