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Honor a quien honor merece: Dr. Karchmer…
Mi Punto de Vista | Martín Aguilar
Reconocer los méritos ajenos es siempre un gesto de honestidad, pero cuando se trata de antecesores, de hombres guía, de líderes, cuya presencia no representa un elemento de presión en orden alguno, es un deber moral elemental.
Sin embargo, reconocer los méritos del Dr. Samuel Karchmer no es difícil, al contrario, se convierte en un compromiso fácil, ya que su amplio quehacer profesional y su misma personalidad son reconocidos y conocidos por todo aquel que hace de su mundo la medicina; para otros, posiblemente se vuelva una tarea compleja ya que lo fácil se hace difícil cuando se trata de elaborar la semblanza de un hombre que es querido, apreciado y admirado por sus amigos, alumnos, colegas y pacientes, esto, sin caer en la ponderación falsa al no apreciar en su justa dimensión la trascendencia de sus logros. Intentar proyectar la radiografía de un hombre no es sencillo cuando ese hombre ha tallado su vida en múltiples facetas y se requiere, entonces, de enfoques muy variados; por fortuna, con todo y la diversidad de sus acciones, el hombre de quien hoy escribo, conserva una sorprendente unidad de vida.
Al intentar hacer un recuento de los hechos, el emérito doctor Samuel Karchmer hace más fácil que se dibujan con nitidez varios perfiles; antes que ninguno, el del médico enamorado de su profesión en cuerpo y espíritu. Hace más de 50 años que obtuvo su título profesional de Medico en la Universidad Nacional Autónoma de México y, a su regreso de Canadá, en donde realizó estudios de postgrado, compartió su aprendizaje en el Hospital de Ginecoobstetricia Número Uno del Instituto Mexicano del Seguro Social. Fue en ese incipiente hospital-escuela donde se formó, dio sus primeros pasos, planteó sus objetivos vitales y avanzó con decisión y firmeza hacia la consecución de los logros que hoy se ponderan. Ahí realizó varios cursos de la especialidad y finalmente la residencia universitaria. Alcanzó, a temprana edad, la titularidad de una Jefatura de Departamento Clínico y, simultáneamente a sus estudios, obtuvo en forma sucesiva los grados de Maestro y de Doctor en Ciencias Médicas por la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México. La cima de su dinámico trance en ese centro hospitalario lo representa, sin duda, la creación del Departamento de Investigación en Medicina Perinatal, primero en su género en el país, reducto en el que logra conjuntar a científicos de diversas disciplinas cuya labor resulta inédita y copiosa, deriva en el reconocimiento local y, en muchos sentidos, representa la inserción de México en el contexto científico internacional de dicha área.
Su máxima realización, como él mismo la pondera, es “su” tránsito de 17 años por el Instituto Nacional de Perinatología, al cual llega como director general. En ese entonces, la institución carece de recursos e iniciativas, adolece de pacientes y de realizaciones. La estructuran muchos sueños, la significan la frustración y los antagonismos. La misión no es nada sencilla, se precisa talento y humildad, audacia y disciplina, trabajo y ejemplo, fortaleza y sensibilidad. Con su vasta experiencia enfrenta el presente y, así, en una primera fase, realiza un diagnóstico, prohíja voluntades, adhiere simpatías, inserta a la institución en el ámbito de los Institutos Nacionales de Salud, estructura un grupo de privilegio y propicia recursos pero, sobre todo, infunde en el grupo la mística del trabajo colectivo y de identidad institucional. La segunda fase es mejor conocida, ya que imprime un gran dinamismo asistencial, desarrolla una auténtica escuela y cultiva la investigación. Destacan por su inserción en el contexto universal contemporáneo el desarrollo de unidades de reproducción asistida, primera y única Institución gubernamental en el que se realizan estos procedimientos, poniéndolos al alcance del pueblo mexicano, así como también introduce el diagnóstico prenatal y neurología perinatal. La cúspide, por inusual en nuestro medio, con la que culmina su exitoso trance, lo constituye la edificación de una torre, equipada como la que más, consagrada exclusivamente a los propósitos de la investigación del cual llega a ser Director. Constructor visionario y tesonero, pese a la oposición de algunos, a la incomprensión de muchos y a los múltiples reveses, hizo surgir a golpes de constancia una institución modelo, conocida actualmente como la época de oro del Instituto Nacional de Perinatología. Los reconocimientos nacionales e internacionales a su titánica labor son de sobra conocidos y han de trascender por generaciones.
