J. Jesús Blancornelas
Mercedes y Paco
Vestido de satín o tafeta. De una pieza. Hasta abajo de la rodilla. Poquito entallado. No escotado. Manga corta. Un collar de cuentas negruzcas y pardas. Haciendo juego con pulsera en la muñeca izquierda. Boquita muy bien pintada. Rojo carmesí. Cejas y pestañas con un toque más negro de lo normal. Sombreados los párpados de oscuro. Peinado alto al frente y trenzado atrás. Brillando de limpio y con un par de moños blancos.
Así estaba Mercedes, revuelta entre las prostitutas. Casi todas con el maquillaje pasado de mano. Escote como pista para el aterrizaje de miradas cochambrosas. Falda abierta hasta el muslo. Cigarro entre los dedos y trago “cuba-libre” en la otra mano. Taconazo alto resaltando chamorro y cadera. Comunistas sexuales: Para ellas no había clase entre los hombres.
Esos son mis recuerdos de la película “Salón México” cuando terminaban los años cuarentas. En el famoso cabaret había una permanente humareda por tanta fumada. Los hombres bien trajeados. Saco cruzado. Ala ancha. La mayoría con sombrero de fieltro. Corbata. Infaltables bigotes. Grueso y azabache como el de Pedro Armendáriz. O finitos al estilo de Emilio Tuero o José Luis Armengol. Unos en busca de la satisfacción. Otros empujados por el trago a la tentación. Y lo extraordinario, “cinturitas” vigilando a “sus mujeres”. Necios. Sin perderles el paso “fichando”,bailando y trabajando horizontalmente. No faltaban los desarrapados. Lejos de buscar el amor vendido y muy cerca del trago. Carne para el robo y los policías.
Marga López protagonizó con excelencia a Mercedes. Se metió al “Salón México” para sostener en una escuela de categoría a su hermana Beatriz, encarnada por Silvia Derbez. Pero en el cabaret se encontró con Paco, padrote muy bien caracterizado por Rodolfo Acosta. Era un artista brillante, excelente, pero naturalito para papeles de maldito. Le ayudaban cara y desplantes. Pelo envaselinado y bigote finamente recortado. Si la película hubiera tenido olor debería sentirse el penetrante de su loción. Traje negro con rayas grises. Hombreras anchas. Chaleco. Corbata de bolitas. Pantalón con el corte “pachuco”. Zapatos tan puntiagudos como bien boleados.
Paco explotaba a Mercedes. Se acoplaban tan bien para bailar hasta ser los mejores en eso del danzón. Participaban en concursos y eran la atracción. Le quitaba el dinero ganado con premios y “clientes”. La trataba a purititas maldiciones y tremendas zurras. Cuando eso sucedía, dueño de cabaret, cantineros y policías “se hacían de la vista gorda”.Le tenían mucho miedo a Paco y poca lástima a Mercedes. En fin, “Salón México” de 1948 es una de las mejores películas en la historia mexicana. Entre la ternura y la brutalidad. Escandalosa y musical. Espejo de la perversión y nobleza. Melodrama puro.
En Alemania, un millón 200 mil hombres se acuestan diariamente con 400 mil prostitutas. Cada una sirve a tres “clientes”por jornada. De cualquier forma son muchos billetes. Y las estadísticas impresionan. Seis o siete de 10 de ellas son extranjeras con residencia ilegal.
Sobre la ley alemana hay detalles curiosos. Está prohibido rentar habitaciones para “hacer el amor” y vender preservativos. Pero la necesidad se impuso al reglamento. Ni siquiera lo han modificado. Antes se practicaba la prostitución a escondidas. Ahora las mujeres se ofrecen elegantes en sitios de postín. Pero las más caminan día y noche en las afueras de las ciudades, a orilla de carretera. No ponen condiciones. Depende del “cliente”. En su auto o algún hotel cercano.
Los políticos alemanes decidieron cambiar el rostro de la prostitución. Darle a las meretrices categoría de trabajadoras. Aclarándoles. No convertir el sexo-servicio en profesión. Pero eso sí: Dueños de cabaretes, burdeles o las damas “independientes” deberán inscribirse en el régimen de seguridad social para protegerlas. Garantizarles un sueldo en caso de enfermedad o desempleo. Hasta jubilación. Naturalmente a todo derecho hay una obligación. Las prostitutas pagarían impuesto a cambio de un registro. Eso les permitiría beneficios y hasta denunciar penalmente a clientes malapaga o exigente de indebidas prácticas. También evitar algún “Paco”al estilo de “Salón México”.
Leí hace meses en el diario español “El País”: El Sindicato Internacional de Trabajadoras del Sexo ya funciona en Londres. Pertenecen a la GMB, algo así como la CTM. Inmediatamente exigieron mejores sueldos. Horario regular. Clases de autodefensa. Asesoría legal contra clientes y patrones fastidiosos. Consejeros antes, durante y después del retiro. Aparte, los líderes inscribieron a bailarinas, masajistas eróticas, trabajadoras de juguetes y artilugios sexuales y hasta telefonistas de “placer por llamada”.
En Yokohama, Japón, hubo una reunión internacional a fines de 2001. Primero decidieron condenar y enfrentarse a la explotación sexual de los niños. Hizo cabeza el Fondo Internacional de las Naciones Unidas para Ayuda de la Infancia (UNICEF). Aparte, denunciaron con hechos cómo seguidamente jovencitas nigerianas están siendo vendidas. Muchas entre 10 y 12 ocasiones durante el infame viaje desde su país hasta Italia donde son muy bien cotizadas.
En México existen organismos dedicados a la organización y protección de las prostitutas. De orientación principalmente para evitar males contagiosos. También defendiendo derechos humanos. De cuando en vez las vendedoras de amor son víctimas de las redadas estruendosamente publicitadas. Pero siempre en claro un valor entendido y presión para pagar “su cuota”a los policías. También las toman como pretexto apresándolas durante las campañas políticas. Luego al inicio o fin de los gobiernos. Todo termina en multas. Dinero fácil para el gobierno y difícil de ganar para ellas. Por eso en México nunca funcionarán organizaciones como en Europa. De momento es imposible. Políticos, gobernantes y policías hacen el papel de “Paco” frente a Mercedes en “Salón México”.
Escrito tomado de la colección “Conversaciones Privadas” y publicado el 4 de junio de 2002; propiedad de Jesús Blancornelas.
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