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La responsabilidad del voto
Juzticia | Gerardo Dávila Infante
Los bajacalifornianos somos un Estado electorero que queremos aprender política en los cursillos que significan los periodos de campaña, olvidándonos en el resto de los ejercicios gubernamentales de la teoría y la práctica de nuestros deberes cívicos, y de ahí nuestras deficiencias y nuestra irresponsabilidad al votar, y también al no votar, ahí se va.
La soberbia de Osuna y la excentricidad de Hank son los contendientes fuertes a la gubernatura. Los demás, aunque tengan cualidades sobresalientes, carecen de la estructura electoral que les garantice la promoción y el cuidado del voto.
En el PRD Jesús Ruiz Uribe como dirigente no fue capaz de retener a Carlos Mejía, a Carlos Atilano y a Arturo González Cruz, desdeñando la personalidad de Ricardo Parra Montes y el activismo de Martha Patricia Ramírez. De Ruiz Uribe puedo decir que fue un excelente diputado local, digno representante de la izquierda, pero que al regresar a la dirigencia estatal decayó sustancialmente su capacidad de convocatoria y consecuentemente el liderazgo estuvo ausente.
En esta ocasión los políticos “standars” (de cambios) estuvieron a la orden del día en las campañas: Catalino Zavala se fue del PRD a Convergencia y de ahí al PRI, y lo mismo hizo Xicoténcatl Palafox en Ensenada, del PRD se fue al PRI. En Tijuana, Antonio Cano Medina del PRI se fue al PAN, Arturo González Cruz primero se fue del PRI al PRD y en esta ocasión se fue al PAN. Carlos Mejía, siendo regidor del PRD declaró su preferencia y adhesión al PRI, y Carlos Atilano Peña, habiendo sido candidato a la presidencia municipal de Tijuana por el PRD, hoy se fue para el PAN.
Todos estos movimientos restan credibilidad a la política que desarrollan los partidos y confunden a la ciudadanía, ya que se crea la incertidumbre de si las ideologías de los partidos cambiaron, o sólo cambiaron los intereses personales de algunos de sus miembros, pero lo cierto es que se evidencia la fragilidad de los principios políticos, por lo menos, de los mutantes.
Como en otras ocasiones, el cinismo escandaloso de diputados locales y federales, senadores, etc., quienes formal y legalmente son funcionarios de todos los ciudadanos y que a todos deben respeto e imparcialidad, hoy repiten sus acciones indebidas de incorporarse a las campañas de sus partidos en horas de trabajo, defraudando su promesa constitucional y demostrando que la Ley y la ciudadanía son lo que menos les interesa.
La euforia de sentir el triunfo, aunque sólo sea imaginario, sentir que somos muchos, que tenemos la fuerza y que vamos a ganar, nos hace olvidar las grandes desilusiones que han provocado tradicionalmente los ganadores, quienes al asumir los cargos nombran en los puestos claves a auténticos enemigos de la ciudadanía, de la democracia y de la justicia, tristes crudas que fácilmente olvidamos con la euforia de la música grupera, y si se puede, con alguna o algunas ambarinas.
En Tijuana preocupó al PAN y al PRD el relevo de Fernando Del Monte por Jorge Astiazarán, y realmente el PRI se sacó de la manga a un gallo, pues si bien es cierto que Del Monte no tiene la cultura ni la preparación de Jaime Martínez Veloz, tiene sobrada experiencia en comunicación y además “está informado de lo que acontece en Tijuana”. Y en lo que respecta a Jorge Ramos, me da la impresión que en la elección anterior el Gobernador Elourdy lo impuso al PAN para que fuera candidato, y hoy ya no es una imposición sino una obsesión de Ramos y de un grupo del PAN que quieren recuperar la chamba y reiniciar sus proyectos personales.
Todos los que podemos votar se supone que tenemos ese derecho porque somos mexicanos y reunimos los requisitos para hacerlo, así es que hagámoslo con responsabilidad haciendo a un lado las descalificaciones insultantes, y simplemente utilizando el sentido común preponderando la educación, la justicia y la seguridad, pero sobre todo la honestidad y la responsabilidad.
Gerardo Dávila Infante, ejerce su profesión en Tijuana, B. C.
Correo: lic_g_davila@hotmail.com
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