No debe destacarse menos en esta faceta profesional, su quehacer como médico, la dedicada entrega que ha profesado a sus pacientes privadas y que también le han deparado resonantes éxitos; cabe señalar en este renglón, que el derrotero de las distintas instituciones privadas por las que ha transitado se ha visto impactado por su pujante personalidad. El perfil académico del doctor Karchmer es aún más amplio y, como es natural, corre paralelo a su desempeño profesional. Como educador, escala todos los peldaños, desde ayudante de profesor hasta titular de la cátedra de ginecología y obstetricia y de medicina perinatal. Como científico se incorpora a todas las agrupaciones médicas de la especialidad y unánimemente las acaba presidiendo. Destaca particularmente su gestión en el Consejo de la Especialidad en la que descentraliza la práctica de los exámenes y triplica el número de especialistas certificados y en la Federación Mexicana de Ginecología y Obstetricia en la que propicia una administración moderna, sustentada en la reorganización. Como investigador, diseña líneas de interés prioritario, publica 521 artículos en diferentes revistas tanto nacionales como extranjeras y 35 artículos publicados en libros, dicta un sinnúmero de conferencias y contribuye a la edición de distintas publicaciones periódicas. Como funcionario público, a la par de su cargo institucional, representa a México en distintos foros internacionales. Ha desempeñado más de 800 actividades en comisiones, congresos y reuniones científicas tanto nacionales como extranjeras, destacando en este último renglón invitaciones a Colombia, Chile, Venezuela, Ecuador, Honduras, Republica Dominicana, Cuba, Perú, Paraguay, Guatemala, Uruguay, Costa Rica, Rusia, España, Estados Unidos, sólo por mencionar algunos. Es por sus méritos que es admitido en el seno de la Academia Nacional de Medicina, que preside el entonces X Congreso Mexicano de la Especialidad y recibe múltiples reconocimientos nacionales e internacionales y es así como obtiene el grado de Doctor Honoris Causa de la universidad de Santa Cruz, Bolivia, así mismo el Consejo Municipal de la ciudad de San Salvador lo declara ciudadano honorario por su noble labor a favor de la solidaridad humana. Ha representado a la Secretaría de Salud de México ante la Organización Mundial de la Salud en Ginebra, Suiza. El Ministro de salud en representación del Presidente de la República de Panamá le otorga la Condecoración nacional en el Grado de Comendador en reconocimiento a su apoyo a favor de la gineceo-obstetricia panameña.
También ha recibido distintas condecoraciones en la República de Honduras, República Dominicana por sus servicios prestados a la Humanidad y en México ha recibido múltiples premios y reconocimientos por su entrega, profesionalismo y humanismo en diferentes estados. Es profesor titular del curso de especialización en Ginecología y Obstetricia en la UNAM desde 1983 a la fecha. Es jefe de la división de Ginecología y Obstetricia del Hospital Ángeles de Las Lomas desde 1999 a la fecha. Esto es sólo por mencionar algunos de los múltiples reconocimientos y cargos que ha ocupado y ocupa.
Sin desestimar ninguno de estos logros y atributos es, sin embargo, el perfil del doctor Karchmer como Maestro, el rostro más subyugante de su personalidad, el que cautiva a propios y extraños, el que impregna indeleblemente a sus educandos; en él se funden sus dotes de persona y de médico, de académico y de administrador. Recio en el trato e intenso en el fondo, vive educando, contagia entusiasmo, domina sus retos, renueva sus metas, supera reveses, educa viviendo, vive con pasión.
En esta radiografía, siempre incompleta, es necesario, además, destacar sus cualidades personales como esposo, padre y abuelo; su familia le ha otorgado el privilegio de vivir una vida plena de la que, justo es decirlo, se debe sentir profundamente satisfecho. Justo también es destacar la labor importante que ha llevado a cabo su amada esposa la señora Susana de Karchmer. Ella ha caminado de la mano del maestro y puedo decir sin temor a equivocarme que ha sido su fuente de inspiración, junto a sus cuatro hijos que le ha dado y sus 10 nietos que los hacen verdaderamente felices y completos, dignos de imitar.
Luchador de gran firmeza en sus convicciones que defiende con palabra y obra, susceptible como humano a los errores, profesionista exitoso, detractor de los intereses creados, enemigo de las rutinas. Nada, pues, tiene de extraño que haya despertado en su vida reacciones encontradas. Pero en respuesta él puede exhibir su obra irrefutable; sus aportaciones a favor de la salud de nuestras mujeres y de la moderna educación de nuestros jóvenes, han proyectado a la ginecología y obstetricia mexicana más allá de nuestras fronteras y han logrado la admiración de propios y el respeto de sus opositores circunstanciales.
También ha ido más allá de la medicina, pues en el aspecto humano, como persona, les ha trasmitido a muchos la mística institucional y la filosofía del trabajo y del progreso, de la superación constante, de huir de la mediocridad, de buscar siempre la excelencia, que la felicidad no es hacer lo que uno disfruta sino más bien disfrutar lo que uno hace. Su filosofía del éxito estriba en decidirse a triunfar arriesgándolo todo o sentarse a ver el paso de los triunfadores, y que el Instituto Nacional de Perinatología sólo forma generales, no forma soldados. Privilegiados son y han sido entonces sus discípulos.
Martín Aguilar fue juez en Mexicali, B.C.
Correo: jmao13@hotmail.com
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