Circo
Casi 800 mil votos efectivos divididos entre los cinco candidatos a la gubernatura del Estado, quiere el PRI anular de la noche a la mañana, sólo porque la mayoría de los electores decidieron no otorgarle la confianza a su candidato.
Después de tres días de sospechosa ausencia, los directivos de ese partido se decidieron a salir a dar la cara a los medios de comunicación, sólo para anunciar que no reconocían los resultados de la jornada electoral del domingo 5 de agosto, y estar dispuestos a pedir que se anule la elección.
Pero apenas habían cerrado oficialmente las casillas, el presidente del Comité Directivo Estatal del tricolor y otros priístas se apresuraron para convocar a una conferencia de prensa donde daban a conocer que ya había nuevo gobernador en la persona de Jorge Hank Rhon. Evidentemente aquí no funcionó aquel viejo refrán que dice “el que madruga, Dios lo ayuda”.
En efecto, el clásico y recurrente “madruguete” acuñado dentro de las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y aplicado entre ellos mismos, se fue desvaneciendo en la medida que se fue alimentando de información el Programa de Programa de Resultados Electorales Preliminares, el famoso PREP.
Los primeros números no le favorecieron al PRI y a sus partidos en alianza, y así continuó hasta el martes 7 que se suspendió el programa contratado ex profeso por el Consejo Estatal Electoral (CEE).
Cincuenta y cuatro mil votos de diferencia entre el candidato del Partido Acción Nacional, Nueva Alianza-Encuentro Social, José Guadalupe Osuna Millán y el del PRI-PVEM-PEBC, Jorge Hank Rhon, no son suficientes para que los priístas reconozcan públicamente su derrota.
Pero lo más grave es que no reconozcan el resultado adverso, sino que ahora exijan que se anule la elección y todavía se atreven a decir que están dispuestos a que el dueño del Hipódromo sea nuevamente su candidato, cuando la derrota es clara y contundente.
Y es que ya entre algunos candidatos perdedores del mismo instituto político, acusan a Hank Rhon de ser el causante de sus derrotas y lo que ahora les importa es sacar adelante su candidatura mediante el conteo voto por voto, descartando una remota anulación.
No quieren un desgaste antes de que concluyan oficialmente la revisión de la elección, ni tampoco que los resultados se definan en los tribunales electorales como sucedió en 2004 y 2006.
Los dirigentes del PRI le apuestan ahora al descrédito de las instituciones electorales, cuando antes las defendió a capa y espada. Le apuestan a sembrar entre la población bajacaliforniana y la del país entero, la duda de los resultados.
La estrategia que han seguido hasta ahora es más parecida a un circo. El tibio apoyo que han recibido los tricolores de su dirigencia nacional y los partidos que se coaligaron es muy claro y parece que los han dejado solos.
Los bajacalifornianos y sobre todo los electores merecen respeto.
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