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Hasta siempre…
Ernesto Alonso fue considerado el productor y director más prolífero de las telenovelas mexicanas. El gremio artístico le dio el último adiós con muestras de cariño y gratitud. Deja un enorme legado.
Juan Carlos Domínguez
Las telenovelas mexicanas son uno de nuestros orgullos nacionales. En muchas partes del orbe, México es conocido más que nada por los melodramas de Televisa. Es el género que contribuyó a convertir en todo un imperio a la empresa de los Azcárraga. Atrás de todo ello está la mano, y cabeza, de Ernesto Alonso, “El Señor Telenovela”.
Tras un largo padecimiento, el actor, director y productor falleció la madrugada del 7 de agosto, víctima de una bronconeumonía. Después de haber permanecido varios días hospitalizado, decidió regresar a su casa en Polanco, para despedirse de cada uno de sus familiares y de sus más allegadas amistades del medio artístico.
Fue un funeral diferente el de Ernesto Alonso. Si bien hubo pesar, no se manifestaron grandes muestras de dolor. La razón es que fue un personaje que, a decir de todo el gremio actoral, vivió siempre tan alegre y la existencia fue tan generosa con él, que están seguros de que Alonso partió pleno de este mundo. Ya él lo habría dicho en alguna ocasión: “No le tengo miedo a la muerte ni ahora, ni cuando fui joven. Nacemos para morir y lo veo como algo natural. No digo que deseo que venga, porque disfruto de la vida, de la gente que quiero y de mi familia”.
Muchos dicen que Don Ernesto simplemente se fue “a otra fiesta”, que allá los estará esperando. Muy devoto de los ángeles, él estaba convencido de una trascendencia: “Absolutamente. Si no, ¿cómo darle explicación a esta creación maravillosa de la que formamos parte? No creo que estemos en este mundo porque sí, debe haber algo más…”.
“Todos le deben algo”
Ernesto Alonso nació en Aguascalientes un 28 de febrero de 1917. Estudió teatro en Bellas Artes y debutó a los 20 años al lado de grandes del género, como Rodolfo Usigli, Xavier Villaurrutia y Salvador Novo.
Se inició en cine en 1942, con la película “Historia de un Gran Amor”, nada menos que junto a Jorge Negrete y Gloria Marín. Durante los años 40s y 50s tuvo una actividad intensa dentro de la Época de Oro del Cine Mexicano. Especialmente inolvidable es su rol protagónico en “Ensayo de un Crimen” (1955), dirigida por Luis Buñuel y al lado de la actriz Miroslava, quien poco después se suicidara, convirtiéndose en un mito. En 1959, el dueño de Televicentro le aseguró que como actor su trayectoria no sería larga, por ello le sugirió que se convirtiera en productor, y así, en 1960, realizó la primer telenovela, “El Otro”, sin imaginarse que era la punta de lanza de una carrera por demás prolífera: “Fue una profecía de Don Emilio…”.
Ernesto murió a los 90 años, precisamente en este 2007 en que se estarán celebrando 50 años de telenovelas en México.
Ernesto Alonso siempre llevó una vida alejada del reflector público. Durante su época de galán de cine se dijo que sostuvo varios romances con actrices, pero de la única de la que él habló fue de Andrea Palma, “…es una huella muy importante en mi vida”. Nunca se casó y prefirió adoptar dos hijos, Juan Diego y Lupita, esta última fallecida en un accidente automovilístico.
Hacedor de estrellas, “El Señor Telenovela” siempre contó con el agradecimiento de decenas de actores a los que les dio la primera oportunidad o les proyectó aún más en su carrera. Pero más que ello, desde siempre cultivó mucho afecto entre todo el gremio. Desde estrellas de Hollywood y del cine nacional, como Jorge Negrete, María Félix, María Conesa, la Hermanas Blanch, Miroslava y Luis Buñuel; hasta personalidades del mundo intelectual como Jorge Cuesta, Diego Rivera, Frida Kahlo y Elías Nandino pueden contarse entre sus grandes amistades. Ni qué decir entre los actores de sus telenovelas, todos refieren como dichosa la experiencia de trabajar con él. “Para mí la amistad es el sentimiento más grande…”, habría dicho Ernesto Alonso, y ahora, mientras le dan su último adiós, sus amigos actores lo refrendan. Silvia Pinal: “Le aprendí a ser generosa. Ernesto dio amor, comprensión, amistad, era una persona dadivosa. Por este hombre sí vale la pena llorar”. Victoria Rufo: “Fue una gente muy dichosa”.
Talina Fernández: “Va a haber mucha producción allá arriba, mi Marianita lo va a recibir allá…”. Eduardo Yañez: “Todos le deben algo. Es una leyenda”. Daniela Castro: “No se ha ido y nunca se irá”. José Bustos: “Siempre tuvo una gran lealtad para con la empresa”. Leticia Calderón: “El mejor consejo que me dio fue divertirme, nunca pasarla mal y tomar todo con buen sentido del humor”.
Carmen Salinas: “Para mí siempre fue como un padre porque en los momentos más tristes de mi vida le rezaba al Señor de las Maravillas por mi hijo Pedrito…”. Carmen Montejo: “Estoy muy consternada, ya tengo más amigos allá arriba que acá”.
“No se ha ido”
Ernesto Alonso participó en 50 películas, entre las que se pueden mencionar: “Coronación”, “Ensayo de un Crimen”, “Reportaje”, “Los Olvidados” y “México de mis Amores”.
Y produjo alrededor de 150 telenovelas: “Muchacha Italiana Viene a Casarse”, “El Derecho de Nacer”, “Bodas de Odio”, “Victoria”, “El Precio de la Fama”, “Laberinto de Pasión”, “Amarte es mi Pecado” y “Barrera de Amor”. Ahí se gestaron grandes estrellas de nuestra televisión, como Verónica Castro, Lucía Méndez, Jacqueline Andere, Leticia Calderón, Yadhira Carrillo, Angélica María, Daniela Castro y tantas otras.
Igualmente fue precursor de las telenovelas históricas, todas ellas con una factura impecable: “La Antorcha Encendida”, “El Vuelo del Águila”, “Senda de Gloria”, “Maximiliano y Carlota”. Su carrera como actor la retomó con fuerza al escenificar, en 1983, “El Maleficio”, explotando el género de terror en telenovela y haciendo de “Enrique de Martino” un personaje memorable.
El cuerpo de Ernesto Alonso fue cremado, una parte de sus restos depositados en la Parroquia de San Antonio en la colonia Nápoles del Distrito Federal, y la otra parte en la Rotonda de los Hombres Ilustres, en su natal Aguascalientes. El miércoles 8 de agosto se le hizo un homenaje póstumo en la Plaza de las Estrellas de Televisa, el último adiós en la que por décadas fue su segunda casa, aunque como diría él mismo - a propósito de la muerte de su amiga María Félix- en base al legado personal y profesional que deja: “Para mí la gente que se fue, no se ha ido”.
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