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Para la historia

Hay temporadas en las que transcurren los 162 juegos del calendario regular, y ninguna marca ofensiva, defensiva o de pitcheo sobresale. Sin embargo, durante el fin de semana, se consiguieron tres hazañas del beisbol de Grandes Ligas.

Rafael S. González Martínez

Hay temporadas del beisbol de Grandes Ligas que pasan sin que suceda nada extraordinario.

Es decir, transcurren los 162 juegos del calendario regular, y ninguna marca ofensiva, defensiva o de pitcheo sobresale. Más claro, no hay bateador que consiga más de 56 juegos de manera consecutiva dando de hit; tampoco hay quienes al finalizar, rebasen el promedio de .400, la barrera de los 250 hits o conecten más de 73 jonrones.

En cuanto a los lanzadores, muy pocos consiguen un juego perfecto, sin hit ni carrera, 20 triunfos, 250 ponches o permiten menos de dos carreras limpias por nueve entradas. Cada vez son menos los que consiguen ese tipo de hazañas. Sin embargo, hay marcas, récord o milestones que sí son alcanzables.
En 1998, los aficionados fueron testigos de la famosa persecución de jonrones entre Mark McGwire y Sammy Sosa, o la cantidad de juegos consecutivos de Cal Ripken Jr.

Pues bien, este 2007, tres peloteros que han marcado época en el beisbol actual vuelven a aparecer en los primeros planos. Con unos días de distancia, Barry Bonds, Alex Rodríguez y Tom Glavine lograron entrar a la inmortalidad de Major League.

En un fin de semana de proezas, Bonds consiguió el jonrón número 755, Rodríguez conectó su número 500 y Glavine se convirtió en el vigésimo tercer lanzador que gana 300 partidos.

Bonds igualó el récord histórico de jonrones, alcanzando así en el sitio de honor al legendario pelotero Hank Aaron, quien fue dueño de la marca por más de 30 años. El jardinero izquierdo de San Francisco Giants conectó el batazo de cuatro esquinas en su primer turno al bate, abriendo la segunda entrada ante el lanzador de San Diego Padres, Clay Hensley.


El comisionado de las Grandes Ligas, Bud Selig, se puso de pie y colocó las manos en los bolsillos mientras la familia de Bonds se abrazaba y chocaba las palmas en señal de triunfo. Cuando Bonds cruzó el plato, alzó a su hijo Nikolai, el bat boy de Giants.  

Cientos de cámaras recogieron el histórico momento, pero quizás la más privilegiada fue la de su compañero de equipo, el campocorto venezolano Omar Vizquel, quien grabó cada segundo desde el dogout de la escuadra visitante.
“La mecánica funcionó por fin”, dijo Bonds al final del partido, refiriéndose a la manera en que hizo contacto con la pelota. “Es como decirle a mi familia que estoy volviendo a casa”, afirmó cuando se le preguntó qué sintió al igualar la marca de Aaron.

“No importa lo que piense alguien sobre la controversia alrededor de este suceso. El logro del señor Bonds es notable”, manifestó Selig en un comunicado.

El comisionado señaló que él o un representante asistirán a los próximos juegos de San Francisco “en señal de respeto por la tradición de este juego, la magnitud del récord y el hecho de que todos los ciudadanos en este país son inocentes mientras no se demuestre lo contrario”.

Como es del conocimiento, el toletero de 43 años ha sido sujeto de sospechas sobre el consumo de esteroides durante años, y algunos aficionados han cuestionado su búsqueda del récord.

Bonds recibió pasaportes en sus siguientes tres turnos y dejó el juego en el octavo episodio por un corredor emergente. Se quitó el casco y recibió una ovación por parte de los aficionados de Giants.


Al día siguiente no jugó en San Diego, pero en el segundo partido ante Washington Nationals en San Francisco, Bonds conectó un lanzamiento de Mike Bacsik, para el histórico 756.

“Muchas gracias. Tengo que agradecerles a todos, a los aficionados de aquí, de San Francisco. Ha sido fantástico”, dijo Bonds poco después de pisar el plato. A su lado estaba su padrino, Willie Mays.

 

“Tengo que agradecer a mis compañeros. Durante todo esto ustedes han sido fuertes y me han dado todo el apoyo que necesito, y nunca olvidaré esto mientras viva”.

Tras agradecer también a sus hijos, señaló: “Me complace haber hecho esto antes de que ustedes fueran a la escuela”.

El toletero dirigió también palabras de agradecimiento a los Nationals y a su padre, el ex beisbolista Bobby Bonds.

Por su parte, el mismo sábado 4, “A-Rod”,  conectó su cuadrangular 500, ocho días después de que celebrara su trigésimo segundo cumpleaños. Superando a Jimmie Foxx (32 años, 338 días cuando conectó su jonrón 500) como el pelotero más joven en la historia de Major League en alcanzar el hito. A-Rod es el número 22 en llegar a esta marca, el segundo esta temporada después de Frank Thomas. Y se produjo en su partido número mil 855. Solamente dos jugadores requirieron menos encuentros para llegar a esa marca: Mark McGwire (1.639) y Babe Ruth (1.740).

Además, Rodríguez se convirtió en el tercer jugador en lograr la marca vistiendo el uniforme de Yankees, y segundo en hacerlo en el Bronx. Babe Ruth bateó su jonrón 500 en Cleveland el 11 de agosto de 1929, mientras Mickey Mantle lo hizo en el Bronx ante Baltimore el 14 de mayo de 1967.
Al día siguiente, el zurdo lanzador Tom Glavine, de 41 años, se erigió como el vigésimo tercer  lanzador con 300 victorias, y en el primero desde que su ex compañero, Greg Maddux, alcanzó la proeza en 2004, cuando jugaba con Cubs. Además, es apenas el quinto zurdo con 300 triunfos.

Glavine tiene la quinta mayor cantidad de victorias entre zurdos y la sexta mayor cantidad de victorias en la Liga Nacional desde 1900. Estuvo en 10 equipos Todos Estrellas, ganó dos premios Cy Young y tiene cinco temporadas de 20 victorias.

El común denominador de los mejores lanzadores de todos los tiempos es durabilidad: Glavine nunca ha estado en la lista de lesionados. Tuvo por lo menos 25 aperturas en 19 temporadas consecutivas; sólo Greg Maddux, con 20, tiene una racha más larga en la historia.

De esta manera, este trío de peloteros han escrito un espacio en la historia de Grandes Ligas. Y lo mejor es que siguen activos.

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