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Adela Navarro Bello

Negociación

El domingo 5 de agosto, la única negociación en el proceso electoral será entre cada ciudadano con capacidad de votar, y su conciencia.

Mucho se ha especulado, por el nivel candente de la campaña finalizada el miércoles 1 de agosto, una elección negociada.

No es extraño escuchar en estos días, argumentos de una “negociación” a favor del Partido Revolucionario Institucional. Los noveles analistas políticos más generosos, reparten el poder. Arguyen será una y una. Equis número de presidencias municipales a cambio de la gubernatura del estado. Y los más frívolos le adicionan el pase directo de la reforma fiscal presentada por el Presidente Felipe Calderón a la Cámara de Diputados.

La negociación de un resultado electoral no debe ser viable. La forma de evitarlo: En la medida de la votación estará el margen de negociación para partidos, institutos o tribunales. Porque es un hecho: La democracia, independientemente de los resultados, no se negocia.

Muchos candidatos y partidos han buscado en los últimos días comprar la intención del voto. Han regalado dinero, alimentos, artículos, incluso conciertos musicales y bebidas. Se han escuchado voces solicitando números de credenciales federales para votar, firma de compromisos y entrega hasta de permisos a cambio de la voluntad política.

Algunos ciudadanos habrían accedido a este tipo de canonjías, pero nada ni nadie vigilará u obligará dentro de la mampara de votación la confirmación de un voto comprado. El derecho a elegir de manera individual el sentido del sufragio para determinar los destinos de Baja California, no puede ser comprado ni empeñado. Lo sucedido dentro del espacio cubierto para ejercer el derecho al voto, es exclusivo de cada votante y su conciencia.

Determinar la razón del sufragio en base a la experiencia, a la expectativa de desarrollo en esta entidad, a la propuesta y a las ideas por encima del dinero, el remedio momentáneo o el deslumbramiento de un estadio eterno de fiesta y deficiencia.

Los próximos seis años de gobierno en Baja California se definirán el domingo 5 de agosto. Es necesario pues, una votación vasta para no dejar duda de los resultados de la elección. Para no abrir margen a una negociación apócrifa del futuro de los bajacalifornianos en voces lejanas a la representación del grueso de los electores.

La estadística no favorece. En 2001, apenas una treintena del cien por ciento con capacidad de votar acudió a las urnas. El triunfo del partido hoy en el poder, lo definieron unos cuantos en lugar de las mayorías. En México, ante la ausencia de figuras como la segunda vuelta o más del 50 por ciento de votación, el 30 fue suficiente para encumbrar a un hombre a Gobernador.

No hubo duda entonces, como la puede haber ahora, de los resultados de una elección. Nunca en la historia de Baja California se había dado una campaña como la concluida hace unos días. Sucia hasta el hartazgo, a todas luces rebasada en sus topes de campaña, y muy indignante para el ciudadano en busca de oportunidades.

Estas características suponen un escenario distinto al de hace seis años. La férrea competencia, el señalamiento, la acusación y los intentos varios de compra de votos, podrían confundir a los electores. Nublar la visión del futuro por una complacencia inmediata y de corta duración.

Es necesaria la participación de todos. De quienes están en las casillas a través de una entrada puntual y ordenada. De los votantes para acudir a la urna por encima de diversiones y prácticas ajenas a la democracia. De las autoridades electorales para, por primera vez, erigirse en una institución neutral respetando el derecho de los ciudadanos a ser escuchados a través del sufragio. De los partidos políticos en desempeñarse con madurez democrática. Y de los candidatos a desenvolverse, aunque no lo acostumbren, con una actitud republicana.

El Gobierno del Estado, las cinco Presidencias Municipales y los 25 escaños en el Congreso local, son los cargos más representativos e importantes de la administración pública, de ahí la necesidad de razonar, de tener la visión hacia el futuro de Baja California. De votar.

La única negociación en este proceso electoral, culminará el domingo cinco de agosto, cuando el ciudadano marque en la boleta electoral su compromiso y su destino.
No hay más.


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